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Cuarenta años de telefonía móvil. Y es sólo el comienzo

Cuarenta años de telefonía móvil. Y es sólo el comienzo
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A punto de cumplir los 88 años, Martin Cooper vive con una tranquilidad que nosotros, esclavos de la tecnología, del aviso del Whatsapp y las actualizaciones constantes, ni imaginamos. Veterano de la Marina de EE.UU. —sirvió en la Guerra de Corea, su rol en Motorola no empezó hasta 1954—, el brillante ingeniero concibió el primer teléfono móvil inspirándose en el comunicador que usaba el capitán Kirk en Star Trek.

¿Qué podríamos decir de la telefonía móvil que no se haya dicho ya? Ha cambiado todo, tal y como lo conocemos. Es obvio que la revolución social, ese all connected, ha llegado hace apenas una década, con el smartphone y el aderezo del componente social. Pero Martin sembró la primera semilla, una que ya crece bajo nuestra piel —no en vano Motorola Mobility, ahora propiedad de Google, patentó un sistema de tatuaje inteligente, una suerte de wearable subdermal con micrófono integrado—. Una semilla que es ya «extensión de nosotros mismos».

Dos empresas enfrentadas

AT&T era la candidata líder para inventar el móvil. Pero Motorola se les adelantó

En los años 40, los Laboratorios Bell eran un hervidero de tecnología punta. Por sus pasillos caminaban premios Nobel, investigadores y científicos de talla internacional. Su división AT&T, ahora parte de Alcatel-Lucent, era la candidata líder para inventar el teléfono móvil. Pero Motorola se les adelantó. Bueno, técnicamente no puede considerarse el primer teléfono-con-movilidad: los terminales de los trenes, la propia radio, no era de facto telefonía celular —que debe su nombre a la red de áreas comunicadas vía radiofrecuencia—, pero sí móvil.

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Durante los años 60, el ingeniero eléctrico John F. Mitchell trabajaba para Motorola diseñando algunos de esos costosísimos terminales que devoraban la energía del coche. Fue Cooper quien, mediante su patente concedida en 1973 basada en telefonía celular portatil, abrió el camino para la era de las comunicaciones modernas. Trabajando en el departamento de I+D de Motorola, Cooper ayudó a construir el prototipo del DynaTAC 8000X. Tardaría casi 10 años, hasta el 21 de septiembre de 1983, y unos 150 millones de dólares, en convertirse en una realidad comercial. Meses después el Inspector Gadget ya usaba su zapatófono.

Imagina un teléfono, apodado «Ladrillo», que pesa 793 gramos, que no permite más de media hora de conversación y su batería tarda unas 10 horas en cargarse, que cuesta 3.995 dólares —lo que hoy, inflación mediante, serían 8.700 euros— y mide casi 23 centímetros de eslora. Aunque ya poseía características revolucionarias: un LED con marcación rápida para 30 números de teléfono.

Casi 800 gramos de peso, un precio equivalente a 10.000 dólares, con apenas 30 minutos de autonomía

Por cierto, ¿saben a quién fue dirigida la primera llamada que realizó Cooper? Al doctor Joel Engel, su análogo de los Laboratorios Bell, claro. Con un matiz: la realizó en el hotel Hilton Midtown de Nueva York, frente a decenas de periodistas.

¿Qué motivó a dos genios como Cooper y Engel a trabajar en telefonía móvil?

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Aunque ahora consideremos el móvil como un agujero negro de la procrastinación, Cooper cita dos hitos importantes en su concepción: hablar como medio fundamental de comunicación en el ser humano, y el teléfono como útil básico que mejora la productividad de la persona que lo utiliza.

La comunicación, en tanto actividad social, nos define como personas. Bajo estos mimbres, nuestra forma de expresarnos ha ido mutando en paralelo al uso que damos a nuestro teléfono móvil. Desde los mensajes de texto con expresiones acortadas hasta el lenguaje emoji, el alma de la comunicación ha adquirido una nueva dimensión social gracias al [y por culpa del] móvil. Fíjense en el selfie: de simple acto autoconsciente, una forma de autorretrato inane, a expresión artística cargada de significado.

Diríase más: el móvil ahora es un arma en las manos de quien lo maneja. Puede destruir carreras o salvar vidas. Y esto conecta con el siguiente punto: ¿seríamos quienes somos sin un móvil en las manos? La primera información que se difundió en los medios, posterior al atentado en las Torres Gemelas —inauguradas, por cierto, el 4 de abril de 1973, a unos meses del nacimiento del citado primer teléfono—, fue una llamada de móvil. Las primeras grabaciones de vídeo publicadas, ídem. El móvil estaba ahí para hacer de enlace comunicador, periodístico, era un ojo franco y cercano.

Los móviles están tan arraigados en nuestra vida biológica y cibernética, que nos costaría establecer una línea divisoria donde acaba una y empieza otra

Tanto es así que algunos de los documentales más esclarecedores, descarnados por veraces, han sido rodados vía teléfono móvil. Decíamos aquí que los smartphones fueron un elemento clave para coordinar manifestaciones y difundir acontecimientos en la revolución egipcia de 2011, la cual propició la Primavera Árabe. No son sólo un elemento que nos recuerda cuándo tiene tal o cual amigo un día aburrido o es el cumpleaños de algún familiar.

Work

Productividad y rentabilidad

Hacia el final del vídeo, Martin apunta: «la principal contribución no es con el entretenimiento, sino con la productividad». Nuestros adolescentes no estarán de acuerdo, pero sólo tendríamos que remontarnos unos pocos años, cuando el móvil aún no estaba en manos tan púberes, para entender esta expresión. Si bien el teléfono ha transformado nuestra forma de hacer compras, de consumir multimedia, prensa e incluso jugar, en esos periodos muertos entre visita al médico o trasvase en el metro, el móvil, sobre todo, ha definido nuestra productividad.

Desde que dejamos nuestro móvil apuntado en la cabecera de un currículum hasta el momento que decidimos mandar un e-mail o un mensaje de voz, sin esperar a llegar a casa, o cotejamos información desde cualquier parte, el teléfono móvil ha servido para reducir los tiempos de espera, de incomunicación, en pos de una mayor productividad y eficacia.

Global

3.800 millones de móviles gobiernan el mundo

Explica el propio Cooper, en el vídeo de cabecera: «sabía que algún día todo el mundo estaría conectado, pero lo que yo no sospechaba es que estaría conectado a una cámara, a un potente PC con Internet». Los datos no dejan lugar a dudas: según este amplio estudio, de 7.395 millones de personas que habitamos el planeta, casi la mitad, 3.419, disponen de conexión a Internet. Más aún: el 51%, 3.790 millones, son usuarios únicos de un teléfono móvil, del gadget rey, el todo-en-uno —grabadora, reproductor de música, procesador de textos, cámara de fotos y vídeo, consola, radio, etcétera— no ha dejado campo o industria sin influir.

Las tarifas planas potenciaron las eternas conversaciones colgados del teléfono

Si nos remontamos hacia los 90, lejos del Internet de las cosas, veremos cuánto ha cambiado todo. Por ejemplo, las tarifas: nuestro consumo siempre ha estado asociado a los devenires de la facturación. Las tarifas planas potenciaron las conversaciones eternas, antes de la llegada de los chats y las aplicaciones de mensajería. Eso a nivel nacional, a escala internacional tendríamos que dirigirnos hacia Skype.

Skype

Como apunta este artículo, «un cliente cualquiera que haga una media de 20 llamadas telefónicas internacionales al mes, con una duración de tan sólo diez minutos, sumaría unos 620 dólares en su factura mensual». Con más de 500 millones de cuentas, Skype genera el 40% de todo el tráfico telefónico internacional.

Esto también se puede aplicar también al teléfono “fijo”: cuando empezamos a usar prefijo y las líneas fijas sólo tenían un coste de establecimiento de llamada, nuestro uso y cantidad de minutos en línea creció exponencialmente. Hasta que llegó Facebook, Myspace, Twitter, Whatsapp. Como ya apuntaba este artículo, «el uso de apps de mensajería han hecho que un 21.8% de los internautas haya dejado de usar el fijo, mientras que el 36.9% llaman menos de la mitad que antes».

Switchboard

Las sinergias en la comunicación han sido un constante devenir desde la irrupción de internet sobre la telefonía móvil. De las operadoras de larga distancia, delante de paneles gigantes conmutando switches para poder comunicarnos, del RTC y los routers acústicos, hemos pasado al cobre y al ADSL, a la fibra óptica y el WiFi perpetuo —como diría la nueva pirámide de Maslow—. Como es evidente, la venta de terminales móviles se disparó exponencialmente justo a partir del concepto del teléfono inteligente, al demostrarnos como clientes cuántas cosas podíamos hacer con un simple “ladrillo”.

Según estudios llevados a cabo por The Cocktail Analysis, el 54% de los usuarios de un smartphone lo utiliza para ver contenidos audiovisuales; un 75% lo utiliza de despertador y un 70% no sale de casa sin cerciorarse que lo lleva encima. El 83% de los menores de 25 años lo utilizan para jugar, dedicándole el doble de tiempo al móvil que a las videoconsolas. Algo como mirar la hora en el teléfono (un 76%) o utilizar las aplicaciones de mensajería instantánea tipo WhatsApp (57%) son parte de la rutina diaria, como ponerlo diariamente a cargar (un 47% de los españoles).

Tres hitos históricos en la industria móvil

Nokia 8110

El Grupo Nokia, que hace apenas un año completó la compra de Alcatel-Lucent por 15.600 millones de euros, pasando a ser la segunda empresa líder en el sector de telecomunicaciones, asentó los pilares de la telefonía moderna. A mediados de los 90, gracias a la disminución de costes y mejoras tecnológicas, propició los estándares de calidad que tiempo después se masificaron: la información visual en pantalla, los colores de las cubiertas o las carcasas intercambiables —como el Nokia 5110—, los tonos de llamada y hasta el pequeño videojuego Snake.

El salto tecnológico vino de la mano de Apple. En 2004, bajo la dirección del entonces CEO Steve Jobs, la empresa AT&T Mobility dio libertad y fondos para crear el terminal del futuro. Con más de 300 patentes a sus espaldas, el 29 de junio de 2007 aparecía el primer iPhone utilizando tecnología propia, y ejecutando el sistema operativo iOS, una de las claves de la evolución del smartphone. El símbolo de toda una generación.

Nokia asentó las bases del móvil moderno: carcasas intercambiables, tonos de llamada y hasta el pequeño videojuego Snake

Samsung Mobile es la líder actual en tecnología móvil, gobernando el mercado sin tropiezos desde 2012, con una cuota del 28% de mercado. La clave está en su apuesta por un amplio abanico de productos, cubriendo todo el espectro de necesidades. La familia 'Galaxy S' es una de las más granadas de la industria, y quizá su mayor virtud estribe en torno a su tecnología: una apuesta constante por mejorar, invertir, escalar e intentar llevar a sus terminales los chips y núcleos más potentes disponibles en el mercado.

In-comunicación

De la comunicación entre personas al debate entre IA’s

Primero nos comunicábamos con lugares, puntos de conexión. Después, con personas. Ahora, con el propio terminal

Gracias a los avances de ingenieros como Ray Kurzweil, Rodney Brooks o Hans Moravec, la comunicación tecnológica ha dado un paso de gigante. Primero nos comunicábamos con lugares, puntos de conexión. Después, con personas. Ahora, gracias al smartphone, nos comunicamos con el propio terminal.

Siri en iPhone y Cortana en Windows 10 son nuestras asistentes personales y, a este paso, nuestras confidentes. Con la irrupción de Inteligencias Artificiales respondonas como SimSimi o Daidai, las robot App’s están viviendo un importante florecimiento donde, la clave, está en comunicarnos con algo que no existe, con una ficción, algo simulado. Pero cada vez más perspicaz.

la propia concepción del teléfono móvil vira hacia algo que tiene poco de teléfono pero mucho más de móvil

Y no sólo está cambiando el concepto de la comunicación entre hombre-máquina, de dar órdenes o pedir ayuda a IA’s: la propia concepción del teléfono móvil vira hacia algo que tiene poco de teléfono pero mucho más de móvil. El nuevo smartphone es un biochip integrado. Google ya patentó junto a Motorola Mobility un chip que se incrustaba bajo la piel, situado en el cuello para captar mejor la voz, y que haría de intercomunicador.

Smart

El teléfono móvil, tal como lo conocemos, simplemente mutará. Tal vez se haga invisible gracias a las baterías de grafeno, o se alimente de manera inalámbrica mientras reposa en una mesa; o quizá pase a ser parte de nuestro organismo, como las futuribles cámaras en el ojo, en ese horizonte de nanotecnología e implantes biomecánicos.

Tal vez tengan que pasar otras 5 décadas para la nueva gran revolución, pero una cosa está clara: el teléfono móvil nació para ser parte indivisible de la comunicación. De ahí la importancia del móvil: todo lo que nos hace humanos, irónicamente, subyace a través de la interacción y comunicación con otras personas.

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