¿Va a matar la tecnología a la estrella de la academia de idiomas?

En Star Trek no hacía falta saber idiomas. Para eso tenían el traductor universal, un pequeño dispositivo que como indican en la Wikipedia permitía traducir en tiempo real cualquier idioma en forma comprensible y de forma bidireccional. Puede que fabricar una nave como la Enterprise sea muy poco (¿nada?) factible hoy en día, pero lo de la traducción universal no está tan lejos de nuestra realidad.

Lo demuestran los numerosos avances que se están logrando en tecnologías de traducción que permiten evitar que nuestras dificultades con el inglés -no digamos ya otros idiomas- no supongan un problema real en muchas situaciones. La tecnología de traducción está cerca de lograr algo espectacular: que el estudio de otras lenguas casi se convierta más en un pasatiempo que en una necesidad.

Eso podría transformar nuestra realidad cotidiana, por supuesto: que un colegio sea o no bilingüe podría no ser tan determinante para los padres como lo es ahora, por ejemplo, pero tampoco asistiríamos a esos vergonzosos intentos de nuestros gobernantes o de presidentes de grandes corporaciones de hablar en inglés mientras se toman a relaxing cup of café con leche.

Esto es lo que hace la tecnología porque no aprendamos idiomas

Lo cierto es que los intentos por lograr máquinas o sistemas de traducción simultánea (o traducción automática) llevan ya décadas produciéndose. La lucha contra esta torre de babel en la que vivimos se inició en 1951 y tres años más tarde se verían los primeros resultados del trabajo de Yehosha Bar-Hillel y Warren Weaver, pero no ha sido hasta los últimos meses que hemos comenzado a ver avances realmente significativos a nivel práctico.

El más claro exponente de esos logros es Skype, el software de videoconferencia y mensajería de Microsoft que recientemente presentó el soporte de traducción simultánea del inglés al español y viceversa vía su tecnología Skype Translator. El desarrollo de los responsables del servicio ha llevado años y de hecho ya en 2010 implementaron el llamado Translating Telephone que sería la antesala de lo que hemos visto varios años después y que de hecho ya apuntaba maneras hace algo menos de un año.

El esfuerzo de Microsoft tiene competidores, desde luego: hace tiempo que Google lleva ofreciendo Google Translate para la traducción (no necesariamente simultánea) entre distintos idiomas. La evolución del servicio web ha sido fantástica y ha permitido que aparte de los idiomas más utilizados en todo el mundo también se soporten otros relevantes pero de uso muy localizado.

Esa tecnología ha ido más allá en los últimos tiempo y Google hizo uso de su billetera para hacerse con World Lens, la aplicación de la empresa Quest Visual que combinaba la traducción con la realidad aumentada. El resultado forma parte de Google Translate (disponible en iOS y por supuesto Android), pero también de Google Goggles, una aplicación que tiene entre sus opciones no solo resolver Sudokus, sino traducir carteles y señales de texto en otros idiomas al que nosotros deseemos. Este tipo de solución ha sido también implementada por Microsoft en su aplicación Bing Translator para Windows Phone, y deja clara las prestaciones que pueden ofrecer este tipo de desarrollos.

El traductor universal podría no ser tu teléfono

Han aparecido proyectos paralelos que tratan también de ofrecer soluciones alternativas. Sigmo lanzó una exitosa campaña de financiación colectiva a finales de 2013 pero numerosos problemas en el proceso de fabricación han hecho que los dispositivos se retrasen más de un año (con las lógicas críticas por parte de los que invirtieron en esa iniciativa).

La siempre versátil Raspberry Pi también puede convertirse en una solución de traducción bastante solvente -hace uso del motor de traducción de Microsoft- para todos aquellos que quieran investigar en un campo en el que no son necesarios grandes recursos económicos. Y sin embargo, hay más y más opciones en este campo de la comunicación combinada con la traducción universal en tiempo real.

Una de las más curiosas es la aparición del servicio Babelverse, en el cual se aplica ese concepto de "economía colaborativa" a este campo: los intérpretes aficionados y profesionales pueden ganar dinero por sus tareas de traducción con gente que necesite esos servicios, y la oferta y la demanda tratan de ser el pilar fundamental de un servicio cuyo objetivo es "democratizar" la traducción. Eso sí: nada de traducción realizada por una máquina, ya que en este caso los traductores son personas que sí tienen conocimientos de los dos idiomas en los que se realiza la comunicación.

Esa traducción simultánea sí se ha aplicado en los últimos años a nuestra rutina cotidiana. Ha pasado por ejemplo con Twitter y la traducción automática de tweets con Bing,mientras que Google ofrece las prestaciones de su motor de traducción también en diversos formatos.

Todos estos avances dejan claro que el campo de la traducción en tiempo real sigue avanzando de forma notable. En The Economist citaban recientemente un estudio de la consultora Common Sense Advisory en el que se estimaba que la industria de interpretación de idiomas genera unos 37.000 millones de dólares al año, un pastel en el que este tipo de soluciones tienen mucho que ganar.

Sin embargo, la batalla está aún lejos de ser ganada. Las traducciones son de momento limitadas tanto en su precisión como en su inmediatez, algo que era evidente en un Skype Translator que desde luego nos deja claro hacia dónde va el futuro. La dificultad de reconocer distintos acentos, distintos giros del lenguaje y de entender algo tan complejo como el contexto en el que se habla -y que resulta determinante para un proceso de traducción efectiva- hacen que esas tareas sean aún difíciles de disfrutar al 100% en esa traducción automática.

La disrupción que se presenta entre el enseñar con tecnología

Una de las áreas más claras a las que afectarán estos sistemas de traducción automática en tiempo real es el de la educación. La introducción de la tecnología en el aula es uno de los temas sobre los que más debaten en la actualidad, y de hecho en los pasados Premios Xataka 2014 ésta fue una de las charlas que tuvieron lugar durante esa jornada.

La informática y sobre todo los dispositivos móviles han sido uno de los instrumentos clave para el aprendizaje de idiomas. Aquí hay que destacar servicios como Duolingo, con cuyo creador, Luis von Ahn, tuvimos la oportunidad de hablar hace unos meses y que destacó la buena marcha de una aplicación que permite aprender de una forma distinta, mucho más divertida y sin que las sesiones tengan que prolongarse demasiado. Esta empresa y su solución han dado el salto a las aulas recientemente, y son la demostración de cómo este tipo de aprendizaje de idiomas puede plantearse en estos tiempos en el aula.

Pero claro, puede que como decíamos al principio el avance de la traducción automática haga que este tipo de aprendizaje sea innecesario a nivel práctico. No solo eso: servicios como Duolingo precisamente hacen necesario el uso de dispositivos como ordenadores o móviles para llevar a cabo su función en el aula, y en los últimos tiempos hemos visto cómo por ejemplo el uso de los portátiles no estaba recomendado para tomar apuntes. Ese último estudio confirmaba otro anterior en el que se recomendaba tomar apuntes a mano, como toda la vida, y nos volvía a hacer reflexionar sobre el futuro del aprendizaje, incluido por supuesto el de los idiomas.

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