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Sable de luz

Llegamos casi al final de este especial sobre gadgets de película que han llegado de una u otra manera al mundo real y no podemos dejar a un lado el juguete que muchos niños de 5 a 40 años desearían ver hecho realidad: el sable láser.

Espadas luminosas ha habido muchas, pero Francis Ford Coppola dió totalmente en el clavo al sugerir a George Lucas la posibilidad de que los caballeros Jedi en La guerra de las Galaxias fueran armados con una especie de espadas de energía capaces de cortar cualquier cosa salvo, generalmente, otra espada similar. Coppola no imaginaba la cantidad de dinero que iba a dar esa idea en merchandising.

A vueltas con la luz

Definidos incorrectamente por un problema de traducción como ‘sables láser’, las armas Jedi son en realidad un dispositivo capaz de emitir un haz luminoso muy caliente, fino y limitado en extensión, y aquí es donde empiezan los problemas.

Sable de luz

Sin entrar en la fantasiosa descripción de cómo se fabrica un sable de luz Jedi, con sus cristales exóticos y aleaciones desconocidas, el primer problema al que nos enfrentamos en el mundo real es que, por puras leyes de la física, la luz no es algo que pueda detenerse por sí sola un metro más allá de su origen.

Basta sujetar un puntero láser para comprobar que la luz, sea láser o de otro tipo, tiende a seguir su camino hasta que se pierde. Si fueramos capaces de construir un dispositivo de bolsillo capaz de emitir un láser lo suficientemente potente como para cortar acero (en la actualidad ese tipo de cañones láser van unidos a un generador del tamaño de un sofá) pasaría lo mismo. Nuestra espada sería infinita y, por ende, bastante incómoda de manejar.

De la luz al plasma

Por otro lado, la luz, sea láser o de otro tipo, rebota sobre las superficies reflectantes como espejos o metal pulido, y no siempre lo hace en el ángulo previsto. Para rematar, un sable de luz no sería capaz de detener el haz de otro sable. De nuevo, basta cruzar dos punteros láser para ver que no ocurre nada. Esta ineficacia del láser como arma de parada se debe al principio de superposición de Huygens, por el que la luz superpone sus frecuencias en medios no lineales como el aire.

Limpieza por láser

Comprobado que el láser no nos va a ayudar a crear el peligroso juguete de nuestra infancia, algunos teóricos han especulado con la posibilidad de utilizar plasma para crear nuestro sable de luz.

En esencia, el plasma es definido como el cuarto estado de la materia. Este fluido se obtiene al hipercalentar un gas compatible hasta el punto de que sus átomos se mueven tan rápido que pierden los electrones al chocar entre sí. A este proceso se le llama ionización, y puede tener lugar en un contenedor como ocurre, por ejemplo, en las celdas de los televisores de plasma.

Existe, pero no es muy seguro

El plasma se comporta de forma similar a un gas en el sentido de que puede ser retenido en un contenedor adecuado. Incluso es posible retener la reacción mediante campos electromagnéticos. En teoría, sería posible generar una lámina de plasma de un metro de largo capaz de cortar casi cualquier material mediante campos electromagnéticos que comprimieran el plasma con esa forma.

El problema es que en su virtud tiene también su defecto. El plasma corta precisamente porque alcanza temperaturas de decenas de miles de grados que en la naturaleza sólo encontramos en el sol. Cualquier persona que empuñara eso necesitaría una protección más que importante. Eso por no mencionar la energía que hace falta para generar el plasma, dar potencia a su jaula de contención electromagnética y alimentar un circuito de refrigeración.

Corte por plasma

Para terminar con la lista de problemas, el contenedor electromagnético del plasma se vería afectado por campos magnéticos. Bastaría con tirar un imán de nevera al sable de plasma para que el contenedor alterara su forma dejando escapar el plasma y probáblemente achicharrando vivo a su portador.

En la actualidad, el plasma es un tipo de tecnología más usado de lo que parece. De la soldadura TIG con gas inerte y tungsteno nació el corte de metales por plasma al concentrar y calentar más el gas en su salida. Algunas instalaciones industriales también utilizan cañones de plasma para proyectar sustancias químicas con las que cubrir superficies a nivel casi molecular. El láser, por su parte, también se utiliza como herramienta de corte por calor o para limpiar superficies.

Los cañones de plasma más grandes son capaces de generar chorros de plasma de un metro, pero consumen miles de kilovatios de energía y necesitan un circuito de refrigeración y contención del tamaño de una habitación. La tecnología para hacer un sáble de luz ya existe, pero nos tememos que pasarán décadas antes de que encuentran la manera de miniaturizarla y una fuente de energía tan potente como pequeña.

Más información | Francis The Mule News | Wikipedia | Clean Laser

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