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Sin luz no hay vida: la electricidad sigue siendo capaz de revolucionar el mundo

Sin luz no hay vida: la electricidad sigue siendo capaz de revolucionar el mundo
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Que la energía eléctrica cambió el mundo es algo obvio: la vida en el hogar fue esencialmente idéntica hasta finales del siglo XVIII. Cuando el sol se despedía, con él se iba gran parte de la vida social y las actividades cotidianas.

Fue con la introducción de la luz eléctrica en las ciudades cuando se plantearon nuevos modelos. Una herramienta que propició una transformación completa en nuestra forma de ver y entender nuestros trabajos, y nuestra vida en familia.

Light is life

Sin luz no hay vida. Así de contundente podemos escuchar en el vídeo de cabecera a varios miembros de la comunidad africana implicados con Uncharted Play. Y esto mismo pensó Jessica O. Mattheus, su CEO y diseñadora de Soccket Ball. Pero antes, demos un par de pasos atrás: ¿qué es Uncharted Play?

El 70% de la población del África Subsahariana no tienen acceso a una red eléctrica convencional

Mattheus cuenta cómo un día, con apenas 17 años, se fue la luz en mitad de la boda de su tía, algo bastante típico en Nigeria, donde la energía eléctrica es inestable —el 70% de la población del África Subsahariana no tienen acceso a una red eléctrica convencional—. Mientras el resto de huéspedes esperaron a que trajesen un generador diésel, despreocupados por el olor tóxico, Jessica creía que una opción más segura y práctica era posible.

Tan solo dos años después ya había creado el invento. Tras su paso por Harvard, en una brainstorming con amigos, se le ocurrió la idea de Soccket, un balón-generador de energía que aprovecha la energía cinética para cargarse. Conectando un acople con LEDs a la válvula del balón, este podría convertirse en una lámpara funcional. Si tienes un balón, tienes luz. Así de simple.

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4.3 millones de muertes prematuras son atribuidas a la contaminación del aire en hogares

Este balón se enfrenta directamente una problemática estructural. Elude usar combustibles fósiles para generar energía: es, en palabras de Mattheus, «una solución inmediata a una necesidad a corto plazo». Y en el mundo 2.800 millones de personas utilizan madera, carbón u otros tipos de biomasa para cocinar, calentarse y hacer vida diaria.

¿Qué problema hay con los combustibles fósiles? Bueno, a parte de los obvios, de la inmediata contaminación del aire y la extinción de recursos, la OMS documenta 4.3 millones de muertes prematuras a causa de «enfermedades atribuidas a la contaminación del aire en los hogares, como consecuencia del uso de combustibles sólidos para cocinar».

¿Soluciones? Se llama sostenibilidad

Tadooba

Vivimos un aumento del 26% en energías renovables generadas a nivel mundial en el año 2016. Un repunte del 13,2% respecto a 2012. Si miramos hacia atrás y recordamos los tiempos predichos por documentales ensayísticos como ‘Corporación’, con aquel poso fatalista en el que la sociedad contemporánea se despeñaba por el precipicio de la idiocia, no, no estamos tan mal.

El aumento de las industrias eólicas y solares han generado una tasa de crecimiento de empleo del 20%, un crecimiento doce veces más rápido que el resto de la economía de Estados Unidos, una país que desde inicios de 2010 marca cifras a la baja hasta el actual 4,7% en tasa de desempleo. No es un nicho, es un mercado completo que progresivamente ha de sustituir al viejo esquema del carbón y el crudo.

En Uganda, por ejemplo, la tadooba, una lámpara tradicional de queroseno que ilumina el 95% de los hogares del país, genera un humo denso y oscuro que termina por pintar los techos de todas las viviendas. Casi 20.000 niños mueren cada año debido a neumonías derivadas por la contaminación en sus viviendas. En un país donde menos del 5% cuenta con acceso a hidroelectricidad, su Rural Electrification Strategy Plan 2013-22 se antoja no tanto una opción de futuro sino un paso imprescindible.

La electricidad, por suerte, no depende solo de los combustibles fósiles. La turbina de engranaje inventada por Charles Algernon Parsons en 1884 aún es una de las principales fuentes de producción energética.

La primera gran revolución

Ruta Telegrafo Verne 1400x600

Mapa de las diferentes rutas planeadas para el gran telégrafo submarino transatlántico

¿Y qué hubo antes de todo esto? Velas, lámparas de aceite y luces de gas. Incendios accidentales y mucha contaminación. Fue Humphry Davy quien desarrolló la primera luz incandescente en 1802. Después patentó su luz de arco, en 1806. Aún quedaba bastante para la primera red eléctrica comercial usando filamento de bambú carbonizado, un invento de Alva Edison que en 1878 puso la industria patas arriba.

Uno de los primeros grandes cambios se produjo en el mundo de las comunicaciones, gracias al telégrafo

Si la Primera Revolución industrial la condujo el vapor, de la mano de máquinas como la Newcomen, la segunda devino gracias a la electricidad. Uno de los primeros grandes cambios tuvo lugar en el mundo de las comunicaciones, gracias al telégrafo de Samuel Morse y Alfred Vail.

Morse dedicó toda su vida a este invento, hasta lograr en 1843 una financiación con la que dirigió la construcción de una línea de 60 kilómetros entre Baltimore y Washington.

El éxito fue inmediato: varias décadas antes de que la radio fuese una realidad, las compañías de telégrafos crecieron como la espuma y en 10 años se convirtieron en una de las industrias más sólidas. El 16 de agosto de 1858, tras un puñado de intentos previos, se ponía en marcha el primer cable de telégrafo trasatlántico. Si antes un mensaje tardaba unos 10 días de navegación, ahora se podía transmitir este mismo mensaje en menos de seis horas.

La primera bombilla

Bombilla

Por aquel entonces había nacido una nueva disciplina en la educación: la Ingeniería Eléctrica. Pronto, los trabajos de Georg Ohm, Michael Faraday y Clerk Maxwell darían pie a otra gran revolución: la primera lámpara eléctrica, uno de los inventos modernos más usados por la humanidad.

La bombilla es uno de los inventos modernos más usados por la humanidad

Fue el 21 de octubre de 1879, aunque tan solo se trató de un recodo en una extensa retahíla de patentes y descubrimientos. Su bombilla brilló ininterrumpidamente durante dos días, con una potencia que multiplicaba por cien la luz generada por una vela.

Pero aún habría de mejorar el invento notablemente por un problema capital: el calor. Menos del 3% de la energía de una bombilla de filamento se transforma en luz, el resto termina en forma de calor residual. Aun así, al menos serviría para otro escenario donde los cambios se estaban produciendo con idéntica celeridad: las calles de las ciudades.

El oxígeno de la literatura

Arthur E Grimshaw The Strand 1899

The Strand (Arthur E. Grimshaw, 1899), representación pictórica del Londres de finales de siglo

Son prácticamente inexistentes los informes que sentencien en firme que a más luz en las calles se cometerán menos delitos. El Grupo de Investigación de Contaminación Lumínica de la Complutense de Madrid ya demostró que España, marcando un récord europeo de consumo energético en alumbrado público, no posee menores ratios de criminalidad que ciudades más “oscuras”.

Un buen alumbrado público suele ir asociado a una buena «salud económica»

Pero esto no fue así en el pasado: el latrocinio era común, la penumbra reinaba hasta en el corazón de las ciudades. De hecho, aún se registran más hurtos en las periferias, peor iluminadas, que en las zonas céntricas de las ciudades. En las capitales de Europa, entre farola y farola, alimentadas por gas, había una distancia de 25-35 metros. No, no se buscaba la uniformidad, una lux de media alta ni nada de esto: básicamente se alumbraba para que los habitantes no se perdiesen.

La conclusión general dice, en cualquier caso, que más luz otorga una mayor sensación de seguridad. Una percepción que confirman hasta los cuerpos policiales. Y una buena iluminación es sinónimo de buena «salud económica». El resto es literatura victoriana.

Ctbulb La bombilla centenaria del cuartel del Cuerpo de Bomberos de California, operativa desde 1901

Y de la agricultura

La agricultura demanda muchísimos recursos. Sistemas de riego, mecanización, distribución… Como recoge ‘Medio ambiente y desarrollo sostenible’ (Paolo Bifani, 1999), «la agricultura norteamericana absorbe el 6% de toda la energía consumida en Estados Unidos», más un 5% extraordinario en sistemas de distribución y preparación. Las torres de telecomunicaciones en India consumen 2.000 millones de litros de diésel al año.

Desde entonces se ha incrementado el consumo energético, pero la relación producción-gasto ha ido reduciéndose desde la década de los setenta, cuando el aumento en el precio del petróleo incentivó la búsqueda de métodos más eficientes.

Agricultura

En zonas rurales del norte de India como Uttar Pradesh, un distrito donde menos del 10% de los hogares está conectado a red eléctrica, la electricidad está demostrando una eficacia capital. De consumir 2.200 rupias (35 dólares) en diésel, a reducir en un 40% estos costes. De tardar siete horas con una bomba de regadío, a 3 horas con una bomba eléctrica, según declaraciones recogidas por la Rockefeller Foundation por voz de agricultores, para su proyecto Smart Power.

Buscando nuevos horizontes

Soccket Ball Lighting

La electricidad fue considerada durante milenios un acto de magia. Cuando Tales de Mileto comprobó, en el año 600 a.C., las propiedades eléctricas del ámbar —ámbar en griego es “electrón”—, atribuyó a este propiedades místicas. A comienzos del siglo XVIII, la electrostática aún formaba parte de la fenomenología.

Una quinta parte del planeta vive a oscuras. 1.500 millones de personas. En países como Malawi, donde se ven obligados a cargar el móvil con barro, la electricidad de nuestro presente es su futuro. Y ya no hablamos de la consola o el PC, ni de la lavadora, sino de cocinar, de mantener los alimentos refrigerados, de tener luz para estudiar cuando se pone el sol.

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Ideas como el Soccket Ball de Jessica O Mattheus convierten conceptos básicos en realidad muy prácticas. Han pasado nueve años y Uncharted Play cuenta con más de 15 patentes basadas en MORE (Motion-based Off-grid Renewable Energy), su tecnología basada en energía cinética. El fútbol, uno de los deportes más famosos del mundo, es una buena puerta de entrada. Aunque es solo una de las muchas alternativas: allá donde se aplique con virtud, la electricidad seguirá siendo capaz de revolucionar el mundo.

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