
Durante años, los empleados de Silicon Valley culpaban a las jornadas interminables de su mala vida amorosa
Ahora muchos aseguran que el problema ha pasado a ser otro: el rechazo que provoca trabajar para una gran tecnológica
Durante años, el gran enemigo de los empleados solteros de Silicon Valley fue la agenda. Las largas jornadas laborales de empleados y fundadores ocupaban todo su (escaso) tiempo libre, y no dejaba ningún hueco para socializar. Un gerente de 35 años de una gran empresa del sector contaba a Business Insider que el ritmo de trabajo le había complicado la vida amorosa.
Sin embargo, tal y como varios empleados admitieron a Wired, hoy el obstáculo no está en las jornadas laborales, sino en el propio hecho de trabajar para una gran tecnológica ya genera tal rechazo entre personas con las que intentan entablar una relación que están optando por omitirlo de sus conversaciones.
Cuando mandaba el horario. Los problemas sociales de los empleados de las grandes tecnológicas de Silicon Valley no son algo nuevo. Ya en 1999, el Christian Science Monitor apuntaba que la pasión por el trabajo en la zona de la bahía podía robar tiempo y energía a las relaciones duraderas. En la actualidad, la realidad de los ingenieros que trabajan en Silicon Valley no es muy diferente, y algunas startups de inteligencia artificial están exigiendo semanas de 72 horas a sus empleados.
Tanto empleados como fundadores de startups en la zona de la bahía confirman que su trabajo les está dejando sin tiempo para ligar o relacionarse con otras personas. Mahir Laul, fundador de la startup de software para recursos humanos Velric, confesaba a Business Insider: "Estoy obsesionado con el trabajo. Mi vida amorosa está por los suelos".
Gary ya no dice donde trabaja. Según publicaba Wired, Gary tiene 23 años y entró a trabajar en Palantir en 2025 con un sueldo de 250.000 dólares. Desde entonces, mencionar el nombre de la empresa en la que trabaja le sale muy caro. El joven cuenta que, en un "intento" de cita, una chica le llamó diablo al conocer para quien trabajaba. Otra le preguntó cómo podía vivir consigo mismo. "A veces, simplemente dejaban de hablarme", asegura Gary.
Vistas las reacciones de sus citas, sus amigos incluso le han aconsejado no sacar el tema para no arruinar las posibilidades de ligar de todo el grupo. Como alternativa, el joven ha optado por decir que trabaja en inteligencia artificial, pero no menciona el nombre de la empresa que paga su salario. Tal es rechazo social que están sintiendo los trabajadores de estas compañías que, incluso dentro de la compañía, algunos empleados se preguntan si son los malos de la película.
James tiene que justificar su voto. James, de 29 años, trabaja en Tesla y vive en San Francisco. En su tercera cita con una chica, ella le preguntó si había votado a Trump. "Trabajas para Tesla, así que solo necesito comprobarlo", le dijo. James asegura que siempre vota a los demócratas, pero si no aclara su distancia ideológica con Elon Musk y su desaprobación por los desmanes al mando de DOGE, la gente da por hecho que está a favor. Como si trabajar en una empresa automáticamente te alinee con los intereses del millonario que la dirige.
UN VISTAZO A...
Su salida fue jugar con sus perfiles en las apps de citas. En Hinge James reveló dónde trabaja, en Raya, la app de citas exclusiva para miembros con invitación, no lo hizo y le fue mejor. "Si escribiera en la aplicación de citas que trabajo en Tesla, creo que descartaría a mucha gente de inmediato", aseguraba James. De hecho, allí conoció a su novia que acababa de llegar a San Francisco para estudiar medicina y era ajena a esa tendencia de juzgar a las personas por su empleo.
La mala fama de las tecnológicas. Según revela un reciente informe de la consultora Gallup, la confianza de la ciudadanía en las grandes tecnológicas se encuentre cercana a sus niveles mínimos. Un 20% de los estadounidenses confía en las grandes tecnológicas. En 2020, el porcentaje era del 32%. El 41% tiene poca o ninguna confianza en ellas, frente al 32% de 2025. Las recientes declaraciones que vinculan a la IA con la destrucción de la humanidad y el impacto en el mercado de trabajo tampoco ayudan a mejorar esa percepción.
Las recientes decisiones judiciales tampoco contribuyen a mejorar esa confianza. En marzo de 2026, un jurado de Los Ángeles declaró responsables a Meta y YouTube por haber diseñado plataformas adictivas para los usuarios y les responsabilizan del daño causado a la salud mental de una joven. Amy Laurent, fundadora de la asesoría de citas Elite Matchmaking, aseguraba que "hace 10 años, decir que trabajabas en tecnología tenía más que ver con la innovación, la ambición y la inteligencia". Ahora, al presentar a un cliente del sector, debe advertirlo.
Lo que representa la tecnología. El artículo de Wired recoge el testimonio de Jessica Engle, una terapeuta familiar y matrimonial, en el que asegura que uno de sus clientes incluso es reacio a mostrar su Apple Watch en las fotos del perfil por que temía que "lo haría parecer un típico fanático de la tecnología" y podría parecer "el típico fanático de la tecnología".
Para Mira, residente de San Francisco, las políticas de las grandes tecnológicas y las declaraciones de los magnates tecnológicos en los últimos años con respecto a las condiciones laborales vinculan al desarrollo tecnológico como una posible "bandera de derecha" en la que predominan comportamientos misóginos o libertarios.
Para Helen, de 28 años y natural de Etiopía, ha visto qué efecto tiene la tecnología cuando se usa para reprimir y perseguir a la población. " Cuando empecé a reflexionar sobre cuestiones relacionadas con el genocidio y la tecnología que mata, rastrea o excluye", asegura la joven, "me di cuenta de que lo que estas personas están construyendo es, en secreto o de forma oculta, realmente nefasto, y no podía estar personalmente con alguien que es una pieza más de ese rompecabezas".
Imagen | Unsplash (Andrik Langfield)
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