Tanques de EEUU acaban de enfrentarse a un ejército de drones de Ucrania: ha sido una humillación histórica

Drones Ucrania

Que unos pequeños drones aniquilen a toda una brigada de tanques pesados es una clara advertencia

Miguel Jorge

Editor

Durante décadas, EEUU construyó buena parte de su superioridad terrestre alrededor de una idea bastante sencilla: encontrar al enemigo, concentrar una enorme potencia de fuego y avanzar protegido por carros de combate y vehículos blindados. Esta primavera decidió enfrentar esa doctrina a soldados que llevan casi cuatro años y medio aprendiendo otra forma de combatir sobre el terreno. El resultado fue… incómodo.

Desigualdad. Alrededor de 3.500 militares estadounidenses participaron en Combined Resolve, principalmente soldados de la 3rd Armored Brigade Combat Team de la 1st Cavalry Division, desplazados desde Fort Hood, Texas. Era exactamente el tipo de fuerza con el que Estados Unidos lleva décadas preparándose para una gran guerra terrestre: carros M1A2 Abrams, vehículos de combate Bradley, infantería, helicópteros, drones y sistemas de guerra electrónica. 

Frente a ellos estaba la fuerza de oposición del campo de entrenamiento, reforzada por militares ucranianos del 412º Regimiento de Sistemas No Tripulados, conocido como Nemesis. Ocurre que los primeros movimientos estadounidenses revelaron inmediatamente un problema: los blindados pesados levantaban grandes nubes de polvo y los drones de reconocimiento ucranianos podían localizarlos con enorme facilidad.

Primero llegaba el dron que miraba. Después el que "mataba". Contaba el Wall Street Journal que la secuencia reproducía una de las rutinas que han transformado el frente ucraniano. Los pequeños drones de reconocimiento detectaban los vehículos y transmitían su posición, poco después aparecían aparatos preparados para soltar explosivos o drones FPV destinados a estrellarse directamente contra el objetivo. 

Evidentemente, los ucranianos no destruían Abrams durante las maniobras: en este tipo de ejercicios basta con que un dron se sitúe sobre el vehículo o se acerque lo suficiente para que un observador certifique la baja. Dicho esto, consiguieron hacerlo a tal velocidad que surgió una situación bastante reveladora: los blindados estadounidenses sufrieron una aniquilación total tan abultada y rápida que tuvieron que ser "resucitados" y enviados nuevamente al combate simulado para que las maniobras pudieran continuar. Esta dinámica se mantuvo durante toda la prueba.

Lo que EEUU no podía reproducir en casa. La gran diferencia no estaba necesariamente en disponer de un dron mejor. Como hemos venido contando, Ucrania acumula casi cuatro años y medio de una experiencia que ningún campo de maniobras estadounidense puede reproducir: operadores que modifican, reparan, arman y vuelven a lanzar drones mientras el enemigo intenta interferirlos o destruirlos. 

Esa experiencia ha convertido los pequeños aparatos baratos en una pieza integrada en prácticamente todos los niveles del combate. "No puedes conseguir un entrenamiento así en Estados Unidos", explicaba el general de la Fuerza Aérea Alexus Grynkewich, máximo responsable militar de la OTAN, sobre las lecciones a base de "derrotas" que están proporcionando los ucranianos a los aliados.

US Abrams

La paradoja de Estados Unidos. Porque lo especialmente llamativo del ejercicio es quién está aprendiendo de quién. Washington fue pionero en convertir los grandes drones de largo alcance en instrumentos habituales de guerra y durante décadas empleó aparatos no tripulados para vigilancia y ataques a miles de kilómetros de distancia. 

Ucrania y Rusia han llevado esa lógica hasta el otro extremo: drones mucho más pequeños, baratos y numerosos utilizados a escasos kilómetros (o incluso cientos de metros) del enemigo. El Pentágono está gastando miles de millones en sistemas no tripulados y antidrones y ha solicitado más de 54.000 millones de dólares para drones y defensas contra ellos en su propuesta presupuestaria para 2027, pero la tecnología por sí sola no reproduce la experiencia acumulada diariamente en el frente.

Bradley

El gran interrogante: qué ocurrirá con el tanque. Porque, en realidad, el problema va mucho más lejos que unas malas maniobras estadounidenses. El carro de combate nació hace más de un siglo precisamente para romper frentes atrincherados como los de la Primera Guerra Mundial, pero Ucrania ha vuelto a producir extensas líneas fortificadas mientras los drones dificultan enormemente concentrar vehículos para atravesarlas. 

Según el recuento visual de Oryx citado por los medios, Rusia ha perdido más de 14.000 carros y otros vehículos blindados durante la guerra y Ucrania más de 6.000 vehículos acorazados de combate. En amplias zonas del frente la presencia de blindados se ha reducido tanto que los ataques recurren a pequeños grupos de soldados, motocicletas, vehículos todoterreno e incluso caballos para intentar atravesar la denominada "kill zone" de los drones.

Miembro del grupo Némesis ucraniano

Eso no significa necesariamente que el tanque esté muerto. Dentro del propio ejército estadounidense existe otra lectura: Ucrania es una guerra excepcionalmente estática y los drones resultan especialmente letales precisamente porque hay relativamente poco movimiento y una enorme densidad de sensores sobre el frente. 

Si una futura guerra recuperase grandes maniobras y avances rápidos, sostienen algunos oficiales, los carros y vehículos blindados podrían recuperar buena parte de su utilidad. En ese sentido, Ucrania también ha demostrado que no son completamente inviables: ataques mecanizados limitados han conseguido atravesar posiciones rusas combinando guerra electrónica con ataques dirigidos contra operadores enemigos de drones. La discusión, por tanto, no consiste simplemente en sustituir el tanque por el dron, sino en descubrir cómo conseguir que una fuerza mecanizada vuelva a moverse sin ser detectada y atacada casi inmediatamente desde el aire.

EEUU perdió la primera partida. La segunda fue diferente. Para eso existen estas maniobras. Estados Unidos repitió el escenario durante las dos semanas de enfrentamiento y sus soldados fueron aprendiendo a dispersar los vehículos, ocultarlos mejor y utilizar con mayor eficacia sus sistemas de guerra electrónica. A mitad del ejercicio los ucranianos incluso cambiaron de bando y comenzaron a enseñar a las fuerzas estadounidenses cómo utilizar ofensivamente sus propios drones, con resultados mucho mejores. 

Algo parecido ha ocurrido con británicos, estonios, suecos y otros aliados de la OTAN: cuando unidades ucranianas curtidas en el frente entran en sus ejercicios, las doctrinas occidentales descubren de golpe hasta qué punto ha cambiado el campo de batalla.

Ucrania como el campo de pruebas. En definitiva, Combined Resolve no fue simplemente una humillación para una brigada estadounidense. Fue posiblemente el tipo de derrota para el que sirven unas maniobras militares: descubrir en Alemania, donde los vehículos pueden "resucitar", aquello que en una guerra real se aprendería perdiendo soldados y máquinas. 

El Pentágono ya está enviando más personal a Ucrania para estudiar la guerra de drones, probando sistemas ucranianos con vistas a comprarlos y adoptando tecnologías antidrones desarrolladas durante el conflicto. Así, después de décadas en las que otros ejércitos estudiaban cómo combatía Washington, Ucrania ha producido una inversión poco habitual: una donde ahora es el ejército estadounidense el que intenta averiguar cómo demonios combatir como los ucranianos.

Imagen | US Army, Spc. Kali Ecton

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