Ucrania está transformando la ruina radiactiva de Chernóbil en una planta de energía solar

La mitología de la devastación y el abandono que rodea a Chernóbil hacen olvidar con frecuencia el propósito original de la central: generar energía. En su máximo esplendor, la central generaba miles de vatios para el norte de Ucrania, cerca de la populosa ciudad de Kiev, y representaba un paradigma ejemplar de la pericia técnica soviética. Todos sabemos cómo terminó aquella historia.

Sin embargo, la URSS seguía necesitando a Chernóbil. Pese al desastre generado en el Reactor 4, totalmente inutilizado y salvaguardado del Apocalipsis Nuclear gracias a la labor heroica de miles de liquidadores, el resto de la central continuó funcionando. El gobierno soviético mantuvo el resto de reactores encendidos dado que jamás fueron dañados. Cuando Ucrania se independizó, el joven gobierno post-soviético dependía de Chernóbil para cuadrar su mix energético.

Los días de la central activa se alargaron hasta el siglo XXI, cuando cerró el último reactor hábil (el 3, en el 2000). Desde entonces, Chernóbil se ha convertido en muchas cosas: desde un campo de pruebas para la fascinación visual de fotógrafos y videoaficionados hasta un pequeño vivero de especies mutantes que están viviendo un radiactivo esplendor gracias a la ausencia de seres humanos. Lo último que hemos sabido de la central es que el nuevo sarcófago ya está listo.

Ahora bien, Ucrania sigue necesitando a Chernóbil. Tanto es así que un consorcio de empresas ucranianas y alemanas está edificando una pequeña planta de energía solar junto al nuevo sarcófago, de financiación europea y capaz de sostener al monstruo del Reactor 4 durante al menos un siglo. La noticia ya se filtró a los medios en 2016, pero no ha sido hasta finales de 2017 cuando las obras se han iniciado. Entrará en operaciones a lo largo de este año.

Instalado el sarcófago, poner paneles solares no parece tan mala idea. (Surreal Name Given/Flickr)

¿Y qué tiene de especial? En realidad, su ubicación. El objetivo original de las autoridades ucranianas era crear un campo de placas fotovoltaicas capaz de producir al menos mil megavatios, una perspectiva demasiado ambiciosa si pensamos en la producción real de las granjas solares más importantes del mundo.

Por el momento, la planta solar de Chernóbil va a producir un megavatio, una capacidad muy modesta pero suficiente para alumbrar a más de 2.000 hogares de los alrededores (lejanos, ya que la zona de exclusión de más de treinta kilómetros impide que nadie se acerque demasiado a Prypiat o la central). La potencia instalada futura será mayor, de hasta 100 megavatios, igualando las antaño ucranianas centrales ubicadas en Crimea, ahora en manos rusas. El espacio no es problema: la zona de exclusión dispone de 6.000 hectáreas libres y carentes de uso actual.

Algún uso habrá que darle a todo ese sol. (Uew Bordrecht/Flickr)

3.800 placas repartidas a lo largo de hectárea y media no son cifras demasiado impresionantes, pero la inversión realizada tanto por Rodina Energy Group y Enerparc AG, un millón de euros, tampoco lo es. Para Ucrania el proyecto tiene un efecto llamada y un primer paso, aún humilde, para depender menos de las importaciones de energía. El precio del gas ruso, en pleno conflicto en el este del país, es demasiado caro, y la joven nación necesita de recursos alternativos. Sin Chernóbil, el sol no parece mala idea.

¿Funcionará? En Atlas Obscura se han dado un paseo por la zona y la respuesta es una incógnita. Por el momento, el consorcio ha logrado instalar y mantener en funcionamiento otro pequeño parque solar en el sur de Bielorrusia (unos 4 megavatios de potencia), lo cual augura cierta esperanza para las aspiraciones energéticas de Chernóbil. El gobierno ucraniano ha puesto a disposición de otros inversores unas 2.500 hectáreas a dedicar a la energía solar. Si triunfa, Chernóbil podría resucitar, aunque de un modo un poco más sostenible.

Imagen | Uwe Bordrecht/Flickr

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