OpenAI ha perdido a Sam Altman, pero se juega algo más importante: una valoración de 86.000 millones de dólares

  • La startup estaba preparando una oferta pública de acciones junto a Thrive Capital

  • Sus empleados iban a poder vender sus acciones valorando a OpenAI en $86.000 millones

  • Ahora ese movimiento está en peligro

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El sorprendente despido de Sam Altman por parte de OpenAI está dejando varias consecuencias tempranas y habrá que ver cuáles quedan a largo plazo, pero de momento el exCEO ha fichado por Microsoft y la transición tranquila que preveía la startup ha saltado por los aires, hasta el punto de haber negociado el regreso de Altman unas horas después de su despido y haberse encontrado con un requisito duro: solo volvería si toda la junta renunciara.

Además de eso, la solidaridad entre pesos pesados en la empresa se hizo patente con las sucesivas renuncias de varios de ellos, con Greg Brockman a la cabeza. Hasta Mira Murati, designada como CEO interina, mostró su apoyo público a Altman. La junta acabó acordando dimitir, emplazando las negociaciones al momento en que se designara una nueva.

Pero aquí no han terminado los problemas, solo han empezado. Y no solo está en juego el futuro de OpenAI, sino también una operación que estaba en desarrollo y ahora queda en el aire.

Operación en riesgo... y de menor cantidad si acaba saliendo

Según The Information, OpenAI tenía planificada una venta de acciones por parte de sus empleados liderada por Thrive Capital. Ya informó de este movimiento un mes antes del despido de Altman, la semana pasada se encontraba en su fase final y se esperaba completarla en pocas semanas, ya en diciembre, pero antes de que terminase el año. NBC añade a la ecuación a Tiger Global junto a la propia Microsoft.

Esa oferta pública de acciones iba a dejar a OpenAI, que no cotiza en bolsa, con una valoración de unos 80.000 millones de dólares, si bien la última cifra revelada por The Information la dejó en 86.000 millones de dólares, una cifra similar a las capitalizaciones bursátiles de Airbnb, Shopify o Micron, que sí son empresas cotizadas.

Ahí va una gráfica para contextualizar esta valoración frente a la que tiene una selección de empresas cotizadas:

Ahora esta operación está en peligro. Tres empleados de los que iban a participar en el movimiento revelaron al medio que publicó la exclusiva que ya no esperaban que este cristalizara. Y si lo hacía, sería a otro precio, pues la valoración de la empresa ya no sería la misma, sino menor.

Las valoraciones de empresas no cotizadas se calculan por el valor pagado por un porcentaje de sus acciones. Se multiplica por el total de las acciones, y de ahí sale la cifra. Como en el mercado bursátil, pero mediante las ventas controladas y puntuales o a través de las rondas de inversión en la que entran nuevos socios en la empresa.

Y al igual que en la bolsa (y de hecho, más), esas valoraciones no dependen únicamente de sus finanzas, sino también de las expectativas futuras, motivo por el que hay startups, sobre todo en la década pasada, valoradas en mucho dinero pese a que nunca habían ingresado un dólar, o pese a que lo habían ingresado, pero siempre cerrando todos los años en números rojos.

Por dar un caso práctico, es lo que ocurrió con Tesla hace unos años, cuando pese a no ser rentable y pese a no vender demasiados coches tenía una valoración muy superior a la del resto del mercado, combinado. Daimler, Toyota, Honda, Ford, General Motors o Volkswagen estaban muy por delante de Tesla en ventas unitarias y en facturación, pero las expectativas sobre el futuro de Tesla le hicieron ser mucho más valorada que a todas las demás juntas.

Desconocemos las finanzas de OpenAI al no ser una empresa cotizada y por tanto no tener la obligación de hacerlas públicas trimestralmente, pero esa valoración de 86.000 millones de dólares se hizo a partir de la cantidad que estaba dispuesta a pagar el mercado por hacerse con un porcentaje de su accionariado. Con el terremoto de este fin de semana y la incógnita de su liderazgo, es muy posible que estas expectativas se reduzcan, y por tanto también lo haga esa valoración.

OpenAI se ha convertido en la startup más popular del planeta desde que lanzó ChatGPT en noviembre de 2022 y cambió la forma en que el mundo mira a la Inteligencia Artificial. Casi un año después de aquel momento clave, se enfrenta a su primer obstáculo serio de verdad en esta etapa.

Y más allá del cambio de CEO y de las consecuencias que pueda tener el salto de Altman a Microsoft, está también en entredicho la valoración que iba a lograr y el premio que iban a encontrar sus empleados, que ahora será presumiblemente inferior. Un despido con muchas consecuencias.

Imagen destacada | Xataka con Midjourney.

En Xataka | Sam Altman tiene claro que "hay trabajos que van a desaparecer, y punto". Lo que no está tan claro es cuáles.

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