Así ven el futuro los diseñadores: pensando en sostenibilidad, medio ambiente y biomímesis

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Algunos de los materiales más antiguos de la humanidad son 100% biodegradables y naturales, como la lana o el bambú. Otros pueden reciclarse por completo, como el aluminio. Sin embargo, cuando estamos inmersos en nuestra creatividad, lo funcional y lo biodegradable no siempre conectan. De hecho, rara vez lo hacen. Educar en alternativas es capital para potenciar una creatividad que contemple esos escenarios.

Durante los últimos meses hemos podido profundizar, de la mano de ESNE - Escuela Universitaria de Diseño y Tecnología, en la filosofía del Diseño de producto, a través de casos de éxito patrios o extranjeros. Sin embargo, esta vez hemos querido ir un paso más allá: dos profesores, dos alumnos y una firma invitada. Hemos tenido la oportunidad de entrevistar a cinco personalidades para que nos ayuden a entender los fundamentos del diseño presente y futuro, y sus implicaciones en todo cuanto nos rodea.

Diseño de Producto para dummies

Hablar de ESNE es hacerlo de una de las escuelas más prestigiosas del país, pionera en ofrecer el grado en Diseño de Producto. Es por ello que comenzamos con una pregunta básica: ¿en qué consiste ese trabajo? Frédéric Misik, profesor del Grado en Diseño de Producto, nos responde:

«Muchos piensan que un diseñador es un creativo que se dedica básicamente a embellecer productos. Pero no. Un diseñador es ante todo un profesional que ayuda a las empresas y a sus clientes a detectar y responder a sus necesidades. ¿Cómo? Desarrollando productos inteligentes, sostenibles, viables en cuanto a fabricación y funcionamiento, acordes con las últimas tendencias del mercado, con los gustos y hábitos de los públicos a quienes van dirigidos y con las nuevas exigencias sociales. Que el producto sea estéticamente atractivo y deseable es simplemente un resultante de todo este proceso».
Estudiantes

Como también apunta el director del Grado, Javier Sanz Cortés, el diseño idóneo “no es solo un atractivo objeto con bellas proporciones que empatiza con el usuario. Es una poderosa herramienta que aporta un gran avance y un enorme valor añadido a las personas, a la industria y a la economía. El buen diseño, además, mejora el impacto en el medioambiente y cada vez va más alineado con los motores del cambio, tales como la Transformación Digital y el Internet de las Cosas”.

¿Y qué salidas profesionales ofrece?

«Acceder a equipos de diseño integrados a empresas específicas o bien integrar agencias de diseño especializadas, en las cuales podrán evolucionar con los años desde puestos ”junior” hasta puestos de dirección en diseño. En otras palabras, serán directamente responsables del desarrollo y comercialización de nuevos productos y servicios, colaborando estrechamente primero con los equipos de marketing y, posteriormente, con ingenieros y fabricantes».

Los diseñadores del presente

El diseño es uno de los pilares maestros en cualquier sector. Dedicamos tanto tiempo a mencionar los valores técnicos internos como las features que definen los productos por fuera. Cada poco tiempo leemos en Xataka sobre ello: diseños de juguetes, de consolas...

Pero antes de buscar una respuesta a cómo serán los diseños del futuro, ponemos nuestra atención en las personas que lo harán posible. Y continuamos esta entrevista coral con preguntas como estas: "¿Ha cambiado la perspectiva de los futuros diseñadores?". "¿Cómo han ido evolucionando los perfiles de alumnos con los años?". "¿Son distintos respecto a anteriores generaciones?".

Javier Sanz lo resume en tres macrotendencias:

  • Sentido de pertenencia: necesitan sentirse parte de un grupo que comparte sus inquietudes.
  • Creatividad: la individualidad, la fortaleza y seguridad rebelde de una generación activista, que protesta ante las injusticias, muy apegada a lo auténtico, lo que deriva en una mentalidad más espiritual que la de generaciones anteriores, orientada al bienestar y a la realización personal.
  • Necesitan estar en contacto siempre: ayudados por la comodidad de las tecnologías. También se aburren muy rápidamente. La estrategia es siempre contar con algo nuevo: una actualización, una personalización, etcétera.
Fred

Frédéric Misik percibe esta misma tendencia: «Hoy las nuevas generaciones son muy influenciables por los medios digitales: internet y redes sociales. Su smartphone es su compañero de vida y de trabajo. Quien no consulta Instagram, Pinterest o incluso TikTok parece estar desconectado de la actualidad. Son medios esenciales para ellos y muy activos con contenidos no siempre consistentes, muy volátiles y en constante actualización. Desean estar siempre en conexión, con las últimas novedades y actualizaciones, pero sin siempre tener tiempo de asimilarlas y reflexionar sobre ellas. Es, por tanto, muy importante insistirles en que inviertan tiempo y esfuerzos en vivir experiencias más tangibles y no siempre tan virtuales. Que experimenten y sepan desarrollar una crítica constructiva sobre estas tendencias, sobre la actualidad en general, justificando su posición y proponiendo posibles soluciones».

Es aquí donde entra en juego un valor fundamental: la pedagogía de la sostenibilidad. ¿Existe algo así? ¿Puede educarse en “tecnología ética”? A este particular nos responde la doctora en Filosofía Eurídice Cabañes, cum laude mención internacional con la tesis ‘La Tecnología en las fronteras’.

«Creo que no sólo es posible, sino imprescindible. Algo que no podemos dejar de lado, estudiemos lo que estudiemos, es el pensamiento crítico y el análisis. No sólo en las implicaciones de las tecnologías que empleamos y generamos en el presente, sino también el ejercicio especulativo de sus posibles implicaciones futuras. Analizar su impacto material, ecológico, social... y tener muy presente que las tecnologías no son neutrales. Siempre son políticas. Una de las preguntas fundamentales es: '¿A los intereses de quién responden?»

Definiendo la sostenibilidad

Esto nos lleva a otro punto interesante: el valor de un equipo docente implicado en ecodiseño y medioambiente más allá de la sonoridad de las propias palabras. ESNE ha sido considerado un centro pionero en ofrecer formación en materia de sostenibilidad. A su Cátedra de Sostenibilidad se suma el propio grado formativo. Pero, ¿a qué nos referimos con “sostenibilidad”?

Javier Sanz: “Sostenibilidad es un concepto muy amplio y nosotros la desarrollamos en todas sus acepciones principales, como son la económica, la social y la medioambiental. Dada su transversalidad, no es recomendable encasillar la materia en alguna asignatura, pues debe ser un enfoque curricular dirigido a la práctica totalidad de las asignaturas del Grado. De otra forma, no abordaremos el sentido global de la sostenibilidad que se precisa”.

Una sostenibilidad que comienza con la elección de materiales. En ESNE cuentan con una Materioteca, comisionada por su partner, Materially, la cual consiste en realizar una “vigilancia ininterrumpida del mundo de los materiales, en constante evolución, y en gestionar la información para transformarla en soluciones aplicables e industrializables. Nos ayudan a recopilar materiales basándonos en casi una veintena de preceptos relacionados con la sostenibilidad”, apunta Javier Sanz.

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Una simple cuerda puede tardar un año en descomponerse. Hasta 50 años si contiene plásticos en su estructura. Resinas (linóleo), bioplásticos a partir de soja o micelio son algunas de las alternativas del nuevo mundo. ¿Qué otros materiales usa ESNE para “pensar” en diseño sostenible?

«Cada proyecto es muy diferente. En algunos casos priman los materiales locales; en otros, su abundancia; en otras ocasiones, la clave está en los aditivos químicos o en una certificación que garantice la trazabilidad del material o su composición. Las resinas abren un mundo de posibilidades, ya que éstas pueden admitir materiales orgánicos provenientes prácticamente de la basura, tales como los posos del café, las cáscaras de almendra, el cuero de mango, la fibra de banana, el almidón de maíz, el kenaf… Los materiales que permiten múltiples ciclos de reciclado sin perder propiedades son de los más interesantes, pues pueden exponerse a unas condiciones muy extremas que a veces otros más naturales no permiten».

¿Es posible un equilibrio entre desarrollo tecnológico y sostenibilidad? Solo Eurídice Cabañes cree que esta relación es posible, si bien antes hay que preguntarse qué es el desarrollo tecnológico: “¿Crear tecnologías que se vuelven obsoletas a los dos años de su lanzamiento es desarrollo? ¿Es desarrollo la basura electrónica? En este sentido, creo que la respuesta no está en el solucionismo tecnológico, sino en las políticas que se implementan y los intereses de quienes se salvaguardan”.

No en vano, el Parlamento Europeo aprobó el pasado 25 de noviembre de 2020 la ley del “derecho a reparar” productos que ya han finalizado su periodo de garantía. Y ya no hablamos únicamente de productos tangibles. El Congreso de los Diputados licitó un contrato de servicios integrales de ciberseguridad gestionada para garantizar un sistema de protección ante la obsolescencia informática que derive en vulneraciones por malware, por ejemplo. Porque pensar en la inmediatez, en el cortoplacismo, enfrenta directamente cualquier posibilidad de sostenibilidad.

Esne

Por supuesto, el ecodiseño va más allá de la elección de materiales o de la imposición de leyes. Como apunta Javier, en el Grado “pronto se identifican con conceptos más amplios como el Ciclo de Vida de los productos o la Economía Circular. El año pasado, por ejemplo, nos admiró el trabajo de una alumna que ganó la Beca de Jóvenes Creadores más alta de las que damos en el Grado. Presentó dos diseños y dos prototipos de cepillos de dientes. Su reflexión era clara: si una maquinilla de afeitar manual cambia sus cuchillas cuando se gastan pero el mango no se tira, merece la pena ahorrar las toneladas de plástico que tiramos cada vez que un cepillo deja de ser útil. Su mango queda intacto y además pagamos por él innecesariamente”.

Como apunta Frédéric, una buena idea “es la que innova pero siendo justificable, defendible y viable. Dicho de otra manera, una buena idea debe responder a una necesidad, bien sea empresarial, social, y/o humana, aportando valor. Pero se debe poder concretar, no ser una ficción. También debe enamorar y seducir a su público, creando una conexión emocional contando una historia. La mala es aquella que no cumple, que no responde a una necesidad clara o es poco tangible por ser demasiado utópica o mal desarrollada”.

Una mentalidad rastreable tanto en los proyectos de los estudiantes como en proyectos colaborativos con Carrefour, Loewe, Livall u otros como Wallbox Chargers, el BBVA Open Innovation o la Astroland Interplanetary Agency, los cuales cuentan con convenios de I+D con alumnos becados.

Porque, como recuerda Frédéric, al final la clave reside en ser curioso: “Si vemos una silla que nos guste, debemos sentarnos en ella (y no solo mirarla), tocarla, analizarla, cuestionarla, criticarla, darle la vuelta para ver cómo se unen sus piezas, sin olvidar investigar para descubrir quién es su autor. Y así con cualquier objeto y/o espacio que nos rodee. El mayor talento de un creativo es el de observar y cuestionar continuamente el mundo material y menos material que nos rodea para descubrir oportunidades de mejoras y así poder definir posibles proyectos de diseños innovadores”.

Pensando en el futuro

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Porque esa es nuestra siguiente parada: ¿limita pensar en sostenibilidad? ¿Podría una gran firma como Mike Schlaich haber alcanzado los mismos logros marcándose unos “estándares ecológicos” más altos?

Frédéric Misik: “No debe limitarnos. Debe ser parte de nuestra filosofía y ADN como diseñador. Es cierto que el modelo económico actual limita aún el poder desarrollar proyectos más sostenibles. Está evolucionando rápido, pero aún queda mucho camino. Pensar sostenible significa cambiar, en algunos casos, modelos de producción, de distribución y hasta de consumo. Y, todavía, para algunos industriales eso conlleva sobrecostes difíciles de asumir.  Con lo cual es nuestra responsabilidad como diseñadores ayudarles en que apuesten por la sostenibilidad, demostrando que obtendrán más beneficios a medio y largo plazo que inconvenientes. Mike Schlaich es un arquitecto e ingeniero sin duda espectacular. Pero en arquitectura, los modelos de producción son, muchas veces, distintos a los de unos productos. Un arquitecto produce muchas veces una sola pieza de cada una de sus creaciones para una vida útil larga. Nosotros pensamos en producciones en serie de productos con vidas útiles mucho más cortas. Por lo tanto, los impactos medioambientales son distintos”.

Si echamos un ojo a nuestras casas, veremos que sus diseños apenas han cambiado durante los últimos siglos. ¿A qué retos nos enfrentamos para transformar un hogar del siglo XX en uno del XXI?

Javier Sanz: “Muy probablemente, a medida que avance el siglo, comenzaremos a ver una nueva tipología de casas concebidas por diseñadores de producto, como se concibe un objeto fabricado en serie, al igual que sucede en el sector de la automoción. Gracias a la economía de escala, esas casas serán más asequibles para las nuevas generaciones, ya que muchos no podrán pagar los precios actuales. Podrán ser más sanas, más eficientes, más compactas, más seguras, más interconectadas, más autónomas y más sostenibles en definitiva. Además, es muy posible que cambien de forma autónoma su configuración, según la hora del día o las necesidades puntuales, como podemos ver en el trabajo de Hassier Larrea, CEO de Ori Systems. También puede que podamos transportarlas en nuestros cambios de zona de residencia, o incluso, que paguemos solo un uso por horas vía APP”.

¿Se puede ofrecer innovación “biodegradable”?

Javier Sanz: “Se debe, aunque no siempre es posible en algunos ámbitos, si bien se trabaja para que suceda algún día de una forma más extendida. Michael Braungart y William McDonough en su libro 'Cradle to Cradle: Remaking the Way We Make Things' ya apuntaban hace casi diez años cómo ya había varios ejemplos en la industria que demuestran que se puede hacer. La clave está en acortar los plazos de la degradación y potenciar la regla de las tres erres (reducir, reciclar y reutilizar)”.

Sin embargo, ¿puede pensar en sostenibilidad alguien que ha vivido sin ser consciente de ello? Para Frédéric Misik, los alumnos sí son conscientes. “Y cada vez más. Pero los hábitos sociales y de consumo aún no han evolucionado lo suficiente para que consumir, pensar y diseñar sosteniblemente sea parte integral de su línea de reflexión y desarrollo. Por eso es importante que desde la formación proporcionemos las herramientas y los conocimientos necesarios que les ayuden a ser siempre conscientes de lo esencial que es la sostenibilidad en sus diseños”.

Sostenibilidad que llevan aplicando a decenas de ejemplos reales, como el modelo X Parley de Adidas —producido a partir de plásticos reciclados—, la gran mayoría de los productos de la firma de moda Ecoalf, la productora de lana Solidwool o la silla Broom de Emeco, diseñada por Philip Starck y realizada con residuos de polipropileno y fibra de madera reciclada.

Por voz del alumnado

Jaime

Veamos ahora en qué se ha traducido, de forma tangible, esta formación. En el siguiente bloque ponemos nuestra mirada en dos alumnos de ESNE: Jaime Zorrilla, alumno en prácticas en OxMotorcycles con TFG para Bullpadel, y Elsa Gil, mejor expediente en el 4º curso de Grado en Diseño de Producto.

Jaime eligió ESNE por las oportunidades que ofrece: “Te da la posibilidad de colaborar directamente con empresas desde el momento en el que comienzas la carrera”. Y luego estaban la “calidad educativa, los medios de los que dispones en la universidad y un equipo docente cercano”. Zorrilla recuerda que llegó a la escuela tras estudiar ADE en otra universidad. Y fue un cambio que le sorprendió: “Diseño de Producto se trata de una carrera muy práctica, fomentando la creatividad y los proyectos tangibles desde el primer día. Y creo que eso se nota. Cuando se acerca tu entrada al mercado laboral, no sientes tanto vértigo, ya que llevas toda la carrera haciendo simulacros profesionales”.

Actualmente, está implicado en el lanzamiento de la OxOne, la primera moto de OxMotorcycles. “Creo que Ox ofrecerá una alternativa sostenible, con una estética muy llamativa, atractiva y asequible, en un mercado donde los vehículos eléctricos ascienden hasta precios desorbitados. Además, incorpora una tecnología nunca vista, Elisa, conectada a tu teléfono móvil, con una gran carga de sensores, aportando información y realizando un análisis del estilo de conducción para reducir la peligrosidad lo máximo posible, asistencia 24 horas… Estoy seguro que facilitará la vida de los usuarios. Tampoco es necesario tener una determinada infraestructura para recargar sus baterías. Cualquier persona podrá cargarlas en su casa, ya que las baterías son extraíbles y se cargan mediante enchufe normal”.

Un proyecto, el de OxMotorcycles, que nació después de ver cientos de coches abandonados en las inmediaciones de Seattle (EE.UU), soñando con convertirlos en eléctricos. Jaime Zorilla es consciente de la delicada situación actual: “Las cosas no pueden seguir como hasta ahora. No obstante, sigue habiendo un pequeño sector de la población que se niega a pensar así. En términos de diseño, yo creo que esto se debe a la excesiva comunicación en algunos casos de producto “eco” o producto “sostenible”. En mi opinión, en ocasiones el lenguaje de diseño se excede tratando de mostrar que el producto es respetuoso con el medioambiente. La población ya es consciente de que debemos cambiar nuestros hábitos, pero quizá no está preparada para unos diseños tan transgresores. En mi caso, trato de conectar una estética actual y vanguardista pero sin renunciar a las líneas clásicas que tanto éxito tuvieron”. Tal vez por ello la OxOne nace de un diseño eminentemente retro.

Pruebas

No obstante, en el mercado del automóvil triunfa el SUV, uno de los tipos de vehículos más contaminantes. Además, un 92% de todo lo construido se lleva a cabo con materiales que no van a ser reciclados. ¿Cómo se educa en la mentalidad de la sostenibilidad medioambiental y la movilidad cero emisiones? “Un determinado sector de la población necesita ese 'impulso' para llevar a cabo y poner en práctica esa mentalidad. Creo que la gente ya está convencida de que hay que cambiar. Sólo queda atraerles mediante diseños atractivos y las prestaciones que estos vehículos pueden llegar a ofrecer”, sentencia Jaime.

¿Y cómo imagina el transporte del futuro este joven diseñador? “Más simple y minimalista que el actual. Con una optimización en el número de piezas, un uso de materiales más respetuoso con el entorno y, por supuesto, cero emisiones. La tecnología autónoma que ya empiezan a emplear ciertas marcas puede ser interesante en algunos casos, aunque es una tecnología a la que aún le queda mucho desarrollo y refinamiento”.

Elsa

Desarrollo y refinamiento en los cuales está trabajando Elsa Gil, una de las alumnas más esforzadas de ESNE, que hace prácticas para Smartincircles, donde están desarrollando un material a través de desechos orgánicos. “Desde el primer día que comencé las clases, me he ido formando en ámbitos que me han impulsado; no solo como diseñadora, sino como persona, ya que me permite investigar sobre muchas áreas y aprender constantemente. Me han enseñado los campos en los que el diseño puede influir, dándonos las razones por las cuales debemos estar muy ligados con la sociedad, otros ámbitos de trabajo y medioambiente. Lo que más me gusta del diseño es que está en el medio de muchas áreas diferentes y puede ser el pegamento de todas ellas”.

Elsa colabora con universidades de Bruselas y Lyon e hizo prácticas extracurriculares en Estocolmo. Respecto al resto del mundo —y recordando que solemos tardar demasiado en adoptar ciertos cambios—, ¿cómo percibe España un diseñador con experiencia internacional?

“Veo necesario salir a otros lugares del mundo para abrir tu campo con otros puntos de vista. La cultura es un valor diferenciador entre las distintas sociedades”, explica Gil. “Pero de lo que me he dado cuenta con ambas experiencias es que ahora mismo la mayoría de diseñadores emergentes tienen el mismo objetivo con respecto a la sostenibilidad. Y si no es el principal, la aceptan si es mencionada. Por ejemplo, en Estocolmo estuve trabajando durante seis semanas a jornada completa en un estudio de diseño de juego de mesas y, en este caso, conseguí que la empresa eliminara el uso de plásticos en el packaging”.

“Creo que todos los diseñadores que se están formando actualmente tienen muy presente la necesidad de que lo que desarrollemos deba ser sostenible”, continúa Elsa. “Aun así, es un concepto que en España todavía no veo que haya llegado a calar a mucha gente, o al menos no tanto como pude ver en Estocolmo. Allí han dejado de cobrar en efectivo, es muy difícil encontrar embalaje de plástico de un solo uso en supermercados o incluso restaurantes, las dietas basadas en plantas están normalizadas, van en bicicleta… Aquí todavía cuesta creer en el cambio climático que nos acecha”.

El siguiente paso del diseñador es ir hacia los diseños regenerativos y no sólo sostenibles. Es decir, que a través de los proyectos, productos o servicios ayudemos al planeta a recomponerse del daño. Aún queda mucho por hacer, y en España se debe impulsar muchísimo más tanto a nivel de diseño como de consumo.

En palabras de Gil, pensar de manera sostenible puede que sea más “caro” que hacerlo de manera estrictamente “funcional”. Pero el debate es más complejo. “Se lleva mucho tiempo trabajando con términos industriales, promoviendo la economía de escala y el gasto que genera convencer de otros hábitos es muy grande. Se está viendo que los productos generados con esa visión tan solo funcional, en donde no se ha pensado en su final de vida de uso, están generando una cantidad de desechos incontrolables [...] Apostar por pensamientos sostenibles, energías renovables o diseños regenerativos es lo que puede hacer que las empresas sigan existiendo dentro de unos años”.

Biomímesis y equilibrio

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A propósito de esto, también merece la pena hablar de biomimetismo. ¿Pero puede ir más allá de esos ejemplos de casas que parecen árboles?

“El biomimetismo es una herramienta con la cual nos inspiramos en la naturaleza para adquirir y aplicar sus estrategias o mecanismos de funcionamiento”, resume Elsa. Pero el biomimetismo no siempre garantiza la sostenibilidad. “Por poner un ejemplo: la inspiración puede estar en las aletas de las ballenas jorobadas por ser de las más aerodinámicas y se aplica su forma para las hélices de una turbina”, prosigue. “Pero si su aplicación se desarrolla con métodos industriales comunes, el buen propósito de conseguir una eficiencia energética se ve muy contrarrestada por este aspecto. Es por lo que el biomimetismo debe ir acompañado de otras herramientas o metodologías como el Cradle to Cradle, economía circular, biodiseño [...] Inspirarse en la naturaleza es una táctica clave. Ella es más sabia que todos nosotros: ha estado perfeccionándose durante millones de años hasta conseguir organismos que funcionan y se relacionan entre ellos de forma sistémica”.

Su TFG trata de concienciación y acercamiento de lo que serán los materiales comunes del futuro; materiales que existen, pero que todavía no se ven en el día a día. “Voy a trabajar con el micelio, las raíces de las setas, el propio hongo. El introducir materia viva a un proyecto es lo que hace que se defina como biodiseño. El biomimetismo entraría en la parte de la estructura, ya que se inspira en formas orgánicas propias de las estrellas de mar y el desarrollo estructural de los huesos para aumentar su resistencia estructural. El resultado final ayudará a comprender la existencia de los nuevos materiales y será completamente biodegradable, no compostable, por lo que si se esparce en el suelo este se degradará aportándole nutrientes. Un ejemplo de diseño regenerativo y circular”.

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Si hablamos de impacto ambiental, la moda es una de las áreas que más medidas debe tomar, o eso podemos percibir a través de documentales como 'The True Cost', 'RiverBlue' o 'Sustancias Tóxicas'. ¿Pero cuál es la solución para consumir y también producir de forma más sostenible?

“Uno de los principales problemas que ha habido es que no se han producido las cosas con una visión a largo plazo”, opina Gil. “El beneficio económico era lo primordial y era necesario ver el incremento económico rápidamente. Por ello las fábricas se trasladaron a lugares donde era más barato producir, pero donde era más caro para el medio ambiente [...] La industria de la moda es un ejemplo más de ese crear necesidad al usuario a comprar y para ello se sacan más colecciones, a precios asequibles”.

Otra de las soluciones, según Elsa Gil, pasa por eliminar esa generación de deseo tan impulsivo en los usuarios. “Se ha de guiar al comprador hacia ese camino, ya que está muy acostumbrado [...] El “Hecho en España” puede ser más caro a términos de números en la etiqueta, pero hay que mostrar el bien que hace que algo se produzca de forma local: el tiempo de transporte es menor, se emplean materiales de origen (otro transporte menos), se promueve la economía del país, se fomenta nuestro lugar en la sociedad mundial… Los beneficios son múltiples”.

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Aún hay más medidas: lavado sostenible de la industria textil (para reutilizar los restos que se desprenden en ese primer lavado), dejar de utilizar embalaje de un solo uso, pensar en el final del producto, en si realmente es necesario para el planeta o solo una estrategia de mercado…

Y aunque parezca redundante, las generaciones futuras del diseño miran  precisamente en esa dirección: hacia el horizonte. Elsa, sin ir más lejos, tiene muy claro cuáles serán sus siguientes pasos. “Seguir formándome para adquirir más conocimientos sobre el área del biodiseño; profundizar en trabajos con equipos realmente multidisciplinares. También aprender en el campo de diseño de servicios o de transición para tener una visión más holística del contexto y de los problemas intrincados e interrelacionados. Mi objetivo como diseñadora es promover ese cambio social para vivir en equilibrio con nuestro planeta”.

Imágenes | ESNE, Unsplash (1, 2, 3 y 4)

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