El escudo invisible de los estrógenos: un macroestudio confirma que la menopausia temprana dispara el riesgo de infarto e ictus

Menopausia

Los niveles elevados de estrógenos son un gran escudo que se acaba perdiendo irremediablemente

José A. Lizana

Colaborador

Cuando pensamos en la menopausia, la conversación social y médica suele limitarse a los síntomas evidentes y a corto plazo, como son los sofocos, los cambios de humor, el insomnio o el cierre del periodo fértil. Sin embargo, esta fase en la vida de cualquier mujer tiene implicaciones que van mucho más allá en materia de salud al suponer un gran cambio metabólico y sobre todo vascular. 

Una nueva visión. Ahora, el mayor estudio internacional realizado hasta la fecha ha venido a confirmar una realidad al apuntar que cuando la menopausia se adelanta, el riesgo de sufrir un infarto de miocardio o un ictus se dispara de forma drástica, manteniéndose independiente de otros factores de riesgo tradicionales.

La magnitud del estudio. La investigación, para alcanzar estas conclusiones con una solidez prácticamente inquebrantable, ha recurrido al macroestudio de base PURE, siguiendo de cerca una cohorte masiva de 111.619 mujeres procedentes de 26 países diferentes, registrando su evolución clínica durante una media de 14,6 años. Y los expertos ya apuntan a que nos encontramos ante un punto de inflexión metodológico en cardiología femenina. 

En cifras. Los hallazgos que se evidencian en este estudio segmentan el riesgo de manera clara en función de la edad en la que se produce el fin de la menstruación:

  • Cuando la menopausia llega antes de los 40 años, se denomina 'menopausia prematura' y conlleva entre un 27% y un 30% más de riesgo de sufrir eventos cardiovasculares mayores como infartos. 
  • En el caso de hablar de una menopausia entre los 40 y los 45 años, recibe el apellido de 'temprana' y registra un 14% más de riesgo de presentar complicaciones cardiacas. 

Es un factor de riesgo. El dato más robusto y preocupante que aporta la investigación es que este incremento del riesgo cardiovascular persiste prácticamente inalterado incluso después de que los investigadores ajustaran estadísticamente los modelos para aislar algunas variables clásicas como la hipertensión arterial, la diabetes, el tabaquismo o el sedentarismo. 

Esto quiere decir que la pérdida temprana de la función ovárica es un factor de riesgo independiente por sí mismo para que se puedan presentar estos graves problemas. 

¿Por qué? La explicación médica detrás de este fenómeno radica en la pérdida abrupta de lo que los cardiólogos denominan el "escudo de estrógenos". Hay que tener muy presente que durante la edad fértil, las hormonas estrogénicas ejercen un papel protector fundamental en el sistema circulatorio a través de varios mecanismos, como por ejemplo manteniendo a raya los niveles de colesterol y triglicéridos. 

Pero también los estrógenos mantienen las venas y arterias en buen estado, favoreciendo la relajación vascular e inhibiendo la acumulación de grasa corporal en las paredes arteriales. Además, cuando los niveles de estrógenos caen prematuramente, el proceso de formación de depósitos lipídicos en las arterias progresa a una velocidad mucho mayor.

La brecha económica. Uno de los puntos más innovadores y alarmantes del estudio PURE es cómo el contexto geográfico altera radicalmente el impacto de la menopausia adelantada. Y es que entre sus conclusiones se ve cómo el impacto sobre la salud cardiovascular es casi el doble en países de bajos recursos en comparación con las naciones ricas.  

Por ejemplo, en países como Pakistán, Tanzania, Bangladés, India o Zimbabue, un abrumador 43% de las mujeres posmenopáusicas habían experimentado una menopausia precoz o temprana. Pero en naciones ricas como Canadá o Suecia la cifra se reduce hasta el 23%. 

Un matiz. Los autores introducen una advertencia importante, ya que en países con economías muy precarias, la desnutrición crónica suele provocar lo que se conoce como amenorrea hipotalámica, ya que el organismo prioriza vivir por encima de mantener otras funciones como la reproductiva. 

Y aunque esta confusión podría inflar parcialmente la brecha estadística entre países ricos y pobres, el estudio aclara que no invalida en absoluto la conclusión principal del estudio: a nivel global, sin estrógenos, el corazón sufre.

Imágenes | Molly Wichman 

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