
Aunque volar primero y llegar primero apuntan a dos carreras diferentes
En un mensaje patriótico, Washington ha puesto nombre, fabricante y fecha a su apuesta para dominar la próxima generación del combate aéreo: el Boeing F-47 debería volar en 2028 y la Fuerza Aérea asegura que será el primer caza de sexta generación del mundo. Ocurre que China ha respondido de una manera bastante menos discreta. En realidad, desde diciembre de 2024 tiene en pruebas dos misteriosos aviones sin cola que apuntan a la línea de flotación norteamericana.
La proclamación por ser el “primero”. El general de brigada Timothy Helfrich, responsable de adquisiciones de cazas y aeronaves avanzadas de la Fuerza Aérea estadounidense, lo ha expresado sin demasiados rodeos: el F-47 será “el primer caza de sexta generación del mundo”.
Boeing recibió en marzo de 2025 un contrato de unos 20.000 millones de dólares para desarrollar el avión y el objetivo es realizar su primer vuelo en 2028. Washington pretende adquirir al menos 185 unidades y convertirlas en el núcleo tripulado de NGAD, una familia de sistemas en la que el caza combatirá acompañado por drones autónomos.
La respuesta de China: nosotros ya volamos. Porque en diciembre de 2024 comenzaron a aparecer imágenes de dos aeronaves chinas radicalmente diferentes a los cazas actuales. Una procedía de Chengdu y terminaría siendo conocida extraoficialmente como J-36. La otra apareció cerca de las instalaciones de Shenyang y recibió la denominación provisional J-50.
Pekín apenas ha explicado qué son, aunque ambos programas han seguido acumulando vuelos mientras Boeing todavía trabaja para llevar al cielo el primer F-47 de desarrollo.
El J-36, otra escala. El aparato de Chengdu es un enorme diseño sin cola, con una característica planta de ala en diamante, tres motores y una cabina que se ha observado en configuración lado a lado. Su tamaño apunta a mucho espacio interno para combustible, sensores y armamento, lo que encajaría con misiones de gran alcance en el Pacífico.
Desde su aparición se han observado sucesivas configuraciones con cambios en tomas de aire, escapes y tren de aterrizaje, hasta el punto de que los analistas creen que podrían haber volado ya cuatro o cinco prototipos diferentes.
Un segundo en camino. El denominado J-50 es más pequeño, bimotor y utiliza otra configuración furtiva sin estabilizadores verticales convencionales. Se han observado al menos dos aparatos y vídeos posteriores muestran pruebas bastante más ambiciosas que los primeros vuelos experimentales.
UN VISTAZO A...
Por dimensiones y aspecto parece aproximarse más al concepto del F-47 que el gigantesco J-36, aunque desconocemos su misión definitiva y existe incluso la posibilidad de que termine relacionado con la aviación embarcada china.
Las cartas guardadas del F-47. La imagen difundida por la Fuerza Aérea estadounidense es una ilustración artística, así que ni siquiera permite conocer con seguridad la forma definitiva del avión. Washington sí ha adelantado algunos objetivos: más de Mach 2, un radio de combate superior a 1.000 millas náuticas (más de 1.850 kilómetros), furtividad de nueva generación y una profunda integración con los Collaborative Combat Aircraft que lo acompañarán.
Además, Estados Unidos asegura que los demostradores experimentales vinculados a NGAD acumularon cientos de horas de vuelo durante cinco años antes de que Boeing recibiera el contrato del F-47.
Volar y llegar primero son carreras distintas. Posiblemente, aquí está la letra pequeña del órdago chino. J-36 y J-50 son aeronaves reales que están volando, aunque eso no demuestra que China tenga ya dos cazas de sexta generación maduros: siguen cambiando entre prototipos, desconocemos buena parte de sus motores, sensores, armamento y capacidades de cooperación con drones, y Pekín ni siquiera ha anunciado cuándo pretende producirlos.
El mismo secreto rodea buena parte del programa estadounidense, por lo que comparar únicamente las fechas de los vuelos públicos puede ofrecer una imagen engañosa de quién lleva realmente ventaja.
One more thing. La carrera ha terminado adoptando una forma curiosa. Washington apuesta por un F-47 cuyo desarrollo oficial está mucho más definido y afirma que será el primero de su generación, mientras Pekín experimenta a la vista del mundo con dos diseños diferentes y modifica sus prototipos a gran velocidad.
La victoria, si se puede definir así, llegará cuando alguno consiga transformar esas tecnologías en un avión producido en serie, armado, conectado con sus drones y preparado para combatir. Hasta entonces, China puede presumir de una ventaja bastante más sencilla de fotografiar: mientras el F-47 es un render que apunta a 2028, sus dos candidatos ya vuelan.
Imagen | Sweet Clay, United States Air Force, Wikimedia
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