La ciencia y la tecnología están listas para monitorizar nuestra fertilidad. No es lo que hace el Apple Watch

La ciencia y la tecnología están listas para monitorizar nuestra fertilidad. No es lo que hace el Apple Watch
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Apple lo ha vuelto a hacer. Sepultada entre la cantidad de novedades que traía el último evento, los de Cupertino han introducido mejoras en el sensor de temperatura del Apple Watch Series 8 con vistas a, mejorando la precisión del anterior, ofrecer información sobre el ciclo menstrual y de ovulación. Eso es una buena noticia y, sobre todo, una mala.

¿Temperatura? ¿Fertilidad? La temperatura basal está muy relacionada con el ciclo menstrual. Tanto que tradicionalmente ha sido uno de los sistemas más populares para a) predecir periodos de fertilidad, b) predecir periodos de baja fertilidad (y usarlos como método anticonceptivo) e, incluso, c) como forma de detectar un embarazo. Lo cierto es que no se trata del método más fiable del mundo porque, aunque esa relación es robusta, hay muchas variaciones fisiológicas que pueden alterar los patrones de aumento y disminución de la temperatura basal.

De hecho, en la mayoría de los casos, para ganar precisión, se combina con una monitorización de las secreciones cervicales durante el ciclo y con el registro de las hormonas en la orina. Sin embargo, con la aparición de sistemas de monitorización térmica permanente y a tiempo real, muchos investigadores, desarrolladores y emprendedores se han planteado si podremos mejorar la fiabilidad del sistema con toda esa información.

No obstante, eso no es lo que ha hecho Apple. Como dicen en The Verge, Apple ha sido muy cuidadosa con las palabras. La línea que separa esto de un producto que requiriera la aprobación de la FDA norteamericana (e, imagino, la EMA europea) es muy fina y, por supuesto, Apple ha decidido quedarse a aquel lado de la raya.

¿Cómo funcional el método de Apple? La función que ha planteado Apple tiene un funcionamiento muy sencillo: Toma la duración y características generales de los periodos anteriores y, esencialmente, le resta 13 días desde el inicio estimado del próximo ciclo del usuario para encontrar su ventana fértil. Ventana que dura, para la app, seis días. Sobre esa base, los usuarios pueden añadir manualmente otras informaciones (como los resultados de los tests de ovulación). Eso permite ajustar las predicciones y enviar notificaciones cuando el ciclo se 'desvía' de lo normal, pero tampoco hace milagros.

Y eso es una buena y una mala noticia. Mala porque, como dice Rebecca Simmons, especialista en fertilidad de la Universidad de Utah, “incluso si Apple dice que esto no debe usarse como método anticonceptivo [...] la gente lo utilizará como método anticonceptivo”. Y no, no está preparado para eso. La funcionalidad de Apple, si somos sinceros, se queda un poco a medias: ni siquiera recoge la última ciencia sobre el asunto. No es que sea algo incomprensible: pelearse con las estrictas normativas de los productos sanitarios es algo que, en fin, no pueden hacer bien ni las grandes (y, aparentemnte, todopoderoas) tecnológicas de nuestra época.

Pero, dando el paso para democratizar estos enfoques 'térmicos', hemos perdido la oportunidad de tener mejores dispositivos de monitorización y control del ciclo menstrual. Algo que, en los últimos años, cada vez despierta más interés. Y era el momento para hacerlo: cuando un actor como Apple entra en serio en un sector, lo pone patas arriba. Es más, muchas veces es preferible que ese empujón lo lidere alguien como Apple (con su posicionamiento sobre privacidad) que otros actores; mucho más problemáticos en este aspecto. Lamentablemente, aquí el empujón es no solo moderado; sino en algunos contextos contraproducentes.

¿Cómo podemos sacar todo el partido de lo que ya tenemos?. Esto es una cuestión que se repite en la aproximación de Apple en salud. De forma general, sus tanteos tienen mucho más potencial del que están dispuestos a concretar. Y, a medida que nos vamos acercando al punto de no retorno (ese punto en el que la medicina personalizada es una realidad inapelable), esa indecisión para entrar en el mundo de la salud se vuelve algo extrano: tranquilizador por un lado, pero desalentador por el otro.

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