
Desintoxicarse del móvil puede ser algo maravilloso, pero hay saber bien que estrategia seguir
En un mundo hiperconectado como el que vivimos ahora mismo, donde las notificaciones de los móviles casi que rigen nuestras vidas, la idea de desconectar de manera abrupta parece la mejor solución para mejorar nuestra propia salud. Pero la realidad es mucho más compleja de lo que imaginamos y la ciencia apunta que no es necesario hacer una 'desconexión total', sino que basta con poner unos límites claros.
El 'detox digital'. Es innegable que la sobredosis tecnológica nos pasa factura. Un reciente estudio publicado en JAMA demostró que, en adultos jóvenes de entre 18 y 24 años, reducir drásticamente el uso de redes sociales durante una semana lograba disminuir la ansiedad en un 16,1%, la depresión casi un 25% y el insomnio un 14,5%. Y con estas cifras encima de la mesa, parece lógico querer poner el modo avión en nuestro dispositivo y dejarnos llevar hacia una desconexión total.
Hay algunos 'peros'. Aquí la ciencia apunta que el 'detox' temporal no es una panacea como nos quieren vender. En este caso, una revisión publicada este mismo año en Scientific Reports analizó diez estudios con más de 4.600 participantes y llegó a una conclusión incómoda para los defensores de la desconexión total: dejar las redes temporalmente no mejora de forma clara ni consistente el bienestar emocional ni la satisfacción vital.
Lo que sí sabemos es que el impacto de la tecnología no es "todo bueno" o "todo malo", sino que depende del tipo de uso, del contexto y de cada persona. El detox extremo intermitente suele ser un parche a corto plazo, pero no es una solución estructural para toda una vida.
La importancia de la pausa. Cuando pensamos en el hecho de que necesitamos estar haciendo el vago y desconectado de todo, es común citar el famoso texto homónimo de Paul Lafargue de 1880. Pero aquí hay varios puntos importantes, puesto que Lafargue escribía un brillante manifiesto político contra la explotación laboral en plena Revolución Industrial, no un paper sobre fisiología o salud mental.
De esta manera, traducir hoy esa pereza como "inactividad total" en el sofá es un error metabólico. Lo que la ciencia sí respalda sin fisuras no es el sedentarismo, sino la pausa activa, puesto que aquí un contundente estudio con cerca de 20.000 participantes demostró que caminar apenas 5 minutos cada media hora durante nuestras largas jornadas de silla y pantalla reduce los picos de glucosa postprandial en un 60%, baja la presión arterial y mejora drásticamente la fatiga y el estado de ánimo.
Lo correcto. Si la solución no es tirar el router por la ventana, ¿entonces qué? Aquí la evidencia clínica es tajante al apuntar que la gestión y el uso consciente aplastan al detox completo. Por ejemplo, un ensayo de 12 semanas comprobó qué ocurría al enfrentar el uso consciente guiado frente a la abstinencia total y los resultados apuntaron que el grupo que aplicó un uso consciente redujo el uso problemático en un 34%, aumentó su bienestar un 28% y mejoró su calidad de sueño un 41%.
Por contra, el grupo que desconectó completamente de su mundo digital experimentó mejoras iniciales importantes que se esfumaron a las tres semanas, sufriendo un duro efecto rebote.
El control. En pocas palabras, la tecnología no es un veneno del que debemos desintoxicarnos completamente, sino que hay que regularse. Un punto aquí bastante importante es que el problema no es el dispositivo en sí, sino el uso pasivo y el consumo compulsivo con el famoso doomscrolling.
Para poder tener una relación más sana con la tecnología, lo correcto es aplicar diferentes límites, como, por ejemplo, un tiempo máximo de uso en algunas apps, apagar las notificaciones, sacar el móvil de la habitación al dormir y fomentar la autorregulación propia.
Imágenes | Brett Sayles
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