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Soy gamer y así es como he conseguido mi espacio perfecto con iluminación RGB

Soy gamer y así es como he conseguido mi espacio perfecto con iluminación RGB
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En el universo gaming, la libertad de customización sigue siendo uno de los grandes atractivos de los ordenadores frente a otros sistemas como las consolas.

¿Nuestra tarjeta no nos da para echar a correr el último lanzamiento de nuestra saga favorita? Compramos otra y la sustituimos. Así de fácil, sin acumular consolas obsoletas y con toda la librería de juegos, archivos, programas y configuraciones justo donde los habíamos dejado.

Pero el gamer de PC ya no se conforma con trastear con tarjetas gráficas, RAM o CPUs.

La personalización va más allá de los componentes que forman el PC por dentro, ahora también queremos que lo de fuera sea reflejo del potencial ilimitado de la torre.

Red + Green + Blue = millones de colores

La customización externa del PC no es algo nuevo. Acordémonos de esas carcasas que decoraban las torres de algunos peceros entusiastas con una decena de luces estridentes y algunos motivos tribales de lo más variopinto.

Pero es durante estos últimos años cuando se convirtió en fenómeno mainstream lo que antaño se consideraba poco menos que un nicho destinado al arquetipo de jugador... demasiado devoto del PC.

En la actualidad nos solemos referir a él mediante las siglas RGB.

Y es que si hay algo que define esta nueva oleada de componentes personalizables es sin duda el color. De ahí ese “RGB”. Es decir, Red, Green y Blue. Ya no hace falta encargar una carcasa lo más extravagante y voluminosa posible al ferretero del barrio, ahora basta con una buena gama de colores en nuestros periféricos para conseguir el individualismo que buscamos en nuestro equipo.

Y no solo eso, también hay otra serie de ventajas que el RGB nos puede proporcionar durante el propio gameplay.

Así es como he conseguido yo mi espacio perfecto.

El ratón es lo primero

Al fin y al cabo es la herramienta fundamental de un PC. Más aún cuando hablamos de un PC destinado al gaming. Porque el ratón táctil de los portátiles es útil en según qué tareas, pero para jugar está completamente descartado.

Los ratones que he usado han cumplido siempre una máxima innegociable: cambio de DPI (sensibilidad) y botones extra.

Quienes acostumbren a jugar a títulos multijugador exigentes como Fortnite sabrán que contar con –al menos– un par de botones extra es una bendición a la que después resulta imposible renunciar.

Como fan de los FPS y jugador asiduo de Counter-Strike: Global Offensive considero totalmente necesaria la presencia de esos dos botones extra de los que hablábamos antes. No menos importante se me antoja el control intuitivo de la sensibilidad del periférico.

Puntería sensible

Disponer de un mecanismo ajustable con el que cambiar la sensibilidad del ratón “al vuelo” es algo que se agradece enormemente durante esos intensos tiroteos que pueden transformar una partida.

Y es que no es lo mismo manejar una pistola que un rifle de francotirador; para la primera prefiero una sensibilidad ligeramente más alta, mientras que para el francotirador me resulta más cómoda una sensibilidad baja para lograr acertar ese tiro a gran distancia.

Como no estoy dispuesto a renunciar a todas estas características –para mí imprescindibles– pero tampoco quiero volver al monocromático mundo del hardware sin RGB, me quedo con el HyperX Pulsefire FPS Pro, que como su propio nombre indica, es ideal para este tipo de juegos.

Este ratón cuenta con tres configuraciones preestablecidas que me permiten modificar la sensibilidad entre los 800, 1600 y 3200 ppp (puntos por pulgada) con tan solo pulsar un botón. Por si fuera poco, gracias al software integrado NGenuity, la cifra máxima de ppp asciende a la friolera de 16.000.

Pero eso no es lo único que este útil NGenuity nos permite cambiar.

Hablábamos de RGB, ¿no? Bueno, pues además de ser un ratón ideal para cualquier shooter en primera o tercera persona, el Pulsefire FPS Pro cuenta con un sistema de retroiluminación RGB que es ampliamente personalizable a través del citado NGenuity.

Con él podemos cambiar libremente la gama de color emitida por la rueda y el logo del ratón. ¿Que quiero un rojo vibrante para mantenerme alerta en la partida? Pues rojo vibrante. ¿Que prefiero un tono más chill para rebajar el cabreo tras una derrota? Azul mar. O verde prado, o lo que más me relaje.

El ratón tiene además incorporado un sistema de memoria que me permite alternar entre las distintas configuraciones en un momento, para no tener que andar minimizando programas cada vez que haya que cambiar el color.

Haciendo focus a lo que importa

Y si el ratón es el periférico de los shooters, el teclado lo es de los MOBA.

Como incondicional aficionado y ávido competidor de League of Legends, el teclado tiene que ser absolutamente infalible en todo tipo de situaciones. Y cuando me pasé al RGB, temía acabar con un teclado visualmente muy atractivo que quizás luego cojeara en otros aspectos. También me sobrevolaba la duda de si el RGB acabaría siendo simplemente un capricho con escasos usos prácticos.

Por suerte, ahora puedo reconocer que iba bastante desencaminado con esa preconcepción.

Todas las teclas de un (buen) teclado RGB se pueden iluminar con un color diferente. En mi caso, esto significa que puedo colorear un set de teclas importantes con un color, y otras teclas de otro tono.

En juegos como LoL, pongo un color a las teclas capitales como son la Q, W, E y R. En otro color pinto el resto de teclas relevantes para el juego, y gracias a los botones extra del teclado, asigno macros y atajos a los que de otro modo no podría echar mano velozmente.

Resulta sorprendente cómo algo tan –aparentemente– superficial puede mejorar tanto la percepción y visibilidad de lo que realmente importa durante una partida.

Con el RGB personalizado ya no me tengo que lamentar por desperdiciar una ulti cuando quería volver a la base.

Sin dejar de valorar que sea cómodo –un reposamuñecas siempre es un plus–, que tenga materiales de acero sólidos –ya he dejado el plástico atrás– y por supuesto teclas mecánicas, consistentes y con un buen feedback en la pulsación.

Inmersión y comunicación

Los videojuegos que hemos mencionado tienen varias cosas en común. La más importante es que son juegos de equipo. En títulos tan competitivos y a la vez cooperativos y de ritmo tan vertiginoso –en un segundo puedes perder una partida–, la comunicación por voz se antoja indispensable.

Detenernos en mitad de la acción para escribir a nuestros compañeros es un no-no de manual.

El micro es obligatorio, cualquier asiduo de los videojuegos competitivos lo sabe bien. Los hay que optan por micrófonos integrados de portátil, y otros que prefieren tener micro y audio por separado. Yo lo quiero todo junto.

Que sea inalámbrico –pero que la batería no dure una hora–, que tenga controles intuitivos de volumen y de cancelación de ruidos externos, y cómo no, que tenga un sonido envolvente potente para poder escuchar con claridad hasta los pasos sigilosos del enemigo.

Con los Cloud Fight de HyperX puedo, además, completar mi colección de periféricos RGB externos.

¿Tiempos de carga? ¿qué es eso?

Tampoco puedo descuidar el almacenamiento de mi PC, que ya no concibe otra cosa que no sea el SSD.

Nada es comparable al shock que supone comprobar por primera vez como tu ordenador se reinicia y vuelve a estar operativo en cuestión de segundos, ni de estar jugando antes siquiera de poder ver la pantalla de carga.

La diferencia entre el anticuado HDD y el SSD es realmente insalvable, es un salto hacia el futuro que ningún gamer puede obviar. Y tras el inevitable período de altos precios que acompaña al lanzamiento de un nuevo y flamante hardware, el SSD es ahora perfectamente asequible. No solo eso, sino que además sus features van a más. ¡Si hasta vienen con RGB!

Sí, algunos SSD como el HyperX FURY RGB también se suben al carro del RGB.

Incluso es posible sincronizar los colores que lo iluminan con los de otros periféricos y componentes de la misma serie. ¿Que para qué quiero un disco duro con RGB si no se puede ver? Bueno, eso depende. Mi torre está siempre al aire gracias a su carcasa transparente, y prefiero que sus tripas sean coloridas y armónicas y no una mezcla de componentes grises y apagados.

Porque al final, lo que busco con el RGB es crear un ecosistema uniforme que dé a mi equipo esa atractiva apariencia premium que va acorde a sus prestaciones técnicas.

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