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España es el país en el que más resurge el coronavirus: esto es todo lo que sabemos sobre la posible segunda ola

España es el país en el que más resurge el coronavirus: esto es todo lo que sabemos sobre la posible segunda ola
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A pesar de que España ha sido uno de los países donde más ha golpeado la COVID-19, y donde se han registrado las más altas tasas de víctimas, ello no parece haber contribuido a que nos preparáramos para afrontar la tan comentada segunda ola.

O, al menos, no tanto como deberíamos, porque estamos experimentando un resurgimiento extraordinario de contagios que ponen en evidencia algunas de las carencias de nuestro sistema sanitario.

Los problemas que (aún) arrastramos

Recortar el gasto en educación, asistencia social y sanidad ha pusesto de manifiesto algunas debilidades del sistema sanitario español.

El número de médicos y camas hospitalarias se ha reducido en los últimos años: desde la crisis económica de 2008, España ha perdido el 10,7% de sus camas hospitalarias. Concretamente, había 365 camas hospitalarias en funcionamiento por cada 100.000 habitantes, frente a las 320 de 2008 y las 297 de 2017, cuando la Organización Mundial de la Salud recomienda tener entre 800 y 1.000, un objetivo que solo cumple Alemania, lo que podría explicar en parte su baja letalidad en este país.

España también tiene diecisiete modelos sanitarios, uno por cada una de sus comunidades autónomas, y tampoco ha sabido coordinarlos adecuadamente.

Todo esto puede sonar raro si atendemos a los rankings que sitúan la de España como una de las sanidades más solventes del mundo. Sin embargo, esto solo ha sido un mito perpetuado por los estudios que le dan mucha importancia a nuestra esperanza de vida. En realidad, nuestra esperanza de vida depende de muchos factores, y si se elimina de la ecuación o se minimiza su importancia, entonces aparecemos mucho más atrás en todos los rankings. Por ejemplo:

  • Según la Commonwealth Fund, una fundación privada de EEUU dedicada a la promoción de la salud pública y la sanidad, no estamos ni entre los 20 primeros.
  • Según US News & World Report, estamos en el puesto 18.
  • Según Health Consumer Powerhouse, puesto 19.
  • Según un estudio publicado en 2018 en la revista The Lancet por el Global Burden of Disease, puesto 19.

La crisis de la COVID-19 ha dejado a la vista las flaquezas de nuestro sistema. Así que, una vez diagnosticadas, uno podría esperar que se tomaran cartas en el asunto para afrontar las siguientes olas. La peor podría llegar este otoño, pero en este mes de julio ya estamos experimentando un repunte extraordinario que demuestra que no hemos hecho los deberes.

Si echamos un vistazo a los países de nuestro entorno, Francia se plantea llevar a cabo un nuevo confinamiento; las autoridades de Alemania hablan ya de una "segunda ola"; Reino Unido ha decretado cuarentena a los viajes procedentes de España; Bélgica ha prohibido los viajes no esenciales a las provincias españolas de Lleida y Huesca; Países Bajos y Finlandia han impuesto una cuarentena de 14 días para los viajeros procedentes de provincias españolas con rebrotes, como Lleida, Lugo, Barcelona o Zaragoza.

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¿Segunda ola? Lo peor está por llegar

España, de todos los países que controlaron la epidemia, vuelve a ser el país donde más crecen los contagios tras haber relajado las medidas de confinamiento.

grafica rebrotes coronavirus julio 2020

La razón, de nuevo, es multicausal, pero una de las importantes es que no se haya contratado mayor número de rastreadores: a día de hoy aún tenemos menos de la mitad de los rastreadores necesarios para controlar la epidemia.

Según cálculos de un investigador de la Universitat Rovira i Virgili de Tarragona, el número óptimo de rastreadores sería alrededor de uno por cada 5.500 habitantes en España, es decir, unos 8.500 profesionales en total. Eso sería una cifra mínima. Sin embargo, Alemania ha determinado que son necesarios uno por cada 4.000 habitantes. Madrid, Cataluña y Asturias tienen menos de un rastreador por cada 30.000 habitantes, entre seis y siete veces menos de lo que estima necesario. Madrid, por ejemplo, tiene 10 veces menos rastreadores por habitante de los que hay en Alemania.

Tampoco se han comprado suficientes equipos, ni respiradores, ni mascarillas, ni se ha reorganizado la industria para ser capaces de producir materiales nacionales, ni se ha reforzado las plantillas de sanitarios, sobre todo en la atención primaria.

Ni siquiera sabemos muy bien lo que está pasando porque hay continuos bailes de cifras, atrasos en la actualización de las cifras de las comunidades autónomas (por ejemplo, el viernes Cataluña superaba los 50 hospitalizados diarios, 10 veces más que el dato del Ministerio de Sanidad). Parte del problema, según el analista de datos Kiko Llaneras, es que estamos usando herramientas de datos del siglo pasado para una pandemia del siglo XXI.

Seguimos, incluso, sin disponer de datos los fines de semana. La información que se publica sobre el virus más que aumentar se ha reducido. En Aragón, por ejemplo, algunos datos han pasado de frecuencia diaria a semanal. En Canarias dejaron de publicarse notas de prensa y en Euskadi desde hace varios días no se actualizaba el número total de hospitalizados. Muchos analistas y estadísticos tiran la toalla ante la escasa homogeneidad de los datos, lo que imposibilita establecer comparaciones útiles.

La situación no es tan grave como en marzo

En términos generales, no debería cundir el pánico (al menos no ahora) porque no estamos en la misma situación que en marzo. No estamos ante una segunda ola. Según aclara Margarita del Val, viróloga e inmunóloga española, e investigadora científica del CSIC:

En Lleida, por ejemplo es una oleada, es mucho más alta, el triple de alta o así, que la primera de marzo. En Huesca es una oleada nueva, es tan fuerte como la de marzo. En Barcelona es más baja, y han cortado antes. En Barcelona es un rebrote se puede decir, o varios rebrotes juntos.

El problema es que si ahora, dadas las circunstancias (buen tiempo, gente al aire libre, sin casos de gripe, etc.) los datos parecen ser los peores de cualquier otro país, en el otoño podría esperarnos, de nuevo, una ola más severa.

Sabemos que los brotes son muy dispersos y muy imprevistos. Necesitamos coordinación y armonización de datos. Empezar a prepararnos para lo que viene, que podríamos estar viviendo esta situación varios años más.

En la temporada otoño/invierno no vamos a tener la ayuda de una vacuna. De modo que, si no se debilita el virus o se pone en marcha otro factor que nos beneficie de algún modo, es muy probable que nos enfrentemos a una segunda ola de verdad. Los modelos pronostican diversos escenarios: por ejemplo, ola mucho más intensa en invierno de 2020 o hasta varias olas epidémicas durante un periodo de un par de años pasando por pequeños brotes sin un patrón claro.

Este julio y agosto es el segundo aviso de que lo estamos haciendo francamente mal.

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