
Porque los combates ya no enfrentan únicamente armas contra armas, sino también software contra camuflajes
La escena es una de las más recordadas de la Primera Guerra Mundial. Ocurrió cuando la Marina británica empezó a pintar sus barcos con enormes rayas y formas geométricas en 1917, momento en que muchos pensaron que se habían vuelto locos: en lugar de ocultarlos, los hacían más visibles. Sin embargo, aquella idea terminó extendiéndose a miles de buques porque lograba algo mucho más importante que esconderlos: dificultar que el enemigo supiera dónde apuntar.
La guerra ya no es solo contra humanos. La evolución de los drones en Ucrania está empujando el campo de batalla hacia un terreno cada vez más extraño. Durante siglos, el camuflaje tuvo un objetivo evidente: engañar a soldados, observadores o pilotos enemigos. Ahora Rusia está recuperando la técnica nacida en la Primera Guerra Mundial para un propósito completamente distinto.
Sus camiones Ural y KAMAZ están apareciendo cubiertos por patrones geométricos blancos y negros, similares a los usados por los buques que intentaban confundir a los submarinos alemanes, pero esta vez el destinatario del engaño no es una persona mirando por un periscopio, sino un algoritmo entrenado para reconocer vehículos desde el aire.
Cuando el enemigo es una IA. La proliferación de drones ucranianos equipados con sistemas de visión artificial está cambiando las reglas del juego. Estos aparatos ya no dependen exclusivamente de un operador humano que identifique objetivos en tiempo real, sino que pueden aprender a reconocer, clasificar y seguir vehículos mediante algoritmos de reconocimiento de imágenes.
La apuesta rusa consiste en alterar visualmente la apariencia de sus camiones hasta el punto de que el software no pueda identificarlos con suficiente confianza para autorizar un ataque. Es una forma de guerra inédita: modificar físicamente el mundo para explotar las limitaciones de una inteligencia artificial.
La nueva carrera entre drones y contramedidas. La pintura es solo el último capítulo de una larga cadena de improvisaciones surgidas durante la guerra. Antes y como hemos ido contando llegaron las jaulas metálicas sobre los blindados, los llamados “turtle tanks”, las redes protectoras, las estructuras con pinchos y hasta los troncos colocados sobre vehículos como blindaje improvisado.
También aparecieron bombarderos rusos cubiertos con neumáticos viejos y barcos de guerra pintados con patrones especiales para romper su silueta vista desde arriba. Todas estas soluciones responden al mismo fenómeno: los drones se han convertido en una amenaza tan omnipresente que cualquier método capaz de dificultar su identificación merece ser probado.
Los vehículos ya no están seguros en la retaguardia. La importancia de estas medidas refleja hasta qué punto los drones están ampliando el alcance de la guerra. Gracias a la inteligencia artificial, los sistemas de ataque pueden buscar objetivos de forma autónoma en áreas enormes, distinguir vehículos activos de otros destruidos e incluso operar en enjambres coordinados.
Así, camiones logísticos que antes podían moverse con relativa tranquilidad lejos del frente ahora pueden ser localizados y atacados a decenas de kilómetros de distancia. La retaguardia se ha convertido en una extensión del campo de batalla y cada vehículo en movimiento es un posible objetivo.
Una batalla entre programadores y pintores. La gran incógnita es si estas pinturas realmente funcionarán. Los algoritmos pueden ser reentrenados con rapidez y aprender a reconocer nuevos patrones, mientras que sensores como los infrarrojos podrían verse menos afectados que las cámaras convencionales.
Sin embargo, incluso una eficacia temporal tendría valor si obliga al adversario a dedicar tiempo, recursos y potencia informática a resolver el problema. Esa es quizá la conclusión más llamativa de esta última y rocambolesca historia: la guerra de drones en Ucrania ha alcanzado un punto en el que los combates ya no enfrentan únicamente armas contra armas, sino también software contra camuflajes, ingenieros contra ingenieros y algoritmos contra manchas de pintura diseñadas específicamente para engañar a una máquina.
Imagen | X, Wikimedia
En Xataka | Miles de ancianos ucranianos están aislados en el frente. Un ejército de drones está acudiendo en su rescate
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