
Tres franquicias y tres fracasos, pero Emilia Clarke no se arrepiente: por qué los actores participan en sagas que no les interesan
En una entrevista reciente, Emilia Clarke repasó su trayectoria post-'Juego de Tronos' con una franqueza poco habitual. Sobre 'Invasión secreta' dijo: "Creo que a nadie le gustó la serie." Sobre 'Han Solo: Una historia de Star Wars': "Los espectadores tampoco quedaron contentos." Sobre 'Terminator: Génesis': "Nunca debería haber pasado." Y añade: "Pero eran trabajos a los que dije que sí. Me uní a franquicias que ya eran grandes y estaban establecidas. Por eso no me lo tomo como algo personal." Es difícil encontrar mejor resumen de cómo funciona el negocio de las grandes franquicias en Hollywood.
Algunas recaudaciones. Veamos si esa sensación de Clarke de que fueron fracasos se acompaña con datos. 'Solo: A Star Wars Story' costó entre 275 y 300 millones de dólares y recaudó 393 millones a nivel mundial. Según se calcula, Disney perdió unos 77 millones de dólares con la película, convirtiéndose en el primer fracaso comercial de Star Wars.
'Invasión secreta' tuvo un coste de producción de 211,6 millones de dólares, cifra conocida gracias a las exigencias de transparencia del programa de incentivos fiscales del Reino Unido, donde se rodó. Más de lo que costaron 'Barbie' u 'Oppenheimer' ese mismo año. Las cifras de audiencia en Disney+ en sus primeros cinco días fueron las segundas más bajas de cualquier producción del MCU, solo por encima de 'Ms. Marvel'. La recepción crítica fue igualmente pobre. En cuanto a 'Terminator: Génesis', 155 millones de presupuesto, recaudación insuficiente para justificar secuelas que ya se habían anunciado, y críticas flojas.
No es la primera. En 2021, con el MCU aún dominando las taquillas, Anthony Hopkins resumió su experiencia en la trilogía de 'Thor', entre 2011 y 2017: "Me pusieron una armadura y me pegaron una barba. Siéntate en el trono, grita un poco. Si estás sentado frente a una pantalla verde, es actuar ante la nada". Chris Hemsworth llegó a conclusiones similares: reconoció que en 'Thor: Love and Thunder' "me atasqué improvisando y haciendo payasadas, y me convertí en una parodia de mí mismo." Esta vez, crítica y público le acompañaban en las dudas.
Hemsworth ha descrito la dinámica que él llama "la maldición del superhéroe", y que sencillamente es que "te encasillas." Pero al mismo tiempo rechaza la actitud de actores como Clarke, que critican Marvel cuando sus proyectos no funcionan: "Son películas exitosas: ponme en una. ¿La mía no funciona? Pues ataco todas."
Lo que realmente está diciendo Clarke. El fondo de la queja de Clarke es que las grandes franquicias funcionan como máquinas de contratación que ofrecen visibilidad global y retribuciones económicas que pocas producciones independientes igualan. A cambio, el control creativo del actor sobre el resultado es mínimo. Clarke decía en la misma entrevista que en 'Juego de Tronos' recibía los guiones y hacía "todo lo que estaba en mi mano para entender y empatizar con las decisiones." No sucedió así en franquicias posteriores.
No solo Marvel. El patrón no es exclusivo de una sola franquicia. Cuando la actriz Jamie Lee Curtis rechazó en 2022 participar en proyectos de Marvel, lo hizo con el mismo tipo de argumento que Hopkins: "me pegarán puntos por el cuerpo y me obligarán a actuar en algún almacén.". Lo que sí parece estar claro y demuestra Clarke es que cuando hay un fracaso comercial, los actores parecen sentirse más libres de poner en solfa las obvias carencias de un sistema en el que son solo más carne para la picadora de contenido.
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