Europa abre su mayor planta de captura de carbono justo cuando estamos a punto de tirar la toalla con los esfuerzos climáticos

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  • En la fábrica de fertilizantes de Yara se encuentra la mayor capturadora de CO2 de Europa

  • La crítica es que coger el problema y enterrarlo para que no lo veamos sólo alimentará a la industria de los combustibles fósiles

Alejandro Alcolea

Editor - Tech

Si no podemos dejar de emitir enormes cantidades de carbono a la atmósfera, tenemos que recurrir al plan B. Hace unos años, los Acuerdos de París fijaron que, como especie, no nos podíamos permitir superar el límite de 1,5ºC de calentamiento global. Actualmente, ese calentamiento se sitúa alrededor de los 1,4ºC y la consecuencia está clara: se nos está acabando el "presupuesto de carbono".

La era de la inteligencia artificial y la necesidad de recurrir a los combustibles fósiles otra vez no ayudan a pensar en un futuro esperanzador, por lo que la solución para que la cantidad de CO2 en la atmósfera disminuya ya no pasa tanto por reducir las emisiones como por capturar lo que emitamos. Sería como enchufar una aspiradora de proporciones colosales unida a las fuentes de carbono.

Y en Países Bajos se acaba de inaugurar el 'purificador de aire' más bestia de Europa.

La gran aspiradora europea de CO2

La planta se inauguró esta semana en la fábrica de fertilizantes de Yara en Sluiskil, Países Bajos. Se trata de la mayor de su tipo en Europa y forma parte de un proyecto transfronterizo ideado para capturar y licuar unas 800.000 toneladas de CO2 al año, 12 millones a lo largo de los próximo 15 años ¿Cuánto supone esas 800.000 toneladas? Según los cálculos, el 0,5% de las emisiones anuales de Países Bajos.

Que esté pegado a una fábrica de fertilizantes no es casualidad. Para la producción de amoníaco convencional se necesita gas natural como fuente de energía y como materia prima y, durante el proceso de producción del hidrógeno necesario para hacer amoníaco, se liberan grandes cantidades de dióxido de carbono. Con la nueva instalación, ese CO2 no se liberará a la atmósfera al atraparse durante la producción del amoníaco.

El carácter transfronterizo llega porque, una vez capturado ese CO2, la noruega Northern Lights lo transportará por barco hasta un yacimiento geológico submarino en Noruega en un acuerdo a 15 años que se estima permitirá almacenar unas 12 millones de toneladas de dióxido de carbono. Los viajes serán constantes, con dos barcos semanales que transportarán 7.200 toneladas cada uno.

Literalmente, estamos enterrando el problema a 2.600 metros en el Mar del Norte, pero como el Comisario Europeo de Acción Climática, Wopke Hoekstra, ha comentado, "nos estamos moviendo a un mundo de 1,8ºC" y necesitamos proyectos como el de Sluiskil. 

De hecho, Hoekstra afirma que "es el primero y Europa necesitará muchos, muchos más de estos", lo que apunta a que a lo largo de los próximos meses veremos más y más centros de captura de carbono entrando en funcionamiento como parche para la profunda herida que estamos causando al planeta

Para 2030, Europa tiene el objetivo de desarrollar plantas capaces de capturar al menos 50 millones de toneladas anuales y la crítica está ahí porque si nos dedicamos a idear formas de capturar el carbono en lugar de fuentes alternativas, seguiremos con la producción de combustibles fósiles con la promesa de una futura captura e emisiones.

Definitivamente, no es lo óptimo, pero en el escenario en el que nos encontramos y con industrias como la de los fertilizantes, cemento y acero cuyas variantes más "verdes" están en pañales, parece la única salida viable.

Imagen | Yara

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