443 kilómetros, una compacta con el sensor manchado e insistencia: la historia tras el récord mundial de fotografía lejana

443 kilómetros, una compacta con el sensor manchado e insistencia: la historia tras el récord mundial de fotografía lejana
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Hace un tiempo nos fascinaba una fotografía de los Alpes hecha desde los Pirineos, a 381 kilómetros de distancia. Una locura que hizo posible la paciencia y la técnica de sus autores (españoles), y también el progreso que la fotografía está experimentando en los últimos años a nivel de hardware y objetivos.

Dijimos que estaríamos pendientes de si se lograba sobrepasar la barrera de los 400 kilómetros y posteriormente se logró, aunque el récord mundial de fotografía lejana se lo llevó específicamente Mark Bret Gumá, uno de los cuatro de aquella ocasión anterior. El escenario, eso sí, volvió a ser la distancia entre estas dos cordilleras europeas.

Una cámara compacta con un manchurrón en el sensor

Era 2014 cuando Mark, junto a Juanjo Diaz de Argandoña, Jordi Solé Joval y Marcos Molina (éste último no subió, pero les apoyó durante todo el proyecto), lograba su (primera) hazaña fotográfica en las montañas que separar la Península Ibérica del resto de Europa. Aunque como ya dijimos, una foto a tal distancia no sólo requiere un equipo adecuado y saber de fotografía, es un trabajo que exige destreza también en física e incluso meteorología.

La alegría no llegó a durar demasiado, cuando en 2015 Roberto Antezana y Patricio Carvajal (astrofotógrafo y geógrafo respectivamente) aseguraron el récord en Argentina, concretamente desde la cumbre más alta de la Sierra de San Luis hasta el cerro Mercedario, 384 kilómetros. Tan sólo 3 kilómetros más de distancia que en el anterior récord.

No parece que a Bret le pudiese el desánimo, sino todo lo contrario. De hecho, más adelante incluso puso en duda el logro de Antezana y Carvajal.

En 2016 Mark retomó la misión de lograr la fotografía más lejana (de la que se tiene constancia, al menos) y decidió hacerlo, de nuevo, desde los Pirineos. Explica que la elección del pico Finestrelles (Pirineo de Girona) no era casual, dado que calculó que era el eje visual más largo posible de todo el territorio europeo para el coeficiente medio de refracción atmosférico contemplando un gran espectro de distancias. Este factor, como ya explicamos cuando el anterior récord, es esencial para que estas fotografías sean físicamente posibles.

Alpes

Este punto (o puntos), según estudió, le pareció la más propicias incluso frente a puntos como el Himalaya o el Kilimanjaro. De hecho, antes de encaramarse por la montaña catalana por primera vez con Juan, Marcos y Jordi, hizo numerosas simulaciones panorámicas para asegurarse de que la fotografía podría ser posible, aunque en aquella ocasión Fue desde el pico Canigó (fotografiando Sommet de Chabrierés, en los Alpes).

La fecha tampoco iba a ser casual, sino que la calculó de nuevo estudiando la meteorología de la zona y la posición del Sol según la época del año. Al fin y al cabo, había que esquivar al máximo el factor climático, y a diferencia de cuando sucede un eclipse, en este caso la fecha podía ser variable, como cuando haces tu apuesta a la hora de cazar auroras boreales. Por tanto, el requisito estaba claro: transparencia atmosférica.

Finalmente, julio fue el mes elegido, dado que pese a no ser el más favorable de cara a la transparencia sí está su sol como factor favorable, y por esas fechas estaría en posición azimutal cercano al des Ecrins, el punto de los Alpes elegido para la fotografía. Y para algo de compañía esta vez recurrió a su amigo Marc Larroya, así que ya tenía su planificación y un compañero de escalada y acampada.

Así, el 16 de julio de 2016, los amigos de nombre homófono se plantaron en el Finestrelles para cazar la Barre des Ecrins (un pico de 4.102 metros) en los Alpes y así fue, reto conseguido. El equipo constaba de una Panasonic Lumix FZ72 que tenía desde hace unos años, incluyendo, según detalla, una mancha en el sensor (cuando pasa esto en la fotografía salen motas, como cuando miramos a través de la ventana y ésta está sucia por algún salpicón antiguo).

Lo curioso, además, es que no llevó trípode. Se apañó con algunas piedras para apoyar la cámara (aquí empatizo con él, yo suelo llevarlo bastante obligada y suelo apañarme como él dice que hizo).

Poco después llegó el récord oficialmente, el cual de momento no ha sido superado. Bret dispuso su galería de fotos de aquel día en Flickr, con algunos montajes indicando los picos de las instantáneas.

Como curiosidad, la foto del récord se tomó con ISO 100, velocidad de obturación de 1/250 segundos y el objetivo integrado (de focal variable), ajustándolo a 1.200 mm equivalentes en 35 mm con una apertura de f/2.8. Es un planteamiento completamente distinto al que se haría para fotografiar estrellas, algo lógico teniendo en cuenta de que se trata de instantáneas totalmente distintas.

Una curiosa historia tras esta fotografía de récord que a quienes somos fotógrafos (muy) aficionados nos deja muy buen sabor de boca y quizás a alguien le renueve las ganas de tomar la cámara (o el móvil) e intentar esa foto fetiche o aspiracional si tras algún intento quedó en el tintero. Si a Marc no le hizo falta invertir en un nuevo y complejo equipo, quizás a nosotros tampoco.

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