Con su mezcla de reality, sitcom y experimento social, este estreno sorpresa de Prime Video es una de las comedias del año

Hay un curioso experimento psicológico, realizado en 1951, por Solomon Asch, uno de los pioneros de la psicología social. En él pedía a un grupo de estudiantes que identificaran en unas fichas con tres líneas cuál tenía el mismo tamaño que una línea que aparecía en una segunda tarjeta. La respuesta era obvia, pero el sujeto de estudio no era el grupo completo, de 7 a 9 personas, sino solo uno de ellos. Los otros daban respuestas correctas al principio, erróneas después.

Esto hacía que el sujeto de estudio, incómodo con ser el único en el grupo con una opinión divergente, escogiera la opción incorrecta a sabiendas de que lo era. Lo hacía el 36'8% de las veces y solo cuando los cómplices dando respuestas erróneas sin su conocimiento estaban junto a él. Un experimento que hoy no podría realizarse porque los códigos éticos de las investigaciones no permiten engañar así a los sujetos de estudio, sin informar de que como mínimo existe esa posibilidad.

En cualquier caso, tenemos un equivalente mucho más dinámico, divertido y sorprendente que el experimento de Asch para llegar a conclusiones similares, aunque algo más surrealistas. Se trata de 'El jurado (Jury Duty)', una peculiarísima comedia disfrazada de falso reality (o al revés) que acaba de estrenar Prime Video sin apenas publicitarla, pese a que está nominada a cuatro Emmys: Mejor comedia, Mejor reparto de comedia, Mejor guión de comedia y Mejor secundario de comedia (James Marsden).

Explicar 'Jury Duty' es más complicado que disfrutarla. La serie nos presenta un juicio por un caso de daños y perjuicios más o menos normal. El jurado está compuesto por doce personas, cuyo proceso de deliberación se va a grabar para un programa de televisión, de los que once son actores. Todo es una farsa: el juicio, el caso, el juez, el resto del jurado... solo una persona cree que está en un juicio de verdad, y tendrá que mantener la compostura cuando la situación se vaya enloqueciendo poco a poco.

Juzgado de guardia

Pronto descubriremos que el resto del jurado son un grupo de excéntricos personajes entre los que destaca un transhumanista obsesionado con convertirse en un cyborg de andar por casa, una pareja cuyos devaneos románticos les hacen merecedores de una sitcom para ellos solos y el mismísimo James Marsden interpretando a una versión caricaturesca y excesiva de sí mismo. Pero el único que no está en el ajo, Ronald Gladden, no sospecha nada. El interés del programa está en ver cuánto pueden los guionistas y los actores (cuyo trabajo es en buena medida improvisado) estirar la cuerda de la credibilidad sin que se rompa.

'Jury Duty' es un entretenimiento aparentemente blanco e inocente: a diferencia de la mayoría de los programas de cámara oculta, el objetivo no es dejar en ridículo a Gladden. Sin embargo, bajo la capa de inocencia de esta serie de Freevee (la plataforma gratuita de Amazon, aún sin versión española) hay un perturbador discurso acerca de cómo, con tal de encajar en un grupo, aceptamos como posibles las situaciones más inverosímiles. Gladden se revela, programa tras programa, como una buena persona que no quiere desentonar y que está encantado de hacer nuevos amigos, aunque la mayoría de ellos tengan personalidades caricaturescas.

Hay un ejemplo muy claro de esto, que además es uno de los mejores momentos de la serie, en uno de los primeros episodios. Cuando charlan acerca de formas de librarse de ser jurado, Gladden recuerda de forma espontánea un sketch de 'Padre de familia' en el que Peter fingía ser racista para que le expulsaran. Uno de sus compañeros intentará ejecutar el plan y, por supuesto, sale fatal. Pero, por una parte, no hay consecuencias graves para ese traspiés, con lo que el propio Gladden se lo puede tomar a risa sin sentirse culpable.

Y por otra, en cualquier otro programa de cámara oculta, los actores habrían presionado a Gladden para que él ejecutara el plan, con la consiguiente humillación posterior. Pero 'Jury Duty' va por otro lado: el objetivo de los chistes son siempre los personajes ficticios que rodea a la única persona real del programa: un sujeto adorable que demuestra que podemos tener realities que transpiren buen rollo y que aún así nos cuenten cosas sobre nuestra siempre contradictoria naturaleza.

Cabecera: Amazon

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