Todos los semáforos en verde a la vez: cómo una ciudad holandesa ha solventado los cruces en bicicleta

Estamos viviendo momentos de cambio en las ciudades europeas y españolas. La mayor parte de ellas están apostando por una clara peatonalización de sus centros históricos, una expulsión más o menos agresiva de los coches y una mayor apuesta por la bicicleta y los peatones.

Y estas transformaciones, cuando se han hecho en ciudades pensadas por y para el vehículo de motor durante las últimas décadas, pueden ser un verdadero caos. Concretamente, puedo hablar de primera mano de una ciudad como Madrid. En algunas ocasiones he hablado de mi experiencia como ciclista donde disfruto y sufro sus carriles bici, entre otros cambios que está llevando cabo la ciudad.

Lo que más echa de menos cualquier peatón o ciclista es, simplemente, que desde las instituciones no se entiendan sus movimientos, la forma natural en la que actúan y sus necesidades.

Por ejemplo, el carril bici de la Calle Santa Engracia es uno de los más utilizados en Madrid, porque es uno de los más seguros, con acera a un lado y coches aparcados al otro, que hacen de barrera ante el tráfico. No es casualidad que el de Alberto Aguilera, con coches a un lado y taxis y autobuses a otro, apenas acumule ciclistas.

A los peatones les sucede algo parecido. Los nuevos barrios que crecen en las cercanías de Madrid son demasiado anchos, acumulan numerosos carriles (vacíos) para coches y desincentivan los trayectos a pie. Un ejemplo: una rotonda del barrio de Sanchinarro es más grande que la Puerta del Sol de Madrid. Y los barrios con más solera tampoco se quedan atrás. Ejemplos hay muchos y numerosos.

Todos los semáforos en verde

Por norma general, cuando hablamos de bicicletas, miramos a Países Bajos. Y no es de extrañar, porque, muchas veces, avanzan soluciones de movilidad que bien se podrían aplicar en la mayor parte de las ciudades y facilitarían los trayectos en medios alternativos a los vehículos a motor. La clave, una vez más, está en pensar en el usuario.

Un buen ejemplo es la ciudad de Groningen. Hasta 29 cruces urbanos funcionan con semáforos "todo verde" para ciclistas. Son espacios donde los ciclistas pueden moverse con total libertad para coger la vía que más les interese. Un giro a la izquierda, uno de los más peligrosos para un ciclista, no supone aquí ningún riesgo, pues los coches están parados esperando su turno.

Dando prioridad a las bicicletas, éstas se mueven con soltura y se produce algo así como un gran caos ordenado. Cuando se cierra el semáforo para ellas, los coches encuentran el camino totalmente despejado y no corren el riesgo de atropellar a un ciclista que espera su turno para tomar una nueva calle, especialmente en el caso de aquellos que toman la vía a su izquierda.

Dar prioridad al paso de ciclistas tiene mucho sentido. Por norma general, la agilidad de este vehículo es mucho mayor y muchos trayectos son más rápidos en bicicleta que en coche (ya te he contado cómo a gran parte de Madrid tardo menos sobre dos ruedas que sobre cuatro). Arrancar en un semáforo suele suponer una salida más rápida de la bicicleta que rápidamente se ve alcanzada por el coche, el cual tiene que esperar detrás de la misma o, en caso de adelantarla, suelen compartir destino: un nuevo semáforo en rojo.

Además, su menor tamaño y su mayor facilidad para esquivar un posible accidente ha ido animando a que los ciclistas se encuentren con ayuntamientos que faciliten sus giros a la derecha (incluso con el semáforo en rojo). Madrid es una de esas ciudades, aunque el semáforo debe estar señalizado específicamente para ello (yo no me he topado con ninguno) y el paso debe interpretarse como un Stop.

En definitiva, para construir nuevos espacios y transformar los ya conocidos, es indispensable conocer las preferencias de los usuarios y las ventajas de cada tipo de vehículo. Y, aquí, queda mucho camino por andar para los ciclistas y peatones.

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