
La natación aumenta la capacidad cognitiva y también refuerza el sistema cardiovascular
Cuando comenzamos a hacernos mayores, hay una recomendación que comienza a generar mucho protagonismo, que es la necesidad de mantenerse activo. Sin embargo, el desgaste articular, el miedo a las caídas o la pérdida de masa muscular suelen complicar la elección del deporte ideal. Y es aquí donde la piscina emerge no como una alternativa más, sino como el entorno biomecánico perfecto.
Cada vez más importancia. Durante los últimos años, la ciencia ha dedicado un buen espacio para analizar los efectos que tiene la natación en nuestro organismo. Y el veredicto es que nadar o hacer gimnasia en el agua a partir de los 60 años produce una transformación integral que abarca desde la musculatura hasta el cerebro.
Es un blindaje. Cuando nos sumergimos en el agua, la flotabilidad reduce drásticamente el impacto en las articulaciones, lo que convierte a la piscina en un santuario para personas con artritis o limitaciones musculoesqueléticas. Pero que el agua sea amable no significa que no sea exigente.
En este caso, un análisis publicado en 2026 analizó a más de 1.100 adultos mayores y demostró que el ejercicio acuático mejora de forma integral la función física. Además, la resistencia natural del agua actúa como una máquina de pesas fluida, logrando aumentos significativos en la fuerza tanto del tren inferior como del superior. Algo que es fundamental para evitar el riesgo de caídas y una ganancia de flexibilidad que es fundamental para cuando nos hacemos mayores.
Corazón de atleta. El impacto que tiene la natación sobre el sistema cardiovascular y metabólico está al nivel de los mejores tratamientos preventivos. Aquí un estudio publicado en 2025 apuntó que el ejercicio acuático combate la rigidez arterial y mejora la función endotelial con una eficacia igual al ejercicio que se puede hacer en un gimnasio en tierra firme.
Y por si fuera poco, la revista Nature publicó recientemente una revisión de 22 estudios que confirma el poder del agua sobre nuestro perfil lipídico. Aquí quedó en evidencia que en la piscina de forma regular reduce el colesterol total, los triglicéridos y el colesterol "malo", mientras eleva el "bueno".
El impacto cerebral. Uno de los descubrimientos más importantes está en los beneficios psicosociales y cognitivos de la natación en los adultos mayores. Aquí la ciencia ha visto que el ejercicio acuático es la modalidad más efectiva para potenciar la función cognitiva, haciendo que se pueda mejorar la memoria, el tiempo de reacción y la atención. Puntos fundamentales cuando se llega a cierta edad.
Además, la interacción social de la hidroginástica y el propio efecto relajante del agua funcionan como un potente antidepresivo y ansiolítico natural, elevando la autoestima y mejorando la calidad de vida general.
La cantidad. Con este pretexto no hace falta ir a un gimnasio a coger mucho peso, sino que yendo 2-3 veces a la semana a una piscina durante unos cuarenta minutos y con una intensidad moderada puede ser más que suficiente. Aquí es donde entra también el hacerlo correctamente, puesto que la receta ideal sería mezclar trabajo de resistencia con ejercicio aeróbico en el agua.
Imágenes | Miguel Guerra
En Xataka | Los beneficios de echarte al agua son mayores de lo que solemos imaginar, al menos si es para nadar
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