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¿Cuándo seremos capaces de matar la gasolina como combustible para nuestros coches?

¿Cuándo seremos capaces de matar la gasolina como combustible para nuestros coches?
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Hoy vamos a plantear en qué situación se encuentran los coches de gasolina, en un término amplio en el que englobaremos a todos los coches de motor de combustión interna que hoy en día son los convencionales, y en qué situación se encuentran las alternativas que se postulan para el futuro como sus sustitutas.

Las dos alternativas que más potencial tienen de ser las mayoritarias en los coches del futuro pasan ambas por la electricidad. Nos referimos a los coches eléctricos de batería y a los coches eléctricos de pila de combustible de hidrógeno, aunque entre tanto podría haber otros combustibles que durante un tiempo también podrían ser empleados, no descartemos nada.

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No podemos pretender utilizar gasolina eternamente

Por mucho que algunos puedan pensar que esto es una exageración, es la pura realidad: no podemos pretender utilizar gasolina, y gasóleo, eternamente. Y no podemos por un hecho muy simple: gasolina y gasóleo se obtienen del petróleo, y este es un recurso que existe de manera limitada en el planeta.

De hecho llevamos ya varios años en los que el consumo de petróleo es algo superior que la producción. Hace unas semanas conocíamos el informe correspondiente al año 2013. El conocido como peak oil, cénit de producción de petróleo, no era una entelequia, sino una realidad que puede haber comenzado ya en el año 2006 (aunque hay autores que lo niegan).

Pero además el consumo de petróleo, por el consumo de sus derivados como la gasolina y el gasóleo, no va a hacer más que crecer, pues hay varios países con una población enorme, como China, algo más de 1300 millones de personas, e India, algo más de 1200 millones de personas, que van a ir progresando y demandando cada vez más energía, para sus industrias o para sus ciudadanos.

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No estamos diciendo que el petróleo, o la gasolina, o el gasóleo, se vayan a acabar mañana, no, habrá para varias décadas, pero en un escenario de mayor demanda, y apenas mayor oferta, los precios serán cada vez más altos, e incluso prohibitivos, por lo que no se debe ignorar la necesidad de ir buscando alternativas ya, para estar preparados para mañana.

Si además estamos hablando de un planeta con cada vez más población, que se estima que podrá llegar hasta los 9000 millones de habitantes, y como hemos dicho cada vez mayor demanda de energía, que se debe atender con unos recursos finitos, se debe, se tiene que pensar en sistemas y tecnologías de transporte cada vez más eficientes, es decir, que consuman menos energía para hacer lo mismo.

Aunque pueda resultar chocante a algunos, hay que considerar que a escala humana, la energía es finita, pues nuestro planeta, el sistema del que podemos extraer energía, o bien recursos para obtener energía, es finito.

Vamos a explicarlo mejor con un ejemplo: en la escala de tiempo de los seres humanos, podríamos decir que el sol es eterno (no lo es, como ninguna estrella, pero nuestra civilización lo más probable es que no conozca su ocaso y fin). Y podríamos decir por tanto que la radiación solar que recibe el planeta es infinita, pues cada día vuelve a salir el sol, y cada día podemos aprovechar esa energía, sin embargo no son infinitos los recursos que tenemos en La Tierra para fabricar paneles solares que transformen esa radiación solar en energía eléctrica que podamos aprovechar.

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El gas puede ser un punto intermedio

Más allá de la gasolina y del gasóleo, disponemos de otros combustibles alternativos como los gases, como el GLP, gas licuado del petróleo, y el GNV, gas natural vehicular, tanto comprimido como licuado (GNC o GNL, respectivamente). En ambos casos seguimos hablando de combustibles fósiles que generan emisiones de CO₂, un tema que tampoco deberíamos obviar, y que también son finitos.

Se puede salvar en parte el gas natural, en esencia metano, que puede obtenerse de manera renovable, claro que no de manera gratuita, pues requiere consumir energía primero, o bien se puede obtener de desechos orgánicos, como los excrementos de reses, y paciencia para su aprovechamiento. Tanto en el GLP como en el GNV no terminamos de deshacernos por completo de la gasolina, ya que los coches siguen necesitándola, aunque sea muy poco, para ciertos momentos, como por ejemplo el arranque en frío.

El GNV es un combustible en parte prometedor, sobre todo para cierto tipo de vehículos, los más pesados y que requieran más autonomía, como por ejemplo camiones y autocares, en los que la electricidad, al menos ahora mismo, tiene menos sentido, por lo enormes y pesadas que tendrían que ser las baterías.

Los biocombustibles podrían ser otro

Los biocombustibles, como el bioetanol o el biodiésel también podrían postularse como alternativas a la gasolina y gasóleo convencionales, y al igual que el gas, se pueden seguir utilizando los motores de combustión interna actuales. Sin embargo para empezar estos tampoco nos permitirían deshacernos de la gasolina o del gasóleo del todo, pues todavía parte del biocarburante, aunque sea una fracción pequeña (un 15%, por ejemplo), es gasolina o gasóleo de origen petróleo.

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Pero además hay problemas con la tasa de retorno energético, que en según qué casos puede ser negativa (gastar más energía para obtenerlo que la que luego nos devuelve), y con la duda ética de si el suelo cultivable disponible debe utilizarse para cultivar combustible en lugar de para cultivar alimentos, que serán cada vez más necesarios en un planeta con cada vez más población, tal y como comentábamos antes. Por ocupación de suelo, requiere mucha menos superficie el ocuparlo con paneles solares (termoléctricos) que con cultivos para biocarburantes.

Los proyectos de biocombustibles a partir de microalgas podrían ser prometedores, en principo la tasa de retorno energético de estos es mejor que para los cultivos, y no requerirían ocupar tanta extensión de suelo, ni suelos cultivables. Todavía hay que investigar en este campo.

Lo que sucede es que igualmente no terminaríamos cambiando a un nuevo modelo de automóvil de cero emisiones locales (aunque en principio sí de cero emisiones globales), ni más eficiente, pues seguiríamos usando los motores de combustión interna que son de bajo rendimiento, aproximadamente entre la tercera y cuarta parte que un motor eléctrico.

El camino hacia la electricidad ya ha comenzado hace tiempo, y es difícil que se vaya a parar. Lo vemos con las soluciones intermedias como los coches híbridos y los coches híbridos enchufables, que combinan un motor de combustión con un motor eléctrico con batería: cada vez hay más modelos, de cada vez más marcas, cada vez más asequibles y cada vez se venden más. Son una solución para ya mismo, sin cambiar nuestros hábitos, para consumir menos y generar también menos emisiones.

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Los coches eléctricos son los más eficientes

Lo que realmente hará que acabemos con la gasolina es la electricidad. Estos no dependen para nada del petróleo, si no queremos. Además los coches eléctricos son los más eficientes porque son los que consumen menos energía para hacer kilómetros, incluso considerando todas las pérdidas que puede haber en la generación, transporte y recarga. Un coche eléctrico de tamaño medio, "del pozo a la rueda" (con todas las pérdidas) viene a consumir unos 28 a 30 kWh/100 km, mientras que un coche de gasolina similar viene a consumir unos 66 a 68 kWh/100 km. Es algo menos de la mitad de energía.

Y además, con un sistema eléctrico compensado, donde haya bastantes energías renovables, y menos energías fósiles, los coches eléctricos son también los de menores emisiones contaminantes. En España por ejemplo, en 2013 el 42% de la electricidad que consumimos se generó con energías renovables, no hablamos de conceptos irrealizables.

No es menor este asunto, pues a nivel global las emisiones de CO₂ descontroladas, pero no solo estas, parece que aumentan el efecto invernadero, que a su vez aumenta la temperatura media del planeta, la cual provocará un cambio climático severo y un posible aumento del nivel del agua del mar, con riesgo para múltiples poblaciones y pérdida de biodiversidad. Un coche eléctrico en España viene a tener unas emisiones del pozo a la rueda de unos 44 g/km, mientras que un coche diésel similar, del pozo a la rueda, de unos 100 g/km.

El coche eléctrico al menos es una realidad, aunque a día de hoy tenga todavía ciertas limitaciones, de autonomía, de infraestructura de recarga y de velocidad de recarga. Son retos que hay que superar, pero que no son infranqueables. Aún con todo, actualmente ya se puede utilizar un coche 100% eléctrico para el día a día (doy fe como usuario ocasional), siempre que se tenga una plaza de aparcamiento con una toma de recarga, claro.

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Y además un coche eléctrico es un coche de verdad, completo, con el mismo o mejor equipamiento y prestaciones que los coches a los que estamos acostumbrados, y no como otra alternativa que algunos postulan, la de los coches a aire comprimido, que ahora mismo son ruidosos, poco potentes, muy poco prestacionales y sin apenas equipamiento ni comodidades, y que por cierto tampoco son más eficientes que los coches eléctricos.

En un coche, un vehículo no demasiado grande ni pesado, que sea eléctrico es razonable pues las baterías necesarias, aunque pesadas, no son excesivas. Hoy en día ya hay tecnología de baterías con el doble de densidad energética y con el triple de vida útil que las baterías que utilizamos. Solo hay que esperar a que bajen de precio y que los fabricantes las pongan a prueba y comprueben su idoneidad. Y eso por no hablar de otros proyectos todavía más prometedores que podrían llegar a más largo plazo.

Necesitamos eso sí algo de tiempo para que los coches eléctricos bajen de precio y sean realmente competitivos. Por ahora todavía necesitan de ayudas e incentivos para ser atractivos desde un punto de vista económico, pero esto irá desapareciendo a medida que el precio baje, y debería de hacerlo al abaratarse la tecnología y al abaratarse los costes de fabricación al aumentar el volumen de producción.

Ahora mismo uno puede echar números, y según el caso, puede comprobar que un coche eléctrico le sale a cuenta, porque aunque cueste algo más, el inferior coste de mantenimiento y el muy inferior coste de uso, compensan. Sustituir las baterías cuando estas se deterioren se está viendo que tampoco es tan caro como se pensaba al principio, y con las nuevas baterías, que pueden durar alrededor de un millón de kilómetros, esta preocupación desaparecerá. Y esto no es un sueño, hoy ya se vende un coche con una batería así, claro que ahora mismo sigue siendo una tecnología cara para un coche normal de calle.

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El hidrógeno podría ser otra opción

Los coches eléctricos de pila de combustible de hidrógeno también son propuestos por algunos fabricantes, y desde luego tienen el beneplácito de las compañías petroleras. A fin de cuentas con el hidrógeno pasarían de un modelo de negocio de producción de petróleo y venta de gasolina y gasóleo en una estación de servicio, a un modelo de producción de hidrógeno y venta de hidrógeno en una estación de servicio.

Desde luego que aún con hidrógeno, seguiríamos hablando de coches eléctricos, pero como vimos en su día en dos extensos artículos, y aunque tienen ciertas ventajas relativas como la autonomía y la velocidad de repostaje, los coches eléctricos de pila de combustible de hidrógeno tiene varios retos que superar: no son más baratos, ni más eficientes, ni más duraderos, ni menos contaminantes que los coches eléctricos enchufables.

De hecho, aunque tengan ciertas limitaciones, muchas personas están utilizando ya un coche eléctrico cada día, pero no pueden utilizar un coche de hidrógeno. Quizás investigando más y mejorando y abaratando la tecnología, en un futuro las cosas cambien sobre el hidrógeno. Ahora mismo solo sería interesante para cierto tipo de vehículos, sobre todo pesados, pero no para coches.

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¿Cuándo veremos el cambio?

Esto es difícil de decir. Los cambios en el mundo del automóvil se producen despacio y las nuevas tecnologías no se incorporan tan inmediatamente como en otros ámbitos (como en la electrónica de consumo). El desarrollo de un coche desde que empieza a diseñarse hasta que se pone a la venta lleva varios años y se intentan aunar tanto cualidades, como precio y durabilidad.

Los coches híbridos por ejemplo llevan algo más de 15 años aquí, pero todavía no son mayoría. Los coches eléctricos están creciendo más rápido que lo que crecieron en su momento los híbridos.

El punto que podría marcar una inflexión sería la nueva generación de baterías con más autonomía y durabilidad que podríamos ver en modelos nuevos allá por el año 2020 (y que hoy ya se montan en coches eléctricos exclusivos y caros). Con un coche eléctrico razonablemente asequible con una autonomía por encima de 400 km y posibilidad de recarga rápida, muy poca gente encontrará que no le sirve.

Pero aun así, podrían pasar un par de décadas hasta que los coches eléctricos empezaran a venderse en una proporción significativa. Otros factores también podrían acelerar el cambio, como la subida del precio de los carburantes.

En los últimos diez años la gasolina y el gasóleo han aumentado su precio a aproximadamente el doble, en noviembre de 2003 repostar mi coche me suponía pagar algo menos de 70 céntimos de euro el litro de gasóleo, hace unos días reposté a 1,37 euros el litro. Si vuelven a hacerlo de esa manera en los siguientes diez años, imaginemos lo que eso significaría.

Aunque es pronto para decir cuándo seremos capaces de matar la gasolina como combustible para nuestros coches, sí podemos decir que hoy en día ya tenemos coches que pueden funcionar sin utilizar ni una gota de gasolina. Nadie puede predecir el futuro, pero el cambio ya ha comenzado, aunque vaya despacio.

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