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Sony WH-1000XM2, análisis: el auricular perfecto para vivir sin cables (y sin ruido)
Análisis

Sony WH-1000XM2, análisis: el auricular perfecto para vivir sin cables (y sin ruido)

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Cualquiera diría que el tiempo siempre corre en nuestra cuenta. Excepto para la tecnología. Hace casi un año de nuestro análisis sobre aquellos MDR-1000x de Sony y ya tenemos sobre la mesa de operaciones quienes, presuntamente, heredarán el trono.

Estos nuevos WH-1000XM2 son un modelo over-ear —de diadema, cubriendo la oreja por completo—, orientado a un idéntico usuario, aquel que aspira a borrar el ruido de un plumazo y poder disfrutar durante 30 horas de autonomía de música en cualquier entorno.

Ya en su momento dijimos que estábamos ante un modelo Bluetooth sin rival. Entonces, ¿cómo podrían superar estos a su predecesor? Eso es justo lo que vamos a escudriñar. Y mejora en prácticamente todas las facetas, puedes estar seguro.

Características de los Sony WH-1000XM2

Control de volumen

Sensor táctil en auricular derecho (incluye control manos libres)

Unidad de diafragma

40mm, tipo cúpula, (bobina de audio CCAW)

Respuesta en frecuencia

4 Hz – 40.000 Hz

Respuesta vía Bluetooth

20 Hz – 20.000 Hz (muestreo de 44,1 kHz) / 20 Hz – 40.000 Hz (muestreo LDAC de 96 kHz a 990 kbps)

Sensibilidad

103 dB/mW (1 kHz)

Impedancia

46 ohmios

Tipo de auricular

Cerrados, dinámicos, circumaurales

Conexión

BT 4.1, NFC y cable extraíble jack 3,5mm

Entradas

MicroUSB y conector estéreo (cable incluído)

Autonomía

30 horas con Noise Cancellation activo (40 horas en espera)

Tiempo de carga

4 horas para 100%, vía USB

Perfiles de audio soportados

SBC, AAC, aptX, aptX HD, LDAC

Peso

275gr / bolsa de transporte incluída

Precio

379,99 euros

Ruido de fondo

Noise

Antes de nada, un disclaimer: si vives permanentemente pegado al ordenador, si no sales de casa nada más que para tirar la basura, ignora estos auriculares. Permitidme explicarlo: estos cascos han sido diseñados para salir y vivir fuera, para lucir su reproducción de escena bajo el Noise Cancelling. Estos WH-1000XM2 quieren trasladar la experiencia HiFi a la calle. No lo digo yo, lo reafirma el propio branding del fabricante.

El control del auricular se gestiona desde una app móvil

Os argumentaré mejor: el control del auricular se gestiona desde una app móvil. Esta app no existe en ordenador, lo que implica que, gestionar los diferentes perfiles de escucha requieren de un smartphone.

Más: el auricular cuenta con un control de volumen autónomo, ajeno a los parámetros de volumen del ordenador. Y, por último: una vez conectas los auriculares por cable pierden sus funcionalidades inteligentes. Pasan a ser unos HiFi más, listos para ese «otro tipo de escuchas».

Tomando decisiones

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Me gustaría empezar contándoos mi experiencia, hablar de eso que no cuentan los gráficos de rendimiento.

Porque un auricular no dejan de ser dos IEM con una potencia de entrada determinada, y para conocer la sensibilidad real y la SPL (nivel de presión sonora) debemos realizar pruebas en una cámara acondicionada y conocer al dedillo los niveles de entrada y salida, sin trampas para alterar la ganancia. Porque para conocer la impedancia real necesitamos medirla mediante un polímetro honesto (un Fluke 25, por ejemplo) y realizar el mismo test conectando por cable a distintos dispositivos y aplicaciones emisoras. Así que mejor hablemos en términos humanos.

Soy de Toledo y, si conocéis la ciudad, para llegar hasta la Plaza de Zocodover hay que subir una imponente cuesta, desde Puerta Bisagra. El día que empecé a probar los auriculares tuve que subir en bus desde la estación de tren hasta dicha plaza. El traqueteo del firme empedrado convierten cualquier vehículo en una pandereta, en una procesión militar. Hasta entonces.

El control de sonido de ambiente de estos cascos es capaz de congelar el tiempo. Realmente logra esa sensación de “estar dentro de un videoclip” tan propia del marketing y alejada de la vida real.

Lo que estos WH-1000XM2 llaman «cancelación de ruido inteligente» es, sin ambages, cancelación de ruido inteligente. Tras diez años revisando productos nunca, ajenos a la orilla de monitores de estudio profesionales, me he encontrado con un auricular comercial que aísle de modo tan efectivo.

Emparejando, que es gerundio

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Veinte segundos de reloj tardé en poner en marcha los auriculares. Dentro del packaging, junto a la bolsa de transporte, instrucciones desplegables y un enchufe estéreo (una entrada, dos salidas), se incluye un código QR que nos lleva a la app desde el bazar en cuestión; la descargamos, instalamos y sincronizamos el auricular vía Bluetooth. Más rápido aún si realizamos un emparejamiento vía NFC (comunicación de campo cercano).

10 minutos de carga rápida ofrecen 70 minutos de escucha; hora y media de carga los prepara para 24 horas de uso intensivo

Una vez encendido, a velocidad de crucero, una luz azul intermitente nos informará de estar encendidos y otra verde de si tenemos el control de ruido activado o desactivado.

Para emparejar con nuestro ordenador, la operación es similar: con el Bluetooth activo, buscamos las siglas “WH-1000XM2” y en 5 segundos estaremos operando con ellos. El auricular incluye también entrada para cable microUSB, en el auricular derecho, pensado tanto para cargarse como para emparejarse con ordenadores más vetustos.

Construcción, ritmo y batería

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El modelo ya es un clásico dentro de su familia: en dos colores, champán y un gris metalizado oscuro, silueta aerodinámica con diadema de metal pulido, con dos remaches en la base donde figura la serigrafía del modelo, diafragmas de 40mm, orejeras de plástico de tacto rugoso en la campana exterior y cuero sintético en el interior, muy mullido y capaz de disipar el calor con efectividad. De hecho es fácil olvidarse de ellos: poco más de 270 gramos sin cable es lo que pesan estos púgiles.

El perfil de los botones ha sido rebajado, al tacto son más intuitivos que modelos anteriores. Como en los citados MDR-1000x, las bisagras de la diadema se ajustan mediante suaves clicks, cuenta con 10 puntos de expansión, y puede tanto girarse 30 grados sobre su eje como plegarse para formar la estructura que puedes ver en las imágenes.

El cable de audio —un tradicional minijack de 3,5mm, de 1,4 metros de longitud y construido en cobre OFC (libres de oxígeno)— es quien marca una diferencia, entre escuchas a frecuencias más amplias o streaming limitado, entre una sensibilidad e impedancia mayor o más parca, lo que, en términos prácticos, se traduce en un rango de volúmenes más amplio. Es aquí donde deben mirar los devotos del Hi-Res y es aquí donde se frustrarán, al toparse con un cable tan corto.

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Si hablamos de batería debo confesar algo: he pasado una semana con ellos y no los he cargado ni una sola vez, usándolos al 70% del máximo volumen permitido y una media de 3.5 horas diarias. No fue hasta el octavo día cuando tuve que conectarlos. En la práctica esto se traduce en una autonomía de 30 horas operativas, subiendo de las 20 horas respecto al modelo anterior y soportando hasta 40 horas en modo espera.

Con una carga completa, estos Sony WH-1000XM2 cuentan con un máximo de 30 horas de batería

Como en modelos anteriores, no podemos usarlo mientras lo mantenemos cargado. Cuando el auricular está próximo a agotarse nos arroja tanto un aviso visual (el led cambia de color a rojo) como un mensaje de «low battery, please recharge headset»

Los cascos también cuentan con un sistema de carga rápida que, en resumen, con 10 minutos de carga ofrecen 70 minutos de escucha, y que hora y media de carga los prepara para 24 horas de uso intensivo. La carga completa no se hace esperar por más de 4 horas.

Respondiendo a la eterna pregunta, desde la app ‘Headphones Connect’ podemos ver la cantidad de batería que resta. Por esto mismo vamos a centrarnos en el corazón tecnológico de estos auriculares, a través de su app [versión probada: 2.1.0], disponible tanto en iOS como en Android.

Una app para dominarlas a todas

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Como podemos alertar en la imagen superior, la app cuenta con distintos segmentos de control (9, para ser exactos). El Control de sonido adaptativo detecta el ruido del entorno y se conmuta en base a él. Puede suprimir el ruido por completo, centrarse en la voz, en sonidos ambiente leves (bullicio de gente), o más severos (tráfico). También analiza si estamos andando, corriendo o quietos —hola, runners—.

Mientras que en interiores no se hace tan evidente, con el nivel de bloqueo de ruido al máximo, en exteriores se aprecia una fatiga auditiva menor. El mundo se vuelve eléctrico —lo que se traduce en un corte de frecuencias por debajo de los 2k—.

Pero aún podríamos suprimir más ruido. Si percibimos un excesivo ruido blanco, desde el optimizador de cancelación podemos recalibrar: recibiremos un barrido de frecuencias, la app medirá la presión atmosférica y ajustará la supresión inteligente. Con dos toques ya tendremos definido el ajuste de uso. La idea, en conclusión, es obtener el mismo rendimiento ya estemos en el AVE, en un carro de caballos camino de Soria o en un avión a 30.000 pies de altura.

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La siguiente sección de la app es un control posicionador espacial, con el que desviar el audio hacia uno de los cinco canales —traseras derecha e izquierda, laterales derecha e izquierda y frontal—. No deja de ser una feature que, en términos de usabilidad, sólo se me ocurre aplicarla si estoy escuchando de espaldas el ruido de un taladro.

El VPT (Virtualphones Technology) es quizá la tecnología con peor rendimiento de todas. Su función es simular distintas escenas. Pero cuesta adaptarse, el resultado se siente bastante artificial. ‘Estadio’, ‘discoteca’, ‘concierto al aire libre’ o ‘auditorio’: la app imita la emisión y reflexión de las ondas. Es decir, reimagina cómo sonaría tu disco favorito tocado en una gran sala. El problema es que no simula a la banda tocando, sino el archivo digital sonando por un PA en mitad de un teatro vacío.

Lo que sigue es un ecualizador de cinco bandas (400, 1k, 2.5k, 6,3k y 16k) con un control de graves (ClearBass) independiente, de rendimiento muy ágil, con 8 distintas preconfiguraciones y con una descripción de parámetros focalizado en las emociones (alegre, emocionado, relajado). Permite, además, guardar nuestras configuraciones personalizadas.

Tenemos también un control de reproducción con pausa/continuar, pasar entre pista anterior y posterior y un control de volumen. Echamos en falta un timeline de la propia pista, para ir de un salto a ese momento clave que estamos deseando escuchar. Tal vez el control por Bluetooth limitaría esta opción, y más aún manejando distintos reproductores externos.

Podemos elegir entre dos configuraciones: priorizar la calidad de sonido o priorizar una conexión estable

El siguiente segmento se denomina «Modo de calidad de sonido». Esto hace referencia al tipo de códec que queremos usar. Podemos elegir entre dos configuraciones: priorizar la calidad de sonido o priorizar una conexión estable. Si elegimos lo primero, los bitrates serán más altos, lo que redunda en un volumen y empaque más sólido. Un sonido más “grueso”.

Cada vez que cambiemos la calidad, la app se desincroniza. Si estamos escuchando música desde el propio terminal, éste volverá a sincronizar automáticamente. En cambio, desde un iMac (2014) y un Aspire 5 (2016) he podido comprobar que no siempre reconecta al vuelo. Algunas veces me pide repetir el paso, otras no. Tal vez se trate de una actualización necesaria.

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Usualmente se usarán los distintos codecs aptX y de forma predefinida estará seleccionado el Session Border Controllers (SBC), un códec subbanda de baja complejidad que transfiere audio Bluetooth a calidad regular. “Regular” en varios sentidos. Y aquí entra en juego el último actor de esta función: el DSEE HX.

Podemos mantener activada o desactivada la tecnología de “recomposición” digital DSEE HX. El ‘Digital Sound Enhancement Engine’ intenta escalar la calidad de los archivos. Es decir, simular cómo sonarían sin compresión, dotar a un MP3 192 kbps —la calidad de streaming de Spotify si no eres usuario Premium— de la “calidad sonora” propia de un CD (16 bits/44.100 Hz). Lo que quiero resumir con tanta sigla es que el SBC por sí solo no entrega una calidad muy notoria, pero gracias al DSEE HX sí.

Sobre el uso y rendimiento del Bluetooth, poco podemos añadir: es compatible con la versión actual —con la diferente pila de adaptaciones post 4.1— y el alcance depende de la calidad de la fuente emisora.

Desde el iMac he cocinado a 11 metros escuchando música y ocasionalmente notaba ligeros cortes en el buffering; con el móvil en el bolsillo trazando la atestada línea 6 de Madrid, no he tenido el menor corte durante todo el viaje; probando con dos teléfonos —moto G de quinta generación y un Samsung Galaxy S7— las llamadas, tanto en interiores como en plena calle, el rendimiento es limpio: no se echa en falta mayor calidad de audio.

Un poco de control gestual

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Quizá se perciba como algo incómodo pero tras las primeras horas acabaremos usándolo de forma intuitiva: arrastrando un dedo hacia arriba subimos volumen, hacia abajo lo disminuimos, hacia la izquierda saltamos al corte anterior y hacia la derecha, al siguiente; pausa o continuar con un toque en el centro.

Más interesante es el rendimiento de los micros: tapando todo el driver con la palma de la mano activamos los micrófonos superiores y escuchamos el sonido exterior, ideal para responder a esa persona que lleva cinco minutos haciéndonos gestos y estamos ignorando por completo. La música se convertirá en un finísimo hilo de fondo y el entorno se amplificará.

Una de sus funciones cardinales es la de transmitir nuestro audio cuando contestamos llamadas. Y aquí reside uno de los puntos negros del conjunto: todas las personas con las que he podido hablar, indistintamente del modelo de teléfono usado, recriminaban que me escuchaban «un poquito bajo». A los enemigos de elevar la voz más de la cuenta nos tocará hacerlo en exteriores amplios y bulliciosos.

La opinión de Xataka

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Por supuesto, este auricular no es perfecto. Como usuario, no me gusta que se apague al desconectar el cable. Es algo automatizado para ahorrar batería, pero tal vez alguien quiera pasar de alámbrico a inalámbrico al vuelo y no perder otros 10 segundos quitándoselos y volviendo a conectar los auriculares. En sentido inverso, el auricular se activa en cuanto conectas el jack.

Estos HW1000Xm2 están por encima de lo que se entiende por auriculares wireless

Si hablamos en términos tangibles, frente al rendimiento de otros dispositivos, en cuanto a calidad están por encima de lo que se entiende por auriculares wireless. Están listos para caerse, para zarandearse, para echarse en una bolsa de deporte y seguir operando durante mucho tiempo.

Ni unos Sennheiser PXC 550, unos Momentum 2 o los QC 35 de Bose pueden plantarles cara a estos Sony WH-1000XM2. Tienen algo de alquimia digital que nos recuerda que aquellos tiempos “calentándolos” ya no ha lugar. Desde el primer minuto suenan balanceados y perfectos. Acaso unos Bowers & Wilkins PX, por robustez y construcción, no por capacidad aislante, podrían considerarse una alternativa firme.

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Si puedo, por tanto, obtener algún tipo de conclusión real es que estamos ante un auricular perfecto para el día a día. Como apuntaba al principio, están listos para combatir el ruido más fiero, no resbalan si echamos a correr ni sufren retardos si los conectamos a nuestra torre para jugar; son unos multiusos que, recluidos en casa, deslucirían gran parte de sus capacidades.

El equipo ha sido cedido para la prueba por parte de Sony. Puedes consultar nuestra política de relaciones con empresas.

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