Así es la isla de las cobras, el paradisíaco (y aterrador) paraje brasileño donde puedes encontrarte con una serpiente cada pocos pasos

Así es la isla de las cobras, el paradisíaco (y aterrador) paraje brasileño donde puedes encontrarte con una serpiente cada pocos pasos
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Un reto, para empezar. Piensa cuál es el último lugar sobre la faz de Tierra en el que te gustaría verte. No vale que me hables de tu oficina, la cena de los domingos con los suegros o la reunión con comerciales que tienes agendada para el lunes a primerísima hora. No; la peor, de verdad.

¿Listo? Pues bien, a no ser que seas el más vocacional de los herpetólogos, es bastante probable que el sitio que tienes en mente, por horrible y peligroso que sea, se parezca a un plácido paseo por los Alpes suizos —rollo 'La Casa de la Pradera'— si lo comparas con Ilha de Queimada Grande, una paradisíaca isla situada a poco más de 30 kilómetros de la costa de São Paulo, en Brasil.

Con ese nombre con sabor a Caipirinha y aroma a arena de Copacabana igual te cuesta creerlo, pero la cosa seguro que se aclara si te digo cuál es su apodo: la isla de las cobras.

Un paraíso... con trampa

Situada a escasos 35 kilómetros de Praia Brava, en pleno Atlántico, Ilha de Queimada Grande es un sueño tropical vista a lo lejos y un auténtico infierno con escamas a poco que uno se pasee por sus zonas arboladas. A pesar de su pequeño tamaño, de 43 hectáreas, se ha convertido en el hogar de la Bothrops insularis, una especie de víbora conocida a menudo como “cabeza de lanza dorada” y que destaca por su tamaño, de hasta 70 cm —aunque se sabe de ejemplares de más de 120— y veneno, que entre otras lindezas provoca necrosis, hemorragias e insuficiencia renal.

Lo de “hogar” lo decimos en el sentido más pleno de la palabra. La Bothrops insularis es una especie endémica de Ilha de Queimada, donde —libre de depredadores naturales, al menos para sus ejemplares adultos y de mayor tamaño— ha logrado expandirse a sus anchas. ¿Cuánto? Medios como National Geographic o Smithsonian Magazine apuntan estimaciones que calculan que, al menos en las zonas más pobladas, puede encontrarse hasta una serpiente por m2.

Un estudio elaborado en 2002 por ecólogos de la Universidad de São Paulo concluyó que en la isla habitaban alrededor de 2.100 serpientes. Tras dividir la isla en 26 parcelas, sus datos más optimistas arrojaban más de 2.300 ejemplares, con una densidad unas 55 serpientes por hectárea. A modo de referencia, los investigadores recuerdan que la Gloydius shedaoensis alcanza en la isla de Shedao, en China, una concentración de 200 individuos por hectárea y que, “en hábitats adecuados”, puede alcanzarse incluso la marca de un ejemplar por metro cuadrado.

La concentración de Bothrops insularis es lo suficientemente intensa en la isla atlántica como para haberse ganado el apodo de Snake Island (isla de las serpientes) y que el Gobierno de Brasil la haya vetado a las visitas. Por si la prohibición y el cartel que figura en sus arenales no fuese suficiente, por São Paulo corren leyendas sobre el islote, dignas de los mejores tiempos del programa 'Pesadillas', que hablan de visitantes e incluso de una familia entera devastada por las culebras.

Lo cierto es que desde la década de 1920 el faro de Ilha de Queimada Grande está automatizado y por allí solo se pasan —al menos con permiso y de forma controlada— los miembros de la armada brasileña que se encargan de vez en cuando de su puesta a punto. A día de hoy, de hecho, las autoridades de Brasil han declarado la isla como Área Relevante de Interés Ecológico.

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Ilha de Queimada Grande. Imagen: Prefeitura de Itanhaém.

Por desgracia, hay otra clase de expediciones que se aventuran en la isla con intenciones menos cívicas: las formadas por los cazadores furtivos que se adentran en sus bosques a la caza de ejemplares que en el mercado llegan a alcanzar los 30.000 dólares. El potente veneno de la serpiente sería también muy valorado en la industria farmacéutica.

Lo cierto y a pesar de lo peligroso que es el mordisco de la Bothrops insularis, es que el estudio de la Universidad de San Paulo de 2002 alerta de un descenso en la población de serpientes de la isla. “Tenemos la impresión de que B. insularis disminuyó en los últimos 12 años y tenemos pruebas de la extracción ilegal de serpientes de la isla”, alertaban los expertos. La caza no sería la única causa del declive de la colonia. Otras fuentes apuntan también a la endogamia, el efecto de la deforestación sobre las aves de las que se alimentan o las enfermedades. En su día la literatura científica llegó a hablar de una población de entre 2.000 y 4.000 ejemplares.

Pero… ¿Cómo han podido concentrarse tantas serpientes en un islote aislado?

La teoría más extendida asegura que hace unos 11.000 años el nivel del mar subió lo suficiente como para aislar Ilha de Queimada Grande del continente. Libres de grandes depredadores que controlasen su número, las serpientes se expandieron a sus anchas. Su potente veneno les ayudaría además a cazar las aves migratorias que descansaban en la isla. Por supuesto hay versiones más fantasiosas, como la que sostiene que las soltaron piratas que querían proteger sus tesoros.

Estén relacionadas con los corsarios o no, sean ciertas las leyendas que hablan de familias enteras de fareras sucumbidas por el veneno, lo cierto es que, pese a su nombre con ecos de Bossa Nova, Ilha de Queimada Grande no parece el mejor destino de vacaciones.

Imagen de portada Wikimedia (Nayeryouakim)

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