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Si está tan claro que no funciona, ¿por qué sigue habiendo homeopatía?

Si está tan claro que no funciona, ¿por qué sigue habiendo homeopatía?
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Ayer vivimos la enésima polémica sobre la homeopatía. Lo contaba Ángela Bernardo para Hipertextual, pero quizá el mejor resumen de la rueda de prensa de Boiron ayer en Madrid es el titular de Antonio Villareal en El Español: «La homeopatía se pone seria y el público se ríe». Y a carcajada limpia. Tras la cancelación del máster de Homeopatía de la Universidad de Barcelona, las declaraciones de la directora general de la mayor compañía homeopática reconociendo que no saben como funcionan sus productos han sido la puntilla. Da la sensación de que ya hemos respondido a todas las preguntas que hay sobre la homeopatía y sólo queda reír o llorar.

Pero, al menos, falta una. Una importante: si está tan claro que no funciona, ¿Por qué sigue existiendo la homeopatía? ¿Por qué hay más de 10.000 médicos que la usan? Es más, ¿Por qué el Colegio de Médicos de Barcelona tiene hasta una sección entera dedicada a ella? ¿Por qué se sigue vendiendo? Es más, ¿Cómo es posible que mueva un mercado de más de 10.000 millones de euros?

A vueltas con la homeopatía

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La homeopatía pretende ser un tipo de 'medicina alternativa' basada en en la idea de que las mismas sustancias que causan enfermedades pueden sanarlas también. Y de que el agua, en cierta forma, tiene "memoria": de esta forma pueden diluir la sustancia inicial hasta hacerla desaparecer manteniendo lo efectos curativos. Sabemos desde hace mucho que la homeopatía no tiene sentido.

Pero la crítica es mucho más profunda: la homeopatía no funciona. Cuando los médicos empezaron a lavarse las manos entre paciente y paciente a la hora de atender partos, nadie sabía el motivo pero la realidad es que las mujeres dejaron de morirse de "sepsis puerperal". La medicina puede tolerar no saber cómo funciona un medicamento, lo ha hecho durante siglos y hay cientos de ejemplos; lo que no puede tolerar es que no funcione. Aún estamos por leer algún estudio que nos muestre que la homeopatía funciona aunque no sepamos cómo.

Esto, como vemos cada vez que surge una polémica, es muy conocido. Pese a la falta de ayuda de las instituciones la opinión más generalizada en la sociedad es que la homeopatía es una disciplina poco o nada científica (Fecyt, 2015).

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No es una cuestión (solo) de más información

Tendemos a pensar que la «la verdad nos hará libres» (Juan, 0090), que las personas están equivocadas simplemente porque les falta información pero normalmente eso no es cierto. Si fuera una cuestión de información, bastaría sencillamente con aportar más información. Pero esto ocurre pocas veces.

En realidad, cualquier activista antivacunas tiene más información correcta sobre vacunas que cualquier ciudadano medio de la misma forma que cualquier creacionista sabe más sobre el registro paleontológico que cualquier persona normal que cree en la evolución. En el caso de la homeopatía, Samuel Hahnemann desarrolló los principios de la homeopatía entre 1790 y 1807. La primera crítica de la que tenemos constancia es la de John Forbes en 1846. Si fuera cuestión de información, esta propuesta terapeútica no habría cumplido las bodas de plata.

Desengañémonos: no tenemos creencias equivocadas porque nos falte información, las tenemos por cómo estructuramos esa información. Es decir, en cómo las personas ordenamos esa información buena que tenemos. En el caso de las antivacunas, todo parece indicar que la clave está más en sobredimensionar los efectos secundarios frente a los efectos de la enfermedad. Como muestran muchos estudios es el miedo, la preocupación y la ansiedad lo que dar forma a esas creencias erróneas sobre el mundo. Y contra eso no basta con la información.

La racionalidad es ecológica

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Aunque nos cueste creerlo las creencias y los pensamientos son adaptaciones al entorno en el que nos movemos. Si olvidamos ese contexto, la gente nos parecen seres irracionales, bárbaros y estúpidos. Aunque no lo sean.

Hay un experimento clásico en psicología que puede ayudarnos a entender la cuestión. Se seleccionó a dos grupos de estudiantes para comer saltamontes fritos. Al primer grupo se les daba una compensación económica y al segundo, no. Lo que los investigadores esperaban era que los saltamontes gustaran más al primer grupo que al segundo (al fin y al cabo, estaba obteniendo una buena recompensa por la comida), pero resultó ser al revés. Para los estudiantes del primer grupo, comer saltamontes había sido una especie de trabajo, habían hecho algo que no les gustaba por dinero. Para los del segundo grupo, que no tenían motivos aparentes para haberlos comido, decían que, en realidad... ¡estaban buenos!

Las creencias y los pensamientos son adaptaciones al entorno. Si olvidamos ese contexto, la gente nos parecen seres irracionales, bárbaros y estúpidos.

Como los estudiantes del ejemplo, aunque no lo notemos, nuestras creencias, gustos y pensamientos surgen de nuestra interacción con el entorno. "Si no vives como piensas, acabarás pensando como vives": cuando necesitamos hacer algo para conseguir ciertas cosas, acabamos defendiendo esos métodos de actuación e incluso creyendo en ellos.

Por eso tenemos que pensar en que la gente que acude a la homeopatía no busca (sólo) efectividad terapeútica, no tenemos muchos estudios sobre los usuarios de homeopatía (Romero y Ballesteros, 2000; Calleja, 1996; Santanna, Hennington y Junges, 2008; Parames, Mulero, Lorandi y Rodrigues, 2007) pero rastreando podemos llegar a ciertas conclusiones: los usuarios de homeopatía buscan certidumbre, contacto humano, cercanía y tranquilidad.

¿En qué estamos fallando?

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Tenemos que seguir denunciando la homeopatía y los charlatanes que viven de ella. Pero, también, hemos de comenzar a mirarnos nosotros mismos. No sólo la forma en que comunicamos y tratamos de convencer a los creyentes. De la misma forma que en los últimos años se viene reflexionando sobre los problemas del diagnóstico precoz, algo que parecía firmemente establecido; hemos de reflexionar sobre lo efectivas que son las prácticas que usamos hoy en día, sobre lo que nuestro sistema no está haciendo bien.

¿En qué está fallando la medicina, la psicoterapia y la divulgación a todas esas personas? ¿Cómo es posible que no podamos darle esa certidumbre, ese calor humano, esa atención a todos los que lo necesitan? Esa es la verdadera pregunta, la que no hace gracia, la que nos exige una reflexión dura, sincera y verdaderamente autocrítica. Si queremos acabar con la homeopatía, no basta ser duro con el crédulo, sino sobre todo con el escéptico, con el científico, con el divulgador. Tenemos que hacerlo mejor.

Imágenes | Oonagh Taeger, kev-shine, Paul Keller

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