
Durante más de una década, miles de jóvenes kenianos estaban detrás de los trabajos que entregaban otros jóvenes a miles de kilómetros.
Copiar en los exámenes o pedir a alguien que te haga ese trabajo que se te ha atragantado es una tentación tan vieja como la propia educación. Los de mi generación crecimos con la picaresca a 'El Rincón del Vago', pero el negocio no se quedó ahí y con el tiempo se profesionalizó con tarifas fijas y plazos de entrega. Y en ese mercado, hubo un país que se convirtió en una auténtica potencia: Kenia.
Los escritores fantasma kenianos. En un reportaje del New York Times cuentan la historia de Teresios Bundi. En 2011 se mudó a Nairobi para estudiar en la universidad y, casi por casualidad, acabó dedicado a un nuevo trabajo online: escribir trabajos para universitarios occidentales, sobre todo estadounidenses y británicos. Le pagaron 7 dólares por su primer encargo y a partir de ahí no dejó de trabajar.
Como ganaba dinero, Bundi tomó la decisión de renunciar a su carrera en el sector de la salud pública para dedicarse al 100% a la redacción de trabajos. Con el tiempo, llegó a crear una empresa en la que empleaba a otros estudiantes que, como él, buscaban sacarse un dinerillo extra. Dice que llegó a redactar 2.500 trabajos y cobraba entre 40 y 70 dólares por cada uno de ellos.
Un empleo muy lucrativo. Bundi no fue el único que vio una oportunidad laboral en este nuevo mercado. A principios de los 2010 fue el punto álgido de este negocio y se calcula que al menos 40.000 kenianos estaban viviendo de hacer los deberes ajenos. Y vivían muy bien. Coches nuevos, smartphones de última generación y entrada VIP en las mejores discotecas. Hoy no queda nada de aquello.
Y entonces llegó la IA. La llegada de ChatGPT en 2022 supuso el fin de este tipo de trabajos. La IA podía hacer lo mismo y no les cobraba, así que los estudiantes empezaron a usar esta nueva herramienta y en poco tiempo el negocio se fue al traste. Bundi reconoce que "Jamás habría imaginado que la IA pudiera lograr esto".
Más roles afectados. La redacción de trabajos académicos no fue el único empleo online que desapareció por culpa de la IA. También había muchas personas que se dedicaban a otro tipo de tareas como la transcripción de reuniones o la moderación de contenidos en plataformas como Facebook. En concreto, la transcripción fue uno de los trabajos que antes se vio afectado porque ya existían herramientas muy potentes mucho antes de que llegara ChatGPT.
Con respecto a la moderación de contenido, aunque aún hay humanos dedicándose al etiquetado, se han reducido mucho las plantillas porque la IA va mejorando. Según datos de Scale AI, una de las mayores empresas de etiquetado, en octubre del año pasado los modelos de IA podían completar el 2,5% de las tareas freelance, mientras que en julio de este año ya podía con el 16%.
Humanizando la IA. La irrupción de la IA ha arrasado con la mayoría de estos trabajos por encargo, pero hay un rol que todavía resiste y es el de los humanizadores de textos. Conforme las herramientas de IA se han popularizado y su uso ha aumentado, hemos aprendido a detectarla. Además de las alucinaciones, la IA tiene una forma de escribir muy característica que resulta bastante fácil de detectar. Hay profesores denunciando que los trabajos que entregan sus alumnos parecen todos el mismo trabajo y ahí es donde entran en juego estos humanizadores. Lo que hacen es editar los textos que genera la IA para que no se note y pueda pasar el software antiplagio sin levantar sospechas.
Imagen | Xataka con Magnific
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