
Creo recordar que con la Mega Drive sentí por primera vez esa sensación de “quiero esa consola a toda costa”. Por aquel entonces yo tenía una Vectrex, un MSX (un Hit-Bit de Sony, para ser un poco más exacto) y una Sega Master System. Un día, mientras le echaba un vistazo a una Hobby Consolas, me topé con una página que llevaba publicidad de una nueva consola de color negro y, si no me falla la memoria, aparecían junto a ella algunas capturas del ‘Altered Beast’, uno de mis juegos arcade favoritos por aquel entonces.
Nunca llegué a tener una Mega Drive. Aquella página de publicidad me impactó, yo quería volver a disfrutar de ese ‘Altered Beast’ desde casa (la máquina donde o había jugado estaba a cientos de kilómetros de mi hogar, en el pueblo donde iba a veranear), pero a los 14 o 15 años, que son los que tendría por esa época, no sabía lo que era tener un sueldo ni nada por el estilo. Tampoco insistí, las máquinas que tenía en casa me daban unas buenas horas de entretenimiento de vez en cuando.



