Vivir en la casa que te prestan tus padres, la salida cada vez más común para los jóvenes españoles

La recesión de la pasada década se llevó por delante la clave de bóveda sobre la que se había construido la economía española: la vivienda. La construcción de nuevos pisos se detuvo, los precios cayeron y los porcentajes de inquilinos incapaces de hacer frente a las cuotas de su hipoteca se dispararon. Para muchos españoles, recién licenciados, encadenando trabajos precarios y sin ahorros, supuso un punto de no retorno. Por primera vez, la vivienda en propiedad no formaría parte de las aspiraciones (o las posibilidades) inmediatas de los jóvenes adultos. 

¿Alternativas?

Papá y mamá. La respuesta más intuitiva es "el alquiler". Y en gran medida es así. Según la última Encuesta de Condiciones de Vida del INE, es la solución habitacional más común (el 45,8%) para los jóvenes emancipados entre los 16 y los 29 años. Pero otra más ventajosa se ha disparado durante los últimos años: la "cesión gratuita" de un apartamento, generalmente por parte de los progenitores. Si en 2007 sólo el 9,7% de los jóvenes vivía en pisos prestados, hoy son ya el 18%. Un porcentaje que sólo se ha detenido gracias al repunte reciente de la compra.

Datos. El estudio del INE, recogido aquí por Cinco Días, es una fotografía perfecta del relevo generacional, uno forzado por los rigores de la crisis económica. En 2007, el último año previo al cataclismo económico del milenio, el 58% de los jóvenes españoles disfrutaba de un piso en propiedad. El porcentaje se ha desplomado en apenas diez años: hoy sólo representan al 29% de los menores de 30 años. En su lugar ha aparecido el alquiler (del 28,4%, minoritario, a la opción por defecto, 45,8%), y el "alquiler por debajo del mercado", del 3,8% al 6,6%.

Ceder el piso. La cesión, sin embargo, es mucho más apetecible. Pese a su desplome inicial, los precios de la vivienda no bajaron lo suficiente como para acompasarse al nivel adquisitivo de los jóvenes. El aumento del alquiler y la congelación salarial hacen que muchos menores de 30 años, especialmente solteros, no puedan costearse ni la hipoteca ni el alquiler. ¿Solución? La impresa durante medio siglo en el ADN de varias generaciones de españoles: la vivienda en propiedad como seguro de vida. Si todo va mal, siempre podrás recurrir a ella.

Propietarios. En España se juntan dos factores: por un lado, unas tasas de propiedad incomparables al resto de Europa, surgidas del modelo económico promovido por franquismo. Comprar un piso (para alquilar o vender) sigue siendo la inversión por defecto de muchas familias. Por otro, la abundancia de hijos únicos en plena decadencia demográfica. Hay muchas casas en propiedad y no tantos hijos a repartir. Ahora, los padres o familiares exprimen los frutos de aquel seguro de vida llamado piso, y lo ceden para que sus hijos, precarios, se independicen.

En un contexto de complejo acceso al mercado del alquiler, en especial en ciudades como Madrid o Barcelona, se ha convertido en un subterfugio, en una salida lógica fruto de un modelo económico histórico.

Quiénes. El análisis por franjas de edad es revelador: sólo el 3,8% de los mayores de 65 años viven en pisos cedidos; el 5,3% de las personas entre los 45 y los 64 años; y el 9,4% de aquellos entre los 30 y los 44 años. Los jóvenes españoles duplican al resto de cohortes demográficas. Y es lógico. Sus tasas de emancipación siguen siendo bajas, no ya en comparación con las europeas, sino con respecto a las anteriores generaciones: sólo el 20% de los menores de 30 años se ha emancipado. El dato más bajo desde 2002.

Vivir en la casa que tus padres compraron hace años para ponerla en alquiler es, poco a poco, la tendencia en el mercado de la vivienda. Una muy significativa.

Imagen: Kaytlin Baker/Unsplash

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