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En 60 años, así ha cambiado nuestra forma de ver la tele

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Es el medio de comunicación de masas más popular. Omnipotente, por ese impacto que tiene la imagen sobre nosotros. Y omnipresente, porque lleva 60 años ocupando un lugar privilegiado en los hogares. El 21 de noviembre celebramos el día mundial de la televisión. Esa "caja tonta" que ha proyectado tantas imágenes para el recuerdo.

Porque son ya 60 años los que llevamos observando el mundo desde esos aparatos. Desde que empezaran las emisiones en nuestro país, hemos visto cómo la televisión crecía y evolucionaba como medio desde una pantalla que ha ido aumentando en pulgadas, se ha hecho más plana e incluso inteligente. La experiencia de ver la tele se ha convertido en algunos casos en lo más parecido a tener un cine en casa.

¿Por qué un día mundial de la Televisión?

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Fue un 21 de noviembre de 1996 cuando en las Naciones Unidas se celebró el primer Foro Mundial de la Televisión ante la necesidad de reconocer a la televisión como "una herramienta importante de orientación, canalización y movilización de la opinión pública". No es mero entretenimiento ni un ruido de fondo. La tele establece conversaciones y construye la actualidad. Y nos influye incluso en las decisiones más importantes.

Un ejemplo: el 26 de septiembre de 1960 la mayoría de americanos que vio el primer debate televisivo de la historia -protagonizado por Kennedy y Nixon- votó por Kennedy. Los que lo siguieron por la radio, en su mayoría, por Nixon. Aquel debate fue visto por 70 millones de personas. Con una década de existencia, la televisión demostraba su potencial y los espectadores se rendían al poder del encanto televisivo de Kennedy, que dominó mejor el medio. Comenzaba la era de la imagen.

En España tardaríamos mucho más en vivir un acontecimiento similar. Fue en 1993: dos candidatos a la presidencia del Gobierno se enfrentaban por primera vez en un plató de televisión. El debate entre Felipe González y Jose Mª Aznar congregó a una audiencia de 20 millones frente a la tele, provocó ríos de tinta y generó muchas horas de análisis periodístico y de debates improvisados de bar.

Creando un ideario colectivo

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La memoria colectiva de los telespectadores es la suma de todas las imágenes, los acontecimientos y los eventos presenciados ante la pantalla que nos han marcado. Esos que unen a generaciones enteras, que lo cambian todo. Como aquel 20 de julio de 1969 cuando con un pequeño paso para el hombre se daba un gran paso para la televisión con su primer evento en directo para todo el planeta: la llegada del hombre a la luna, vista por más de 500 millones en todo el mundo.

En cuanto a España, para entonces sólo en cuatro de cada diez hogares había tele, pero el que no tenía, buscó donde verlo. Era habitual que vecinos y familias enteras se apiñaran en torno al televisor más cercano para no perderse a Jesús Hermida, narrando desde Houston ese momento histórico para TVE. Imaginad si los españoles hubieran visto el moonwalk de Amstrong con la definición de una tele de LED y no en una de tubo y en blanco y negro. Pero el acontecimiento y el hecho de poder verlo eran suficientemente fascinantes.

La tele nos llevaba allí donde la historia se estaba escribiendo. La misión del Apollo XI no fue el primer gran acontecimiento que nos hizo estar pendientes del otro lado del charco. La crisis de los misiles en Cuba en 1962 o la muerte de John F. Kennedy un año después impactaron para siempre en la memoria de las primeras generaciones de espectadores, que presenciaron desde su sofá cómo el mundo podía cambiar.

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Fueron puntos de inflexión en la historia. Como ocurrió en España (y ya en color) cuando Carlos Arias Navarro anunciaba la muerte de Franco en 1975 o cuando vimos a Tejero entrando a golpe de pistola en el Congreso en 1981. Pero la amenaza nuclear de 1962 ponía en jaque al mundo entero: la misma sensación que tuvimos durante el 11S al ver cómo el Worl Trade Center se desplomaba en directo y justo la contraria a cuando presenciamos la caída del muro de Berlín en 1989.

Y se hizo el color. Y la libertad de elección.

En 1973 llegaba el color a la televisión, a las rayas de la equipación de los equipos de fútbol, a las caras de los presentadores de la época, a las películas, o a la [Familia Telerín]. Pero sin duda la diferencia más abismal -además de en los dibujos- se vivió en el fútbol: imaginad seguir viendo todos los Barça-Madrid en blanco y negro, como aquel primer encuentro televisado de 1959.

Las primeras décadas de la televisión en España fueron de "monopolio" de programación. No había más donde elegir que la 1 al principio y, años después, la frecuencia UHF (con el tiempo, la 2). Pero paradójicamente era una programación de lo más variada, que tenía en cuenta a todos los targets, que primaba su papel como informador y formador y que practicaba el entretenimiento familiar.

Y formaba incluso desde la ficción: las series podían servir para reflejar una realidad, como 'Anillos de oro'. La mítica serie de los 80 protagonizada por Ana Diosdado e Imanol Arias fue la manera de presentar en sociedad la Ley del Divorcio y los nuevos modelos familiares además de que abordó por primera vez temas tabúes como la homosexualidad o el adulterio. Nada que ver con la libertad a la que estamos acostumbrados ahora.

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Esa libertad empezó en los 90, con la llegada de las cadenas privadas, sus nuevos modelos televisivos y todo un universo de personajes y nuevos formatos: conocimos el anime; nos introdujimos en las series de culto como 'Twin Peaks' o 'Expediente X'; los concursos proliferaron y, con el paso de los años, se importaron formatos inéditos en nuestro país, como la telerrealidad. Telecinco y Antena 3, con el tiempo, se convertirán en los dos grandes grupos de comunicación que mandan en la televisión actual: Mediaset y Atresmedia.

Y se hizo mucho más patente con la desconexión analógica y la llegada de la televisión digital terrestre (TDT) que permitió a los grupos incorporar más canales; y con las plataformas de televisión digital, con una oferta a la carta y multitud de canales temáticos para satisfacer la demanda de cualquier espectador. La última revolución en cuanto a contenidos viene de la mano de los servicios de video a demanda (como Netflix, recién llegada a nuestro país) reconvertidos en productoras de ficción.

La carrera tecnológica

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Al tiempo que crecía la oferta en contenido también evolucionaba la tecnología. El segundo gran salto fue la llegada del plasma en 1997 para sustituir al tubo de imagen, consiguiendo mayor contraste e imágenes más realistas y reduciendo considerablemente el tamaño a lo ancho del aparato, mientras aumentaban las pulgadas. Unos años más tarde aparecían los televisores de LCD, más baratos y con menor consumo de energía. Las pantallas seguían creciendo hasta permitirnos tener una minisala de cine en casa. Ayudó también la llegada de la HD (High Definition o Alta Definición) con la que se consiguió la mayor nitidez de imagen nunca vista hasta el momento.

Pero el último hito tecnológico que ha vivido la televisión (o, más bien, la pantalla) es la llegada del sistema OLED comercializado por primera vez en nuestro país por LG. Esta nueva tecnología se basa en la conductividad de polímeros orgánicos que los tres químicos ganadores del Nobel en el año 2000, descubrieron en 1970. La tecnología OLED sustituye las lámparas traseras de las pantallas LED por puntos de luz orgánicos que reaccionan por estimulación eléctrica generando luz, pero se encienden y se apagan de forma independiente. Al controlarse cada píxel por separado se logran colores un 30% más intensos y más contraste, que hacen que la imagen sea más nítida que nunca.

Es lo más nuevo en televisores. Es la tecnología del presente, la que ha logrado solucionar los problemas de los sistemas anteriores aportando un mayor refresco de imagen con el que se aprecian mejor las películas de acción, los deportes y las carreras de coches y todo con un menor consumo energético que las pantallas de LED y de LCD.

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