Me he leído el estudio de Anthropic sobre el impacto de la IA en la economía y he llegado a una conclusión: voy a tener que estudiar fontanería

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  • Anthropic ha modelado tres posibles futuros económicos para 2030

  • En el más extremo EEUU sería un 32% más rico, pero saldrían perdiendo los "trabajadores del conocimiento" (abogados, finacieros, periodistas, etc)

  • Hay una pequeña trampa: el estudio no contempla robots capaces de sustituir también el trabajo físico

Javier Pastor

Editor Senior - Tech

Si eres programador, diseñador, financiero o estás en el gremio de los periodistas como yo, quizás deberías empezar a preocuparte. Un estudio económico publicado por Anthropic explora qué puede pasar en el mundo del empleo si la IA sigue avanzando, y la cosa se pone complicada para los "trabajadores de conocimiento": salimos bastante mal parados. Electricistas, enfermeras y trabajadores de la construcción, en cambio, pueden beneficiarse, y mucho. Al menos hasta que los robots no aprendan a hacer bien esos trabajos.

Esto no es una predicción. El Econ Scenario Explorer de Anthropic permite jugar con cinco variables —capacidades, adopción, autonomía, aumento de productividad y tiempo necesario para cambiar de empleo— para observar qué tipo de escenario económico producirían distintas combinaciones. A partir de ahí destaca tres escenarios: 

  • Modesto: el impacto sería similar al que tuvo internet
  • Sustancial: habrá una revolución para los trabajadores del conocimiento
  • Extremo: la adopción será extraordinariamente rápida

Mal asunto para los white collar. En Anthropic creen que con el escenario sustancial en 2030 la IA podrá realizar la mitad del trabajo que hacen los trabajadores del conocimiento (white collar, típicos trabajos de oficina) y la mayoría de esas tareas se podrán realizar de forma autónoma, aunque la IA no se adopte en todas ellas. En ese escenario la economía crecería al doble de su ritmo habitual, pero los salarios de ingenieros, abogados, financieros, enfermeros o periodistas se estancan mientras que aumentan los de otros trabajadores. En el escenario extremo la cosa va aún más lejos: la IA supera a los humanos en la mayoría de tareas cognitivas, hace casi todas autónomamente y apenas aparecen nuevas tareas intelectuales reservadas a los seres humanos.

Mudanza laboral. Si cada vez se necesitan menos programadores, atender un call center o realizar otras tareas cognitivas, esas personas tendrán que buscar trabajo en ocupaciones menos expuestas al impacto de la IA. Anthropic pone explícitamente dos ejemplos: electricista y enfermero, pero está claro que en esa lista están otros oficios tradicionales como la fontanería o la carpintería, por ejemplo. Las IAs son capaces de diseñar infraestructuras y no necesita apenas a trabajadores intelectuales, pero sí aumenta la demanda de aquellos que tienen que construir físicamente todo lo que la IA diseña.

La economía va como un tiro. Programadores y periodistas, no tanto. En el escenario moedsto, el PIB de EEUU en 2030 sería según Anthropic un 1,6% superior al que habría sido sin IA. En el sustancial, un 8,3%, pero en el extremo sería un espectacular 32,4% hasta alcanzar los 44,4 billones de dólares. Durante esa transición el crecimiento anual estimado sería del 15%, suficiente para duplicar la economía cada 4,5  años. El problema: los salarios de los trabajadores de conocimiento caerían más de un 10% y su desempleo se dispararía. La IA puede funcionar fantásticamente para la economía y extraordinariamente mal para parte de quienes trabajan en ella.

Fuente: Anthropic.

¿Quién se queda el dinero? Hoy en día aproximadamente el 60% de cada dólar producido en EEUU acaba remunerando algún trabajo, y el 40% restante va al capital: empresas y propietarios de esos activos que producen productos y servicios.  En el escenario extremo de Anthropic la proporción se invierte: el 45,2% iría al trabajo y el 54,8% para el capital. Aunque la economía ha crecido un 32,4%, los ingresos laborales totales apenas cambian. Las máquinas, centros de datos, modelos y resto de componentes de la industria son capaces de producir una proporción mucho mayor de la riqueza, y ahí el desafío no es cómo generar crecimiento, sino de cómo repartirlo.

La gente no cree que lleguemos a tanto. Anthropic realizó una encuesta en agosto en la que participaron 10.980 estadounidenses y les preguntó qué esperan de la IA, pasando sus respuestas por el mismo modelo. La respuesta típica fue la que se acerca al escenario sustancial: una economía alrededor de un 10% mayor en 2030 que sin IA, y un desempleo cercano al 5%. Solo 1 de cada 10 personas encuestadas planteaban un escenario extremo. Aquí Anthropic destaca que su modelo es una simplificación importante de muchísimas variables: no incluye respuestas políticas a estos cambios, ciclos económicos, crisis finacieras o riesgos catastróficos. Así pues, la foto que saca Anthropic es más imaginación que otra cosa.

De momento (parece que) podemos guardar la llave inglesa. Los datos reales de Anthropic siguen mostrando un impacto económico mucho menos dramático. Su Economic Index ha monitorizado miles de tareas que se realizan a diario con Claude y sigue detectando una mezcla en la que sí hay automatización de tareas, pero también aumento de capacidades humanas. Los propios usuarios, apuntan en Anthropic, tampoco ven demasiada amenaza. En una encuesta de junio, un 10% consideraba probable o muy probable perder su propio empleo durante los siguientes doce meses, aunque el riesgo era mucho mayor cuando se les preguntaba por compañeros junior.

Y los robots qué. Este singular estudio de Anthropic admite ser incompleto en muchos aspectos, y destacan uno especial: no incluye un modelo con robots (humanoides o no) avanzados capaces de realizar tareas manuales y sustituir a los profesionales de los oficios tradicionales. En el estudio los electricistas, enfermeros, fontaneros o trabajadores de la construcción están teóricamente protegidos porque la IA puede trabajar con datos digitales pero no con objetos físicos. Pero si la "IA física" llega a hacerse realidad, el impacto será igual de notable tanto para trabajadores de cuello blanco como para los de cuello azul. 

Es difícil encontrar un puesto de trabajo inmune. Durante décadas la robótica industrial parecía amenazar los trabajos físicos rutinarios (poner tuercas), y eso nos animaba a estudiar una carrera con el objetivo de encontrar nuestro sitio entre los trabajadores del conocimiento. La IA generativa ha cambiado el panorama, y la robótica lo puede cambiar aún más. Pero como esto último parece que puede tardar más en llegar (si es que llega), mi plan es claro: plantearme estudiar fontanería. 

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