'Philip K. Dick's Electric Dreams', una antología scifi que se queda a medio gas

En diciembre de 2011 se estrenaba en Channel 4 la primera temporada de 'Black Mirror'. Tras el éxito de dos temporadas de tres episodios cada una, el canal de televisión pública británico perdió la puja millonaria por los derechos de distribución en favor de Netflix, que un día de marzo de 2016 puso 40 millones de dólares sobre la mesa; la antología de Charlie Brooker tendría 12 capítulos más, pero en otra plataforma.

Fastforward, pero poquito, hasta un día de mayo de 2016, cuando Deadline publicaba que Channel 4 produciría una nueva antología de ficción especulativa, ésta producida por Ronald D. Moore ('Battlestar Galactica') y Bryan Cranston ('Breaking Bad'), entre otros. Los episodios independientes se inspirarían en la bibliografía de Philip K. Dick, de quien ya hemos visto adaptaciones como 'The Man in the High Castle', 'Blade Runner' o 'Minority Report'.

¿Casualidad? No creo. ¿Resquemor y venganza? Tampoco es eso. Aunque podamos ponernos conspiranoicos (Amazon se apuntó al carro comprando los derechos de distribución fuera del Reino Unido), es una realidad que la antología está de vuelta, y al igual que no se entienden 'The Event', 'Flashforward', 'Alcatraz' o 'Revolution' sin 'Perdidos' o el auge del true crime sin 'The Jinx' o el podcast 'Serial', no se entienden 'Dimension 404', 'Room 104', el 'Amazing Stories' que está por venir o la propia 'Electric Dreams' sin el éxito internacional de 'Black Mirror'.

La producción, que se puede ver desde esta semana en Amazon España, se presentaba a priori atractiva: una ficha técnica repleta de veteranos como el mismo Moore, Tony Grisioni ('The Young Pope'), Jack Thorne ('The Fades', 'Skins') o Matthew Graham ('Doctor Who', 'Life on Mars'), una lista de actores y actrices llamativa con el propio Cranston, Steve Buscemi, Geraldine Chaplin, Richard Madden, Anna Paquin o Timothy Spall, y unas historias que parten de la literatura clásica de ciencia ficción de un autor tan influyente en el género como Philip K. Dick.

Sin embargo, la sensación que queda después de ver unos cuantos (4) capítulos de la serie (en Amazon España están disponibles los 10 episodios, algunos de los cuales aún no se han emitido en Channel 4) es de decepción y desaprovechamiento; de que no logra salir airosa de alguna de las trampas más comunes del formato antológico por episodios.

El status quo de las series

Uno de los elementos que caracterizan a una narración seriada es su forma de lidiar con el status quo del universo en el que se desarrollan las historias. Por ejemplo, en 'Los Simpson' encontramos un status quo que ha sido practicamente estático durante décadas; en 'Bones' se da una serialidad basada en las relaciones interpersonales, con cambios que se suceden muy lentamente; y luego está 'Juego de Tronos', cuya historia está definida por el cambio -en este caso concreto es la esencia de la narración, ya que sus personajes a lo que juegan es a cambiar el status quo a su favor.

La desventaja de un status quo, sea rígido a cierto nivel es que como espectador sabemos que, pase lo que pase, hay pocas probabilidades de que ciertos aspectos cambien; la libertad argumental está algo mermada. Sabemos que los protagonistas no van a morir, o que no va a caer un meteorito que arrase con todo de forma radical y espontánea; y lo aceptamos porque sabemos que forma parte del contrato que hacemos como espectadores.

Esta es una limitación que no sufren las antologías (tanto por capítulos como por temporada), ya que pueden arriesgar con el devenir de las historias y el destino de los personajes principales. En relatos de género como el terror o el suspense, esta ausencia de continuidad es argumentalmente una ventaja importante si se le saca partido, permitiendo finales o giros sorprendentes.

Sin tomar caminos tan extremos como 'Black Mirror' (algo que se agradece si comparamos con según qué episodios de Brooker), es algo que 'Electric Dreams' ha sabido aprovechar en alguno de sus episodios. Cuando se manejan, además, planteamientos de ficción especulativa cuyo final último es la reflexión sobre la humanidad, lo que define a una persona o el lugar que ocupa en su propia vida, es aún más enriquecedor para el conjunto poder llegar a desenlaces como el de Real Life, The Commuter, Human is.

Corre, que sólo tenemos 50 minutos

Sí, la falta de continudad también puede ser una gran desventaja. A nivel de programación, efecto llamada, promoción y fidelidad de la audiencia es el mayor obstáculo al que se enfrenta una cadena tradicional con una antología como ésta, pero dejemos ese aspecto a un lado y sigamos centrándonos en el contenido; el relato.

El status quo que se genera de la continuidad puede tener sus limitaciones pero el tiempo de metraje acumulado permite una mayor profundidad y desarrollo de personajes y universo; da cabida a más matices y abre más espacios a la sutileza. Y si algo no es 'Electric Dreams', es sutil.

En relatos de géneros como el terror o el suspense, la ausencia de continuidad es una ventaja argumental que permite finales o giros sorprendentes

La mayoría de los relatos que ofrece adolecen de una narración excesivamente expositiva que se apoya en diálogos muy explicativos y en personajes que verbalizan la moraleja o la reflexión de la historia en cuestión -incluso hasta llegar a extremos en los que se siente más una explicación para tontos que una consecuencia de contar con una duración limitada.

Aquí es donde entra en juego el talento, claro. La habilidad para saber atrapar al espectador en una historia y personajes que no conoce, generalmente mediante alguna particularidad como el tono, un perfil concreto, una estructura narrativa, el entorno, etc. Episodios como Be Right Back o San Junipero de 'Black Mirror',' The End of the Whole Mess de 'Pesadillas de Stephen King' o Mornings de 'Master of None' (que aunque no sea antología, el episodio funciona perfectamente por sí mismo) son ejemplos de cómo en estos capítulos autoconclusivos e independientes es mejor centrarse en un aspecto concreto.

En 'Electric Dreams' quieren ser tan ambiciosos que no brillan en nada. Quieren introducir elementos futuristas o fantásticos variados y a la vez recrear un universo con muchos elementos llamativos, presentar tramas principales y secundarias, que haya acción, que haya reflexión y QUE NO FALTE DE NADA. En varios capítulos esto resulta en un batiburrillo de elementos que dificulta focalizar el interés, lo que unido a la sobre exposición no acaba provocando otra cosa que aburrimiento.

Mi última pega hacia 'Electric Dreams' está en lo estilístico, y es que en general se me antoja una propuesta bastante cutre como conjunto. Y me refiero simplemente al terreno de los efectos digitales (que se puede perdonar) sino a una sensación general de universos pobres con ideas visuales simplistas y poco llamativas.

El más lucido quizá sea The Hood Maker, el episodio que Channel 4 emitió en primer lugar (y que Amazon ha colocado en quinto) y que tiene un tratamiento visual con más texturas que quiere emular en ciertos sentidos a 'Blade Runner'. En cuanto a narrativa visual también destacaría Human is (tercero de Amazon, sexto de Channel 4), un episodio dirigido con cierta elegancia que saca partido a su minimalismo.

Aunque personalmente 'Electric Dreams' me haya resultado poco arriesgada, poco original y poco atractiva, comprendería que haya muchos expectadores, especialmente fans de la ciencia ficción y fantasía clásicas, que disfruten de la serie y puedan aceptarla por lo que es.

Los elementos están ahí: universos futuristas o distópicos con reflexión social y existencial hecha desde la modernidad, tecnología loca, historias interplanetarias o de universos paralelos y un tratamiento visual que va desde lo neón hasta lo onírico. Es lo que tienen las antologías: el episodio que no me ha gustado a mí puede conectar de forma diferente contigo.

En Xataka | Los episodios de 'Black Mirror', ordenados de mejor a peor

Ver todos los comentarios en https://www.xataka.com

VER 15 Comentarios

Portada de Xataka