Es un MacBook Pro M1 básico de 2020 que sigue comportándose sorprendentemente bien cinco años después
Aunque siempre he sido usuario de Windows, tanto en PC de sobremesa como en portátiles, con la llegada hace unos años de los procesadores Apple Silicon decidí dar el salto a los MacBook para trabajar (y un uso general de todo aquello que no fuese jugar). Concretamente, me hice con un MacBook Pro M1 en su versión más básica. Un equipo que hoy se encuentra reacondicionado muy barato y que sigue rindiendo casi como el primer día.
Apple MacBook Pro con Chip Apple M1
En mi caso, 256 GB de SSD y 8 GB de RAM son suficientes
Dicha versión básica supone contar únicamente con 8 GB de memoria RAM y 256 GB de SSD. Una cantidad de memorias que pueden resultar insuficientes a muchos usuarios pero que a mí, hasta el momento, no me ha dado ningún problema. Incluso con entre cinco y diez ventanas del navegador abiertas al mismo tiempo, varias pestañas en cada una de ellas, más otras tantas aplicaciones en segundo plano.
Por lo que gasté en su momento en el MacBook Pro M1, hoy en día hay opciones mucho más interesantes, claro. Sin ir más lejos, los MacBook Air más recientes que ya parten de 16 GB de RAM. Pero a los precios actuales de la generación de MacBook Pro y Air M1, que bajan de los 600 euros en tiendas especializadas en forma de reacondicionados, siguen siendo (a mi parecer) unas geniales compras si queremos un portátil económico, ligero, potente y con una autonomía bestial.
No se trata del equipo más potente, con mejor autonomía ni más completo del mercado. Pero lo cierto es que a un MacBook Pro M1 de 13 pulgadas, como es el mío, que aguanta sin problemas una jornada de trabajo sin pasar por la toma de corriente, que tiene espacio para instalar suficientes aplicaciones para trabajar y qué además resulta compacto y ligero como pocos, aún le queda cuerda (espero) para rato.
En lo personal, desde que di dicho salto al ecosistema de Apple mediante la familia MacBook, es lo que siempre recomiendo cuando alguien me consulta acerca de un equipo (portátil o no) para estudiar, trabajar o todo a la vez. Para jugar, la cosa cambia. En este escenario, aunque Apple ha mejorado mucho en los últimos tiempos, nada como un buen PC o portátil gaming con Windows. Y ese es precisamente el único uso que doy a mi sobremesa, desde hace mucho: jugar.
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