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CES 2010, inicio y muerte de los televisores 3D

CES 2010, inicio y muerte de los televisores 3D
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Hoy en Xataka empezamos un nuevo especial dedicado a los gadgets con pantallas tridimensionales. El 3D, pfff; estaréis pensando. Pues sí, un especial que hace cuatro años hubiera tenido un planteamiento completamente diferente ya que hoy hablamos de su declive.

Hay muchas claves para entender el fracaso del 3D como tecnología. Todo empezó en el 2010, concretamente en Las Vegas. Un carro lleno de televisores corría sin frenos a lo largo del CES. Un carro destinado a tener un accidente y caer en el olvido.

El año 2010 y el efecto Avatar

En el 2009, James Cameron estrenó el taquillazo Avatar. Mucho se ha hablado de ella y aunque las opiniones sobre el film son bastante diversas hay una realidad que no se puede obviar: fue el impulsor del 3D para llegar al gran público, pero de este fenómenos hablaremos en otro episodio.

Además de darle un empujón a la tecnología, también sirvió para llevar las tres dimensiones al formato doméstico. La fuerza de este fenómeno fue tal que muchos fabricantes entraron en un estado febril, un calentón. Ellos tenían el pálpito de que el 3D iba a ser disruptiva.

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No es la primera vez que la industria se vuelve loca con una innovación de este tipo. Al caso, todo el mundo empezó a contactar a los fabricantes de componentes (LG, Sharp…) para introducir las pantallas 3D en todo tipo de gadgets.

Los primeros no podían ser otros que los televisores. Era un paso obvio, de la gran pantalla a la pequeña. De este modo, en la edición del 2010 del CES llegaron como si fuera una legión, o una plaga más bien. Las principales compañías del sector tenían su modelo de marras.

Algunas con gafas activas, otras con pasivas. Más adelante algunos se atrevieron con el 3D sin gafas en un intento por destrozar nuestros ojos, pero de esto último también hablaremos más adelante. CES, un montón de televisores, miles de periodistas y profesionales probando estas televisiones.

Sin embargo, la impresión de la prensa especializada por aquel entonces fue bastante templada. La tecnología funcionaba bien pero había perdido el toque mágico que tenían las salas de cine. No importaba, el carro seguía sin frenos moviéndose cada vez más rápido.

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La industria de contenidos también se volcó en este fenómeno. Películas, documentales, todo en 3D. Hasta el contenido más insustancial se había ganado la dimensión extra. De hecho, algunas empresas lanzaron aplicaciones para convertir contenido 2D en 3D. Una locura.

2013, ah sí, esa tele tiene 3D

Pasaron los años, un puñado de ejecutivos de marketing se aferraban a un montón de power points con los que intentaban justificar un presunto incremento de las ventas de televisores 3D. De hecho, estaban aumentando pero por otros motivos.

El gran público no estaba interesado en el 3D. No era cómodo llevar las gafas durante un rato, cansaba la vista, muchas veces el contenido no justificaba añadir la tercera dimensión. Sin embargo, el optimismo no se perdía y siguieron echando leña al fuego.

Sony Bravia

Sin embargo, este carro un día se paró. Fue un accidente brutal, fue silencioso en el mundo de los televisores (que no en el de contenidos). Su cadáver se arrastraba como una función más. “Sí, es una Smart TV. Ah, también tiene 3D…” La inversión había sido grande y total, añadir una función más no suponía demasiados costes.

El 2013 ha sido el año donde el 3D ha empezado a morir, donde toda esa manada de televisores dispuestos a revolucionarlo todo han acabado siendo actores secundarios. El optimismo había muerto y sólo se escuchan gritos de dolor cuando alguna compañía anuncia eventualmente que no seguirá dando soporte a esta tecnología. ESPN y BBC ya lo han hecho por ejemplo.

La gente no está interesada y el valiente esfuerzo de la industria se dio un batacazo por la ceguera que les impidió ver hace tres años cuál era el panorama actual. Avatar fue un one hit wonder en cierto modo, ninguna película 3D (haciendo foco en esta tecnología) ha sido tan exitosa.

El 3D en casa está muriendo y, como otras tecnologías, ha sido un fracaso más. Sin embargo, esta es sólo una de las cuestiones que trataremos en este especial. En las próximas entregas veremos el problema desde otros puntos de vista.

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