Las limitaciones apuntan a que todavía queda mucha investigación por delante para sacar conclusiones claras
El Alzheimer y otras formas de demencia siguen siendo uno de los rompecabezas médicos más complejos de nuestra era, destacando sobre todo por la ausencia de tratamientos que consigan frenar completamente la enfermedad o incluso la reviertan. Pero la ciencia sigue avanzando y ahora ha puesto el foco en un factor preventivo que podría estar en nuestras manos desde la juventud: la vitamina D.
Se sigue avanzando. El estudio principal que ha desatado el interés fue publicado a principios de este mismo mes de abril en la revista Neurology. Y el objetivo de este no era otro que arrojar luz sobre cómo se comporta nuestro cerebro décadas antes de que aparezcan los clásicos síntomas de la demencia.
Para poder llegar aquí, se monitorizó a un total de 793 participantes provenientes del reconocido Framingham Heart Study con una edad media de 39 años. A partir de aquí se comenzó a medir la vitamina D sérica de los pacientes entre 2002 y 2005, y después, a los 16 años, se les hizo diferentes escáneres para comprobar el estado del cerebro.
Que se vio. Como conclusiones, el estudio apuntó a que mantener niveles más altos de vitamina D, superiores a 30 nanogramos por mL, durante los 30 a los 40 años se asocia con una menor acumulación posterior de la proteína tau en el cerebro.
Porque importa. La relevancia de este descubrimiento es crucial y para entenderlo, solo hay que conocer que el Alzheimer se produce porque se conjugan dos factores principalmente:
- Las placas de proteína beta-amiloide, que se acumulan fuera de las neuronas.
- Los ovillos neurofibrilares de proteína tau, que se forman dentro de las propias células cerebrales y están estrechamente ligados a la muerte neuronal y al deterioro cognitivo.
De esta esta manera, el esfuerzo de la ciencia ahora mismo está puesto sobre todo en bloquear la formación de placas de beta-amiloide alrededor de las neuronas o evitar que la proteína tau se acumule en nuestras neuronas. Aunque es algo realmente complicado.
Hay un matiz. Curiosamente, el estudio no encontró ninguna asociación entre los niveles de vitamina D en la mediana edad y la acumulación de beta-amiloide. El efecto protector se limita exclusivamente a la proteína tau, especialmente en las regiones cerebrales donde el Alzheimer suele dar sus primeros golpes.
Esto es una buena noticia, ya que acota los mecanismos biológicos implicados y sugiere que la vitamina D podría jugar un papel específico en las vías que regulan como se produce o se elimina la tau a lo largo de los años.
Hay letra pequeña. Tal y como advierten en la propia nota de prensa, este es un simple estudio observacional. Esto significa que es cierto que las personas con una mayor vitamina D en la mediana edad acumularon menos proteína tau, pero el estudio no puede afirmar categóricamente que la vitamina D destruya la proteína tau por sí sola.
Además, los propios autores del estudio son tajantes: este hallazgo no es una receta médica. No hay evidencia actual que justifique que suplementarse masivamente con pastillas de vitamina D a los 40 años vaya a blindar el cerebro contra la demencia. Esto simplemente abre el camino para que en futuras investigaciones se pueda probar de verdad en un ensayo clínico esta relación y pueda dar lugar a nuevos tratamientos.
Imágenes | catalyststuff freepik
Ver todos los comentarios en https://www.xataka.com
VER 1 Comentario