Los infernales protocolos del aeropuerto de Hong Kong: test de Covid y ocho horas de espera

El gobierno acaba de anunciar que los viajeros internacionales que lleguen a España a partir del 15 de mayo serán sometidos a un periodo de cuarentena. Con el fin de minimizar nuevos casos importados, estas personas sólo podrán salir de casa para comprar alimentos o ir a la farmacia. Nada de los paseos de la fase cero ni del terraceo de la 1. Por su parte, Francia e Italia sostienen que no someterán a los viajeros a 14 días de encierro y Alemania comparte estrategia con España.

Sin embargo y a pesar de que una parte de Europa se inclina por decretar el confinamiento en estos casos, todo apunta que los protocolos a seguir continuarán muy distanciados del sistema chino donde la parametrización de los datos y el seguimiento de los ciudadanos son claves en su estrategia.

Entrar en China en tiempos pandémicos es una gincana de obstáculos y un reto que pone a prueba la paciencia de cualquiera. O, al menos, así lo relata la fotógrafa Laurel Chor en este hilo donde ha narrado su llegada a Hong Kong desde Londres.

Después de pasar dos meses en París, Chor hizo escala en Londres para subirse a un avión destino Hong Kong. Una de las primeras apreciaciones que destacó es que tanto en el aeropuerto francés de Charles de Gaulle como en el Heathrow de Londres, los trabajadores de British Airways iban protegidos con mascarilla y guantes. Sin embargo, en el vuelo hacia Hong Kong la tripulación de cabina de la misma compañía viajaba sin protección personal. Aun así, el capitán del vuelo Londres-Hong Kong anunció que viajaban alrededor de un centenar de personas, una cifra que evidencia que el avión estaba a un tercio de su capacidad.

Al aterrizar en Hong Kong, Laurel Chor se dirigió a un puesto de control donde tuvo que rellenar un documento conocido como "orden de cuarentena" y cuyo objetivo es hacer un seguimiento de todos los lugares por los que pasará antes de llegar a su domicilio. Cada vez que cambie de escenarios, deberá volver a rellenar una nueva orden de cuarentena.

Además, el personal le entregó una declaración de salud y le dieron las instrucciones necesarias para descargarse la aplicación de control. Después de entregarle un brazalete de seguimiento con sus datos, un funcionario le comunicó que, oficialmente, su cuarentena duraría hasta el próximo 28 de mayo por la mañana. El mismo hombre le preguntó si algún familiar podría cuidar de ella durante ese periodo y le preguntó si tenía un termómetro. Como la fotógrafa dudó y tardó en responderle, rápidamente le entregó uno a estrenar.

Igualmente, le explicaron cómo tenía que rellenar la tabla de síntomas y temperatura y le informaron que, además de tener que rellenar otros formularios de cuarentena, también tendría que completar uno con la información del medio de transporte que la fuese a llevar a casa (matrícula, etc).

Autoevaluaciones de Covid y ocho horas sin levantarse de una silla

Después de este proceso de control, Laurel recogió sus maletas y se subió a un autobús donde le entregaron un cordón de color naranja que debía llevar colgado del cuello para ser identificada como "persona a evaluar". Al tiempo, llegó junto a un grupo de viajeros al pabellón de Asian World Expo, unas instalaciones de 70. 000 metros cuadrados donde les realizarían las pruebas de Covid-19.

Una vez allí y con las maletas a resguardo en otro lugar, a Chor le tocó hacer fila en unos mostradores donde finalmente le entregaron un número de referencia, varios paquetes y un kit de autoevaluación. Aunque posteriormente podría ver un vídeo sobre cómo realizarse el test a sí misma, los funcionarios le explicaron presencialmente los pasos a seguir para tomar una muestra de saliva de la garganta.

Una vez visto el vídeo-tutorial a través de las pantallas ubicadas en la sala de la fotografía anterior, Chor se dirigió a las cabinas privadas que están habilitadas para la toma de muestras. Tal y como se muestra en este vídeo a cámara rápida, la autoevaluación consiste en extraer saliva de la parte profunda de la garganta y escupir a través de un embudo para que el esputo llegue al tubo sin que éste se contamine. Una vez embalado siguiendo el criterio de las instrucciones, Laurel lo entregó y varios funcionarios se encargaron de que el tuvo estuviese colocado de forma vertical en todo momento.

Aunque la propia fotógrafa reconoce que no se esperaba tener que tomarse ella misma las muestras, valora la existencia de las cabinas privadas ya que no es tan fácil extraer una muestra de saliva de la garganta.

Posteriormente y con la prueba entregada, Chor fue dirigida a otra sala donde había alrededor de 192 mesas y sillas distribuidas en 16 columnas y ordenadas por vuelos. Al llegar, le asignaron un puesto donde además de la mesa y la silla había una bolsa de basura y varios documentos con información. Aunque los funcionarios evitaban decir cuánto tiempo duraría la espera, Laurel afirma haber escuchado a un hombre quejarse por llevar ocho horas allí. Una vez sentada, tuvo que volver a actualizar su documento de cuarentena, para cambiar su ubicación. Si el primer formulario evidenciaba que estaba en el aeropuerto y el segundo en el autobús, éste debía mencionar que se encontraba en el pabellón de Asian World Expo.

Más tarde, les entregaron un bocadillo y una botella de agua. Y, aunque el procedimiento hasta ahora había sido muy estandarizado, Chor señaló un error higiénico por parte del personal. Debido a que ofrecían opciones vegetarianas, uno de los viajeros pidió un cambio de bocadillo y el personal volvió a colocar el suyo en el carrito.

A pesar de que durante la espera Chor señaló que se respiraba un ambiente de cooperación y paciencia, a la hora y media de estar ella allí, una mujer comenzó a dar paseos en torno a su propia mesa. También añadió que se sentía aliviada por volver y que era reconfortante dejar de sentir la germenfobia o ver que en Hong Kong las personas trabajan de forma colectiva por reducir a cero la transmisión local. A su juicio, en Europa y más particularmente en Francia, la gente percibe el virus como una lotería abstracta, creyendo que simplemente tienen que seguir las pautas del gobierno y esperar que todo vaya lo mejor posible.

Después de haber reservado su bocadillo durante horas con el objetivo de sobrellevar mejor la jornada, los funcionarios volvieron a pasar con el carrito para dejar varios paquetes de galletas de distinto tipo.

Seis horas de espera después, Chor comunicó con otro tuit que estaban entregando los resultados de las pruebas de coronavirus de los pasajeros de su vuelvo. Finalmente, su PCR dio negativo y podía emprender rumbo a su casa. Pero, antes de irse, los funcionarios le entregaron otro kit de autoevaluación para que el próximo 25 de mayo (tres días antes de que finalice su cuarentena) pueda tomarse otra muestra para corroborar que continúa siendo negativo.

Sin embargo, tras este tedioso proceso, a Laurel Chor todavía le quedan un par de pruebas antes de llegar a su casa. Una vez que llegue a su domicilio, el responsable de salud pública de su edificio deberá desinfectar toda su ropa y su equipaje para que, una vez que haya sido rociada con líquido desinfectante, pueda comenzar el aislamiento junto a su familia.

Imagen: Laurel Chor/Twitter

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