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Gato de Google

Dicen las malas lenguas que internet, en realidad, es un medio creado por los seres humanos para poder compartir fotos y videos de mininos. Siguiendo esta peculiar idea no es de extrañar que la primera palabra que haya aprendido por sí misma una inteligencia artificial haya sido precisamente: ‘gatito’.

Hace varios años, los investigadores de Google Andrew Y. Ng y Jeff Dean comenzaron un proyecto para crear una simulación del cerebro humano que fuera capaz de pensar y aprender por si misma. Para ello diseñaron una red neural de 16.000 procesadores, dotada de un algoritmo de aprendizaje que trata de emular al de una persona.

A continuación entregaron a la ‘máquina’ 20.000 imágenes aleatorias y sin catalogar tomadas de 10 millones de vídeos de Youtube y la dejaron suelta en internet. Contrariamente a lo que ocurre en el cine, donde la inteligencia artificial suele acabar decidiendo que los humanos son una amenaza para su seguridad, la máquina de Google aprendió, sin que nadie se lo indicara, su primer concepto abstracto, y este no es otro que ‘gato’. La red neural llevo a sus ‘padres’ una imagen sintética del concepto que ella misma había ideado sin mediación humana.

La investigación confirma que los procesos por los que una red neural de ordenadores aprende conceptos son en realidad muy similares a los de un niño pequeño. La repetición y relación de unas ideas con otras es lo que hace que se vaya formando el lenguaje y la inteligencia.

El proyecto de Google es importante porque abre nuevas vías de investigación en campos como el reconocimiento del lenguaje, traducción y reconocimiento visual de objetos.

También es cierto que esta primera ‘Skynet’ es muy rudimentaria. Por muchos 16.000 procesadores que tenga, el cerebro humano es millones de veces superior comparativamente hablando. Los investigadores del proyecto creen que aún hay que perfeccionar el algoritmo pero que, aumentando la escala de computación en nube que lo alimenta, estarían en condiciones de crear una red neural a escala ‘humana’ hacia finales de esta década. Esperemos que para ese entonces sus únicos intereses sigan siendo los gatitos.

Vía | The New York Times

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