Querían frenar la humedad en la Catedral Vieja de Salamanca y han acabado encontrando tumbas, un caldero romano y un posible templo anterior

En dos zanjas han aparecido restos que van de la época romana a finales del siglo XIX, incluido un sarcófago infantil encajado en la fábrica románica

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Isra Fdez

Editor

Si hablamos de ciudades donde es imposible cavar dos metros sin tropezar con una porción de historia, Salamanca está en el top. Según La Gaceta de Salamanca, en dos zanjas de menos de 12 metros de largo por dos de ancho, abiertas a los pies de la Catedral Vieja, han aflorado restos desde época romana hasta finales del siglo XIX. Son, para entendernos, 40 metros cuadrados: un estudio en el centro de Madrid, pero con aproximadamente 2.000 años de historia incluidos.

Dónde está lo romano. De todas las piezas, la más llamativa es un pequeño pero excepcional caldero de bronce romano, con su mango y asa decorada, ya custodiado en el Museo de Salamanca. Apareció en el costado norte de la capilla de Talavera, a pocos metros de la Torre del Gallo. Un metro y medio más abajo se toparon con un pavimento de guijarros bajo un lecho de tejas de un edificio arruinado y otras estructuras romanas. Los expertos creen que apuntan “a la existencia de un espacio representativo más allá de una mera residencia”. ¿Alguien dijo cementerio?

Y los sarcófagos. Sobre las ruinas apareció un muro con la misma orientación que la Catedral Vieja que, según el informe del arqueólogo Manuel Jiménez, podría haber pertenecido a un templo cristiano anterior, de la primera repoblación. Las sepulturas de la necrópolis de la catedral lo cortan, y entre ellas destaca un sarcófago infantil situado más hondo que el resto y encajado en la fábrica románica. Podría vincularse a un templo previo al actual, aunque esa tesis es objeto de discusión histórica. Lo que está claro es que no es romano.

La sacristía fantasma. Todavía hay más: en la otra zanja, junto al lado este, aparecieron cerámicas bajomedievales mezcladas con otras romanas y parte de un pináculo desechado durante la construcción de la catedral. También salieron los cimientos de la sacristía de la capilla de Talavera, de los siglos XV o XVI y desaparecida a finales del XIX, con piedra labrada de aspecto renacentista reutilizada en uno de sus muros. 

De hecho, hay un detalle para historiadores: lo que hoy se llama “Casa de la Cabeza” sería un error, porque ese era el nombre del edificio derribado en el siglo XIX, y no el actual. Junto a la fachada norte han aparecido además las que parecen las primeras trazas de la capilla de San Salvador, del primer cuarto del siglo XIII.

Por qué aquí. El Teso de las Catedrales fue el segundo cerro habitado de la ciudad, después del Cerro de San Vicente. Con los romanos, Salmantica se reorganizó y se limitó a este teso, abandonando San Vicente. Aun así, Salamanca no puede presumir de Roma (como sí pueden hacerlo Cartagena o Zaragoza). La Gaceta explicaba hace dos años que la ciudad apenas conserva monumentos romanos más allá del Puente Romano, por la profunda remodelación medieval y renacentista, y que es un auténtico “campo de minas” de hallazgos. Eso explica por qué el caldero resulta tan atípico.

Lo irónico es que esta excavación se hizo para construir una cámara de aire subterránea que acabara con la humedad por capilaridad en los muros exteriores de la capilla de Talavera. La amenaza más inmediata de esta zona, de hecho, no son los siglos: el Patrimonio ha pedido al Ayuntamiento que cambie el riego, cuyos aspersores apuntan a los sillares de arenisca del Patio Chico y disparan la humedad del suelo. 

Pero así es: resistir a Roma, a los godos y a Lisboa, y que te afecten unos aspersores. Por suerte, ya hay dispositivos instalados para controlar la humedad antes de que las lluvias de otoño vuelvan a hacer de las suyas y puedan provocar incluso desprendimientos.

Piedra sobre piedra. Cada cierto tiempo, una obra en torno a una catedral sirve de ventana al pasado. En Pamplona, las excavaciones junto a la catedral han llegado a cinco metros y han revelado una puerta más antigua y restos romanos, como fragmentos de sigillata y alguna moneda. En Málaga, una cata para colocar una grúa en la catedral destapó restos de hace 5.000 años y mostró que la ciudad es mil años más vieja de lo pensado. Aunque más famoso fue el caso de la excavación en la explanada de Notre-Dame, a cuatro metros. Dieron con Lutecia, un denso barrio romano de los siglos IV y V.

Qué falta. Según el informe presentado ante la Comisión Territorial de Patrimonio, no se pueden precisar fechas. Falta estudiar las piezas y decidir qué hacer con lo encontrado, con la restauración de la capilla en marcha. Y queda la pregunta que más interesa: si había un templo cristiano anterior a la catedral y si el niño del sarcófago tenía que ver con él. De momento, el caldero ya está en el museo y el niño, en su sarcófago, sigue dando que hablar.

Imagen de portada | Flickr

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