Cada vez más aplicaciones prometen ayudar a monitorizar síntomas y entender esta etapa
Médicos, usuarias y expertas ven utilidad en estas herramientas, pero también advierten del riesgo
Aplicaciones para registrar los pasos diarios, los vasos de agua que hemos bebido, los libros leídos, las películas vistas, el progreso en el idioma que estamos aprendiendo… Medir y cuantificar diferentes aspectos de nuestra vida ha traspasado el ámbito laboral –donde se registran tareas, llamadas u horas extras– para extenderse al ámbito del deporte, la cultura o el ocio.
La tecnología permite hoy registrar actividades, hábitos y cambios cotidianos que hace no tanto quedaban fuera de cualquier medición. Esa lógica también se ha extendido al ámbito de la salud, y especialmente a la salud femenina. Las aplicaciones para seguir el ciclo menstrual son ya herramientas habituales: algunas de las más conocidas, como Flo o Clue, superan los 100 y 50 millones de descargas, respectivamente.
Y esa tendencia no se limita a las mujeres en edad reproductiva. En los últimos años también han empezado a proliferar aplicaciones pensadas específicamente para la perimenopausia y la menopausia, una etapa tradicionalmente mucho menos visibilizada. Kala Health, Mi Menopausia o Balance son algunos ejemplos de este nuevo nicho –aunque muchas apps centradas en el ciclo menstrual incorporan también funciones para detectar cambios hormonales o acompañar la transición hacia la menopausia–.
De tema tabú a conversación pública
La menopausia –acontecimiento biológico caracterizado por el cese permanente de la menstruación y el final del período reproductivo como resultado de la pérdida de la actividad folicular ovárica– y la perimenopausia –etapa de transición antes de la menopausia– han sido históricamente calificadas por profesionales como periodos en la vida de la mujer invisibilizados. Existen investigaciones que ahondan en cómo “el estigma y los tabúes” que rodean estas etapas “fomentan una cultura de silencio y una marcada falta de apoyo”.
Sin embargo, profesionales como Juan José Escribano Tórtola, jefe de Servicio de Obstetricia y Ginecología del Hospital Universitario Severo Ochoa, celebran el paso de un “ostracismo absoluto” –incluso entre profesionales de la salud– de hace unos años a una “mayor información de estos periodos de la vida de la mujer”. Comenta: “Cada vez son más las mujeres que acuden a nuestras consultas para informarse de los posibles tratamientos y/o medidas relacionadas con la su salud en esta etapa, y cada vez son más los profesionales preocupados por encontrar soluciones completas (...) para mejorar la calidad de vida de nuestras pacientes”.
A pesar de que la cobertura mediática continúa siendo escasa, según explica Irene Mira, periodista especializada en salud femenina, las redes sociales, asociaciones especializadas –como Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM)-- y otros canales de divulgación –como libros, podcast, webs o blogs– están facilitando la difusión de información sobre menopausia y perimenopausia.
Y es justo en este aumento de visibilidad (y mayor predisposición de las mujeres a informarse) donde se enmarca el auge de las aplicaciones que permiten hacer un seguimiento de estas etapas. De hecho, la doctora Pilar Valenzuela Mazo, ginecóloga especialista en menopausia de la Pontificia Universidad Católica de Chile y creadora y anfitriona del podcast Menopausia para todas, ve una clara tendencia en sus pacientes: “Cada vez más mujeres llegan a la consulta usando aplicaciones, ya sea para registrar síntomas o para informarse sobre la menopausia”.
Así funcionan las apps para la menopausia
Aunque cada plataforma tiene su propio enfoque, la mayoría de las aplicaciones centradas en menopausia y perimenopausia comparten una misma promesa: ayudar a las usuarias a entender qué les está pasando en esta nueva etapa de sus vidas.
Estas herramientas suelen combinar varias capas. La primera es el registro de síntomas: sofocos, insomnio, irregularidades menstruales, cambios de humor, sequedad vaginal, cambios en la libido, dolor, energía o problemas de sueño son algunos de los parámetros que permiten anotar para detectar patrones. A eso se suma una segunda función también habitual: contenido explicativo de salud. Muchas incluyen artículos, guías o “enciclopedias” sobre menopausia y perimenopausia, con información sobre síntomas, tratamientos, hábitos saludables o salud sexual.
Además de esta oferta, algunas aplicaciones incluyen acompañamiento digital. Es el caso de Kala Health, una de las pocas herramientas disponibles completamente en español. Talia Leibovitz, CEO de Kala Health, resalta como añadido la “comunidad de apoyo entre mujeres” y “la posibilidad de acceder a profesionales de distintas áreas, como ginecología, nutrición o salud mental”. Explica a Xataka que la intención es “ofrecer en un solo lugar información fiable, herramientas de seguimiento y apoyo profesional” para una fase que puede durar años y afectar tanto a la salud física como mental.
Aunque se trata de aplicaciones con un público muy concreto, algunas de estas aplicaciones empiezan a mostrar que existe un interés real. En el mercado anglosajón, herramientas como Balance superan ya las 100 mil descargas, mientras que en español el desarrollo es mucho más incipiente: aplicaciones como Mi Menopausia o Kala Health reúnen por ahora alrededor de 10 mil y 3 mil descargas respectivamente.
Pueden ser útiles (pero no un sustituto)
Para profesionales médicos y del sector tecnológico el principal valor de estas aplicaciones se encuentra en su capacidad de ordenar una experiencia que muchas veces se vive como caótica. En la perimenopausia, por ejemplo, los síntomas pueden aparecer de forma intermitente y confundirse con estrés, insomnio, ansiedad o cambios puntuales del ciclo. Registrarlos puede ayudar a detectar patrones y a entender mejor qué está ocurriendo de cara a una consulta médica.
Ahí es donde médicos y desarrolladores coinciden: el seguimiento digital puede ser útil si funciona como herramienta de apoyo. La ginecóloga especialista en menopausia Valenzuela Mazo explica que guardar registro de síntomas ayuda a las mujeres a llegar a consulta con la información “más organizada” y, cuando los datos son consistentes, puede facilitar al profesional entender mejor la evolución del cuadro.
En la misma línea, el jefe de Servicio de Obstetricia y Ginecología Escribano Tórtola sostiene que este tipo de seguimiento puede ser “muy útil” para los médicos y que, de hecho, ya se está implantado en muchas unidades especializadas.
La utilidad, además, no es solo clínica. En un terreno marcado por el déficit histórico de investigación en salud femenina, los datos que recopilan estas aplicaciones empiezan a tener también un valor científico. Algunas ya se están utilizando como base para estudios sobre calidad de vida durante la menopausia, como ocurre con investigaciones apoyadas en la información recogida por Mi Menopausia, la app desarrollada por la AEEM.
Y además, más allá de las aplicaciones clínicas y de investigación, la CEO de Kala Health resalta que el uso de estas herramientas puede reducir la sensación de aislamiento, al combinar comunidad y acompañamiento.
Las reseñas públicas de estas aplicaciones refuerzan esa idea de utilidad. Entre quienes las valoran positivamente se repiten tres beneficios: poner orden a los síntomas, entender mejor lo que está ocurriendo y sentirse acompañadas. “Muy fácil y clara, para registrar todos tus síntomas y controlar tus períodos y cambios”, escribe, por ejemplo, la usuaria “Perona” de una aplicación anglosajona.
En el caso de las apps en castellano, Déborah Orozco destaca cómo la herramienta le ha permitido “entender este proceso”, mientras que Irene Morrill subraya algo menos tangible pero también importante: la sensación de apoyo y de “normalidad” que le aporta la app. Entre las valoraciones positivas algunas usuarias señalan algo a mejorar: las herramientas más famosas no están traducidas al español y hay menos variedad de opciones en nuestro idioma.
Una vez claros sus beneficios, los profesionales no dejan de señalar sus limitaciones: una app no diagnostica, no interpreta el contexto completo y no sustituye una valoración individualizada. Valenzuela advierte de que muchas de estas aplicaciones no están diseñadas con respaldo médico o científico suficiente y pueden simplificar en exceso situaciones que requieren evaluación clínica. También existe el riesgo de que algunas usuarias intenten interpretar sus síntomas por su cuenta o incluso iniciar tratamientos sin orientación profesional.
Escribano Tórtola lo resume: “Se debe explicar a la paciente que es una herramienta de apoyo clínico y terapéutico (...) No es una cura milagrosa”. Su papel debe limitarse a ayudar a registrar, contextualizar y preparar mejor la conversación con el profesional sanitario; acompañar sin sustituir.
La menopausia, nueva oportunidad de mercado
A la periodista especializada en salud femenina Irene Mira, el surgimiento y el “boom” de estas herramientas le recuerda al caso de las aplicaciones para hacer un registro de la menstruación: la industria tecnológica supo detectar una necesidad y convertirla en una oportunidad de negocio. Algunas expertas y divulgadoras ya utilizan el término menowashing para describir la combinación entre “la ruptura de un tabú” con el “riesgo de una nueva forma de instrumentalización comercial del cuerpo femenino”.
Igual que ocurrió con parte del discurso en torno a la menstruación, la menopausia empieza a aparecer envuelta en un ecosistema de soluciones, productos y promesas que van desde apps y suplementos hasta cosmética, ropa interior o programas de bienestar. El riesgo lo ven en que la visibilización de esta etapa esté atravesada por la lógica del consumo.
Al mismo tiempo, el auge de estas aplicaciones no implica que todas las mujeres estén esperando una app. Para algunas, la idea misma de monitorizar la menopausia en el móvil resulta ajena o incluso innecesaria. María –una mujer de 62 años que prefiere mantener su identidad protegida–, que atravesó esta etapa hace años, asegura que ni siquiera sabía que ahora existían este tipo de herramientas: “¿Qué sentido tienen las aplicaciones? Hace años no existían apps, existía el boca a boca”.
Aunque admite que podría usarlas si se las recomendara un médico “con argumentos”, percibe que la menopausia se está “tecnologizando en exceso” y que estas herramientas encajan sobre todo con un perfil muy concreto: mujeres acostumbradas a registrar todo en el móvil, desde los pasos hasta el sueño. Ana, que acaba de entrar en esta etapa, tampoco conocía estas aplicaciones y tampoco siente que las necesite: no ha sentido la necesidad de monitorizar síntomas y, aunque reconoce que pueden interesar a otras mujeres, su reacción al auge de este tipo de herramientas es parecida: sí, la menopausia se está tecnologizando.
Ahí es donde el boom de la femtech encuentra su gran paradoja. La menopausia sigue siendo una etapa históricamente poco atendida, con escasa conversación pública y mucha desinformación, pero esa deuda también la convierte en un terreno especialmente fértil para la comercialización.
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