Hemos estado usando mal el aire acondicionado en verano: así es como arruina nuestro descanso según la ciencia

Dormir Aire Acondicionado

Dormir con el aire encendido abre la puerta a múltiples infecciones respiratorias

José A. Lizana

Colaborador

En las noches más asfixiantes del verano, dejar el aire acondicionado encendido hasta el amanecer se presenta como la única vía para lograr dormir un poco. Sin embargo, lo que comienza como un alivio suele transformarse a la mañana siguiente en dolor de garganta, congestión, sequedad ocular y una extraña sensación de cansancio. Y esto es simplemente algo que ya nos repetían nuestros mayores: el aire acondicionado de manera continua no es bueno para la salud

La alteración del descanso. Durante el ciclo natural del sueño, la temperatura corporal central disminuye de forma fisiológica, pero someter al cuerpo a un flujo continuo de aire frío entra en conflicto directo con este mecanismo, por lo que nuestro descanso no es del todo eficiente. 

Aquí, un estudio publicado en Extreme Physiology & Medicine analizó cómo impacta el flujo del aire en la calidad del descanso, y vieron que las personas que dormían con el chorro de aire impactando en su cuerpo tenían un mayor número de microdespertares, lo que no dejaba que alcanzaran un sueño profundo y reparador. 

Y hay más. Además, este aire continuo provoca un aumento en la frecuencia cardiaca y en los movimientos corporales, afectando especialmente al sueño ligero. La conclusión aquí es que el flujo de aire frío jamás debe dirigirse directamente hacia una persona que duerme, puesto que se va a levantar mucho más cansada de lo que debería. A esto también se suma el efecto mecánico sobre el sistema musculoesquelético que, al soportar el frío constante, provoca la contracción de los vasos sanguíneos, lo que se traduce en un endurecimiento muscular y las clásicas contracturas de cuello o espalda nada más despertar. 

Un paraíso para los virus. Uno de los grandes misterios del verano es por qué nos resfriamos si no hace frío. Aquí la Sociedad Española de Otorrinolaringología estima que el 20% de los catarros estivales son culpa del aire acondicionado, que baja la temperatura de nuestras mucosas y las hace más susceptibles a los microorganismos. 

Está estudiado. En este caso, una investigación pionera de la Universidad de Yale demostró la dependencia térmica de nuestra respuesta antiviral. Se vio de manera clara que cuando respiramos aire frío, la temperatura del interior de la nariz desciende de los 37-36 °C habituales a unos 33 °C. A esta temperatura más baja, el sistema inmunitario local colapsa y la secreción de vesículas extracelulares, que es nuestra primera línea de defensa, cae un 42%, perdiendo hasta un 77% de los receptores que actúan como "señuelos" para atrapar a los patógenos y destruirlos antes de que generen enfermedad. 

Dado que aproximadamente el 20% de las personas portan rinovirus asintomáticos en sus fosas nasales, este enfriamiento permite que el virus encuentre vía libre, duplicando su capacidad de replicación en las células infectadas y, por tanto, haciéndose mucho más patógeno. 

La humedad. El otro gran enemigo invisible del aire acondicionado es la deshumidificación extrema, puesto que para que nuestro sistema respiratorio funcione correctamente, la humedad relativa del ambiente debe situarse entre el 40% y el 60%. El problema es que los equipos de climatización extraen esa humedad y hacen el ambiente mucho más seco hasta desplomar este porcentaje por debajo del 40%.

Aquí tenemos estudios que observaron que en ambientes con una humedad en torno al 24%, se produce una severa disminución de la permeabilidad nasal y un aumento de la inflamación de la mucosa. La explicación está en que, al bajar la humedad, los cilios respiratorios pierden su movilidad, y esto es fundamental porque estos cilios son pequeños 'pelos' que se van moviendo para evitar que un virus o una bacteria se asiente sobre nuestra mucosa. 

Sus efectos. Estar respirando este aire seco todo el rato no solo causa rinitis o faringitis, sino que puede desencadenar crisis en pacientes con asma o EPOC. Pero además, también afecta a los ojos provocando irritación, la piel y también nos hace mucho más sensibles a los alérgenos. 

Cómo usarlo. Para evitar estos efectos no deseados, lo correcto sería encender el aire acondicionado 30 minutos antes de ir a dormir para enfriar la habitación, y apagarlo al acortarse o programar la función Sleep que modula la temperatura y acaba apagando el equipo. 

La temperatura también es fundamental, y lo correcto sería no bajar nunca de los 22 ºC, manteniéndose entre los 23 y los 25 ºC. Y si vamos más allá, se puede utilizar un humidificador para mantener ese 40-60% de humedad en la habitación, que es fundamental para mantener nuestras barreras en su estado óptimo. 

Imágenes | Magnific Slaapwijsheid.nl 

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