Unos obreros perforaban el sótano de una antigua cervecería para convertirla en vivienda social. Han dado con millones en lingotes de oro

Oro

Ahora queda lo más difícil: averiguar quién será el dueño de semejante botín

Miguel Jorge

Editor

Kobe tenía 18 años y un trabajo de verano en una obra de Sint-Gillis-Dendermonde, a unos 30 kilómetros al noroeste de Bruselas. El proyecto no parecía esconder grandes emociones: junto a otros trabajadores estaban perforando y excavando bajo una antigua cervecería para instalar nuevas tuberías de saneamiento dentro de una reforma destinada, entre otras cosas, a crear viviendas sociales. Entonces aparecieron las primeras monedas entre los escombros. 

Al seguir excavando salió algo más difícil de explicar: un lingote de oro

Alguien se había asegurado de que nadie lo encontrara. El tesoro no estaba simplemente olvidado en un rincón del sótano. Alguien lo había introducido en una bolsa y ocultado deliberadamente dentro de la pared de ladrillos de una pequeña estancia bajo la antigua residencia del propietario de la fábrica. 

De hecho, los obreros llegaron a dejar marcas y arañazos en algunos lingotes con sus herramientas antes de darse de cuenta lo qué estaban perforando. Cuando avisaron al jefe de policía Patrick Feys, este pensó que se trataba de una broma: cuatro personas tuvieron que contar después cada pieza bajo una cámara de vigilancia y el alijo acabó trasladado a una instalación federal segura en Bruselas. Aquel día, cuando terminaron de abrir la pequeña cámara tapiada, habían encontrado nada menos que 49 lingotes y más de 4.000 monedas, pepitas y otras piezas de oro valoradas en alrededor de nueve millones de euros.

La cervecería llevaba allí desde 1899. Contaba este fin de semana el New York Times que el lugar ofrece algunas pistas sobre quién pudo esconder semejante fortuna. La fábrica comenzó a producir cerveza en 1899 y pertenecía a Théophile (o Theophilus) Van Assche, un empresario cuya gran villa todavía conserva las iniciales “VA” en sus puertas de hierro. Sus tres hijos continuaron con el negocio hasta que la cervecería cerró definitivamente en 1970. 

Ninguno se casó ni dejó descendientes directos conocidos, y al menos uno de los lingotes lleva un sello que permite fecharlo en los años 60. Para Piet Buyse, antiguo alcalde de Dendermonde, no sería extraño que una familia adinerada como los Van Assche hubiera convertido parte de su patrimonio en oro y decidido esconderlo dentro de su propia casa.

El tesoro incluía monedas de oro, pepitas y lingotes numerados

De una familia de cerveceros a una ONG. La propiedad siguió después un camino que hace todavía más insólito el hallazgo. En 1982 pasó a manos de un monasterio benedictino, que la utilizó como alojamiento de transición para personas que habían estado en prisión. Los monjes terminaron entregándola a CAW Oost-Vlaanderen, una organización de servicios sociales que trabaja con personas sin hogar, víctimas de abusos, jóvenes, inmigrantes y antiguos presos. 

El edificio estaba siendo prácticamente vaciado por dentro para levantar nuevas oficinas y alojamientos cuando los trabajadores encontraron el oro detrás de una de las paredes que iban a desaparecer.

La ley belga exige que quienes encuentren un tesoro esperen al menos cinco años para que los posibles propietarios puedan reclamarlo

El problema: saber de quién son nueve millones. Porque encontrar un tesoro no significa automáticamente poder quedárselo. La Fiscalía de Flandes Oriental investiga primero si el oro pudo ser robado o proceder de alguna actividad delictiva y, si supera ese filtro, comienza una cuestión civil mucho más complicada

Aquí entran en la ecuación los descendientes de la familia Van Assche, los trabajadores que realizaron el hallazgo, la empresa constructora y la organización propietaria, todos podrían intentar reclamar derechos sobre la fortuna, y la legislación belga contempla además un plazo de cinco años para que aparezcan posibles propietarios o herederos. Al menos tres personas ya se han presentado ante la policía asegurando tener alguna relación con la antigua fortuna familiar.

El dinero iba a terminar bajo el mismo techo. Si se quiere, hay una última ironía en toda la historia. CAW estaba gastando dinero en transformar una vieja propiedad industrial en un lugar destinado a ayudar a personas que necesitan alojamiento cuando sus obreros descubrieron que el propio edificio llevaba décadas escondiendo una fortuna

Su director, Geert Hillaert, asegura que no piensa disputar el oro a quien pueda demostrar legítimamente que le pertenece, aunque ya sabe qué haría si finalmente acaba en manos de la organización: utilizarlo para construir más viviendas para familias sin hogar. Una historia de lo más peliculera donde unos trabajadores entraron una mañana en el sótano de una antigua cervecería belga para instalar el saneamiento de un proyecto social… y terminaron perforando una pared que albergaba 49 lingotes, miles de monedas y millones de euros cuyo dueño, décadas después, sigue siendo un misterio.

Imagen | Facebook/Dendermonde Local Police

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