Qué fue de los OMAP de Texas Instruments, los SoC que dominaron el mundo móvil durante una década

En septiembre de 2012 Texas Instruments anunciaba su intención de abandonar gradualmente sus SoC para móviles. La familia OMAP que había sido absoluta protagonista durante casi una década —fue socio natural de Nokia, que aprovechó sus chips de forma masiva— de repente dejaba de tener sentido.

La decisión parece sorprendente vista en perspectiva: ¿no vieron el potencial del mundo móvil? Si lo hicieron, no captaron su magnitud, porque poco a poco fueron perdiendo batallas contra Qualcomm o Samsung —Apple llegaría algo después— y tiraron la toalla en lugar de aprovechar su experiencia en este campo. Los OMAP que dominaron los 'feature phones' apenas pudieron participar en la revolución del smartphone.

Del todo a la nada

Todo había empezado diez años antes, en diciembre de 2002. Texas Instruments anunciaba su alianza con STMicroelectronics para crear la iniciativa Open Mobile Application Processor Interfaces (OMAPI) que pretendía usarse en móviles con conectividad 2.5G (GPRS) y 3G.

La implementación de esa iniciativa fue la que supuso el nacimiento de la familia OMAP (Open Multimedia Applications Platform) de Texas Instruments, unos SoCs (System-on-a-Chip) destinados a móviles y a aplicaciones multimedia.

Estos procesadores hicieron uso de arquitectura ARM que comenzaba muy pronto a mostrar sus virtudes en móviles. Los primeros SoC OMAP 1 acabaron usándose en cientos de 'feature phones', pero también en productos destacables como las tabletas Nokia 770 que se presentaron en 2005 y que fueron uno de los primeros productos de los que hablamos en Xataka entonces.

El éxito de estos chips fue absolutamente arrollador, y Nokia acabó convirtiéndose en un cliente enorme y excepcional para Texas Instruments. La firma finlandesa aprovechó SoCs de otros fabricantes, pero los OMAP se convirtieron en parte integral de muchos de sus móviles.

Esos SoC fueron evolucionando de forma notable, y de los micros de 130 nm de la familia OMAP 1 (salvo por el 1710) se pasó a los Soc de 65 y 45 nm de la tercera iteración, OMAP 3. Estos micros fueron por ejempolo usados en los míticos Nokia 900, pero también fueron populares entre fabricantes que comenzaban a ver claro que los smartphones lo cambiarían todo.

Así, Motorola los usó en sus Droid y Droid 2, mientras que LG los aprovecharía para sus LG Optimus Black y Samsung los aprovecharía para sus i8910 Omnia HD, lanzados en 2009 y que fueron los primeros móviles capaces de reproducir y grabar vídeo HD (720p).

Aquellos SoC también formaron parte de las casi míticas tabletas Nook Color de Barnes & Noble e incluso de aquellos Palm Pre con webOS que pudieron cambiarlo todo y finalmente no pudieron cambiar nada.

Para entonces las cosas empezaban a cambiar en el mundo de la movilidad. Apple ya había presentado sus primeros iPhone y le había mostrado al mundo por dónde acabarían yendo los tiros, pero la amenaza parecía estar más en el software que en el hardware.

Qualcomm se apodera del mercado

Sin embargo Texas Instruments comenzó a verse amenazada por poderosos competidores. La salida de sus OMAP 4 en 2009 tuvo desde luego cierto éxito (hasta Samsung los usó en sus Galaxy S II o en los Nexus, y Amazon los aprovecharía para sus tabletas Fire HD) pero la propia Samsung comenzaba a trabajar duro en sus Exynos, aunque la verdadera amenaza llegaba de Qualcomm, no tanto por sus procesadores como por sus módems 4G.

El Toshiba TG01 fue el primer móvil a 1 GHz, y su SoC no era OMAP, sino uno de los primeros Snapdragon de Qualcomm

La empresa fue una de las grandes implicadas en el desarrollo del estándar 4G / LTE, del que acabaría teniendo una parte sustancial de las patentes sobre las que se sostenái esta tecnología. Sus Snapdragon habían sido los primeros en llegar a los 1.000 MHz de frecuencia en 2009 con los Toshiba TG01, pero la integración de sus módems de banda base para esas redes 4G fue el verdadero golpe de gracia para unas redes que eran componente esencial del futuro de los smartphones.

En Texas Instruments habían perdido el interés por el mercado de los smartphones. La firma decidió abandonar la carrera por los procesos de fabricación, cada vez más ambiciosos y costosos, y comenzó a centrarse en su papel como proveedor de productos analógicos, que no necesitaban chips con litografías avanzadas como sí ocurría en el mundo de los smartphones.

Los propios inversores de Texas Instruments pedían esa transición a gritos. Los analistas explicaban entonces que "el negocio inalámbrico está dañando las acciones", y apostaban al segmento analógico como parte fundamental del futuro de la compañía.

Hacía años que las citadas Qualcomm o Samsung comenzaban a amenazar su posición de mercado, pero también otras como Broadcom, Nvidia e incluso Intel —que hizo algún intento por llegar a ese mercado— ponían a Texas Instruments en una situación complicada.

Cómo ha cambiado el cuento

De hecho, resulta curioso ver cómo la situación en el mercado de los fabricantes de semiconductores era muy distinta a la actual. En Seeking Alpha un analista destacaba cómo en 2012 "Intel es el líder indiscutible en los procesos de fabricación", y según las fuentes tenía una ventaja de al menos cuatro años con su competidor. ¿Adivináis cuál era? Exacto: TSMC. Apple, mecionada como cliente de empresas como Samsung, no parecía demasiado relevante en este apartado aunque también acabaría siéndolo.

Abandonar sus OMAP no le ha salido mal a Texas Instruments, pero la pregunta obvia es: ¿le habría ido mejor si hubieran seguido apostando por este segmento?

La decisión que Texas Instruments tomaba, como explicaban otros analistas, no era ya una sorpresa en 2012, cuando "el segmento inalámbrico de TI ha estado languideciendo durante años".

En 2008 se habían rendido en el mercado de los procesadores de banda base para ceder ese espacio a Qualcomm, y aquello fue sin duda el principio del fin para la familia OMAP.

Resulta sorprendente comprobar cómo la empresa acabó tirando la toalla en un mercado que no paraba de crecer y que desde muy pronto muchos reconocieron como disruptivo.

Entre los que lo vieron, por cierto, estaban los responsables de Apple, que aprovecharon bien aquel movimiento de Texas Instruments: acabaron fichando a ingenieros de su extinta división para trabajar en sus propios chips de la familia A. La apuesta, como se vio a posteriori, les salió bien.

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