Para llevar a cabo una transición energética hacia las renovables y cumplir con sus objetivos climáticos, Europa tiene un serio problema de espacio: hacen falta miles de hectáreas de paneles solares, pero el suelo agrícola es sagrado y los bosques son intocables. Así que Alemania ha puesto en esos lagos artificiales originados a partir de antiguas minas y graveras para convertirlos en parques solares. Y ha empezado en la gravera de Starnberg, en Baviera.
Un lago que parece de ciencia ficción. La imagen es impactante cuanto menos: 2.500 paneles solares flotantes dispuestos totalmente en vertical formando pasillos en el agua. Aprovechar un espacio originado de la actividad industrial para montar un parque fotovoltaico de 1,87 MW suena a win-win, pero es que esconde más ventajas.
Por qué es importante. La disposición de las placas en vertical las tiene mirando al este y al oeste, de modo que trabajan complementando la configuración estándar (cuyo pico es el mediodía): están a tope al amanecer y al anochecer, justo cuando la red más lo necesita. Y ya está dando sus frutos: la planta de grava ha dejado de comprar entre el 60% y 70% de la electricidad que necesita.
Algo que llama la atención a simple vista es que no están dispuestas ocupando todo el lago, sino que solo cubre el 4,6% de la superficie, bastante por debajo del 15% de la Ley de Recursos Hídricos germana. La idea es dejar pasar la luz y el oxígeno. Es cierto que la flora y la fauna tiene ahí unas moles artificiales que han aparecido de la noche a la mañana, pero han observado que están usándose para refugiarse y anidar.
Los riesgos de estar a la intemperie. Por su disposición, estos paneles son un caramelito ante eventuales vendavales, algo que la empresa SINN Power ha solventado con una tecnología patentada llamada Skipp-Float que, en pocas palabras, consiste en una quilla bajo el agua de 1,6 metros para mantener la estabilidad, como si fuera un velero donde los paneles son las velas. En cuanto al uso y disfrute de la fauna, habrá que ver qué pasa con la eficiencia con el paso del tiempo y la suciedad inherente de estar en la intemperie y expuestas a residuos de animales.
Primero, los lagos. Después, el mar. Hay que tener en cuenta que esto no es una prueba piloto sino una inauguración en toda regla de una tecnología que, según la empresa, está dando tan buenos resultados que ya se plantea la escalabilidad: primero con una segunda fase para duplicar la potencia y después dar el salto a mar abierto, donde las condiciones son más duras. En China de hecho ya está haciendo a gran escala.
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