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Pensábamos que la maratón destrozaba el corazón. El mayor seguimiento médico hasta la fecha acaba de zanjar el debate

Tras diez años siguiendo a un grupo de corredores, la ciencia tiene un veredicto sobre el daño cardiaco

José A. Lizana

Colaborador

Cuando un corredor aficionado cruza la línea de meta tras 42 kilómetros, su cuerpo está al límite, y también su corazón. Esto es algo que se puede ver en una simple analítica donde se ve como los niveles de troponina T, uno de los marcadores de alerta del infarto, y una evidente fatiga en el ventrículo derecho. Pero en este caso la pregunta es obvia: ¿nos puede matar hacer un maratón?

La respuesta es no. Así lo ha evidenciado un estudio exhaustivo publicado a finales de 2025 en JAMA Cardiology, que ha apuntado que, a pesar del estrés extremo que sufre el corazón a corto plazo, correr maratones de forma amateur no causa daños cardiacos a largo plazo. 

Para entender la magnitud de este descubrimiento, hay que volver al origen del miedo y aquí trabajos recientes, como los publicados en Frontiers in Physiology o estudios sobre corredores de ultramaratón, han documentado repetidamente lo que ocurre inmediatamente después de la carrera. 

Qué se ha hecho. Lógicamente, el esfuerzo de hacer un maratón a un alto nivel de esfuerzo induce cambios ventriculares morfológicos y bioquímicos. El corazón aquí se somete a una gran sobrecarga de volumen y presión, liberando proteínas que en un paciente en reposo en urgencias harían saltar todas las alarmas por un posible infarto. Pero para sacar conclusiones, la investigación ha seguido a los mismos corredores durante diez años. 

El proyecto Be-MaGIC. Con esta premisa, la investigación no nació ayer, sino que el equipo aprovechó la cohorte histórica de este proyecto que se originó en la maratón de Múnich de 2009. De esta manera, los investigadores decidieron seguir a 152 corredores masculinos aficionados con una edad media inicial de 43 años. 

De esta manera, se evaluó a los participantes antes del maratón, después de cruzar la meta, un día después, tres días después y finalmente diez años después. Para ello se hizo uso de las ecocardiografías 3D de última generación y también del análisis de los biomarcadores cardiacos para poder determinar cómo funcionan los ventrículos, que son al final las principales bombas del corazón. 

Los resultados. Tras todos estos años, los estudios apuntaron a que, tras hacer la carrera, toda la función cardiaca comenzaba a estar muy alterada con aumentos en los biomarcadores cardiacos. Pero esto es algo que se fue solucionando en los días posteriores hasta llegar a los 10 años con un corazón completamente perfecto. 

Ni cicatrización del tejido cardiaco, ni insuficiencia cardiaca prematura. Todo normal, pese a que tras la carrera el estrés al que se ha sometido es muy elevado y que puede llegar a preocupar. 

¿Qué significa esto? El estudio científico viene a confirmar que el corazón humano es una máquina extraordinariamente elástica. Aquí la disfunción del ventrículo derecho y la liberación de troponina tras correr 42 kilómetros deben interpretarse como una respuesta fisiológica transitoria al ejercicio extremo y no como un daño patológico permanente. 

Por supuesto, esto no significa que correr maratones esté exento de riesgos agudos, especialmente para personas con condiciones cardíacas subyacentes o no diagnosticadas. Sin embargo, para el corredor amateur promedio que entrena adecuadamente, la ciencia es clara: cruzar esa meta agotará tu cuerpo, pero no hipotecará el futuro de tu corazón.

Imágenes | Miguel A Amutio Kenny Eliason 

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