El jet privado del emir de Catar es tan grande que alteró el tráfico aéreo de Palma para revisar la pista tras su aterrizaje

Emir De Catar En Mallorca
  • El Boeing 747-8 privado del emir de Catar aterrizó en Palma y activó protocolos especiales que alteraron la operativa del aeropuerto

  • Tras el aterrizaje de esta mole, la pista tuvo que inspeccionarse para ver si había soportado el impacto del avión de unas 400 toneladas

Rubén Andrés

Editor - Trabajo y productividad

Palma de Mallorca vive cada verano la misma rutina. Millones de turistas, colas en facturación y un calor que aprieta desde primera hora. Pero durante el pasado verano hubo un vuelo que dio más que hablar que cualquier otro.

Tal y como contaba la prensa del golfo Pérsico, el suceso no se produjo por una avería o un aterrizaje de emergencia, sino por el simple hecho de aterrizar en el aeropuerto de Palma con un avión de un tamaño descomunal. Un avión que, pese a que su propietario lo considera "su jet privado", es tan grande que obligó a retrasar casi todo el tráfico aéreo de Palma solo para comprobar que no había dejado marcas en el asfalto de la pista de aterrizaje.

Un aterrizaje que paró el aeropuerto. El jet privado del Emir de Catar, Tamim bin Hamad Al Thani, deja huella en todos los aeropuertos en los que aterriza. No es para menos, su tamaño y peso pone a prueba la capacidad operativa de las infraestructuras, hasta el punto de elevar su categoría de aeropuerto regional a uno con capacidad internacional, como ya sucedió con el pequeño aeródromo de Cerdeña.

En esta ocasión, el gigantesco jet privado tomó tierra en el aeropuerto de Son Sant Joan, cercano a Palma de Mallorca, a principios del pasado verano. La asociación española de controladores lo contó en su cuenta en X. Tras el aterrizaje, dijeron, "se realiza una revisión de pista por si hubiera introducido algún tipo de suciedad". En realidad, lo que se inspecciona es que el asfalto de la pista no se haya dañado durante el aterrizaje tras el impacto de las 400 toneladas que pesa.

Esa revisión forma parte del protocolo obligatorio para aviones de este tamaño y deja la pista que se ha empleado cerrada durante varios minutos. Durante ese tiempo, los controladores solo pueden usar una de las dos pistas del aeropuerto, y las calles de rodaje cercanas quedan despejadas mientras ese mastodonte del aire avanza hacia el estacionamiento asignado.

Un "jet privado" que necesita medio aeropuerto para él solo. Hablamos de un Boeing 747-8, la versión más grande jamás fabricada del histórico jumbo. Según los datos de Boeing, su envergadura llega a 68,4 metros y su longitud supera los 76 metros. Son cifras de un avión comercial de gran tamaño con capacidad para hasta 531 pasajeros, pero en este caso, su uso es exclusivo como jet privado para el emir de Catar y su nutrido séquito. Esto lo convierte, de facto, en una suerte de palacio presidencial volante.

Su imponente tamaño hace que muy pocos aeropuertos del mundo están preparados para recibir aviones así con normalidad. Palma, pese a ser uno de los aeropuertos más activos del país durante el verano por su afluencia de vuelos internacionales lo consigue, pero con maniobras especiales cada vez que uno de estos gigantes aterriza.

Un solo avión pone patas arriba el aeropuerto. El 747-8 entra en la categoría "Pesada", según recoge el propio documento de AENA. Esa clasificación es para aviones de más de 136 toneladas. Eso obliga a ampliar la distancia operativa con el avión que va detrás, para evitar la turbulencia que generan sus alas. El resultado de este retraso con el siguiente aterrizaje genera un efecto dominó en el resto de vuelos, frenando la operativa habitual del aeropuerto, ya de por sí tensionada por el incremento de turistas en verano.

Otros vuelos esperan en tierra o en el aire mientras el gigante privado se acomoda en la ubicación indicada. A eso se suma la dificultad logística que ocasiona la llegada de estos gigantes del aire y las plataformas capaces de acoger un avión de este peso son limitadas.

El lujo va por dentro. Por dentro, el avión es otra historia. Se calcula que ronda los 360 millones de euros. Esconde salones, despachos y zonas de descanso con maderas nobles y acabados en oro, muy lejos de lo que encontraríamos en la cabina de un vuelo comercial.

La familia suele completar el verano a bordo del Al Lusail, el imponente superyate de 123 metros de eslora valorado en 500 millones de dólares que cada año aguarda a su propietario, cuyo gasto anual en vacaciones equivale al de 10.000 turistas. Solo darle una mano de pintura a este superyate ha costado 13 millones de euros. Según recogía el Diari de Tarragona, en este momento el Al Lusail se encuentra amarrado en la marina de Tarragona, muy cerca del aeropuerto de Reus. Dadas las fechas, Tarragona, calienta que este verano te toca.

En Xataka | El Boeing 747 que el emir de Dubái usa como avión privado es tan lujoso que hasta los mandos del piloto son de oro

Imagen | Imagen | Wikimedia Commons (Khamenei.ir, John Murphy)

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