Si pierdes unas elecciones, bajas el IVA de la luz al 5%: la factura eléctrica ya es un arma electoral

Dos hechos sin aparente relación se han concatenado durante los últimos días. El domingo, las elecciones andaluzas deparaban un resultado inédito en la historia de la comunidad autónoma: una mayoría absoluta para el Partido Popular. Hoy el Gobierno de España, controlado por el PSOE, dominador histórico de la política andaluza, ha anunciado una medida un tanto sorprendente: la bajada del IVA de la luz al 5%.

El vínculo. Correlación no siempre implica causalidad, pero en este caso podemos permitirnos el beneficio de la duda. Sobre todo por los tiempos empleados. Hace algunos meses, Teresa Ribera, ministra para la Transición Ecológica, rechazaba una propuesta del PP para rebajar el IVA de la factura eléctrica al 5%. Según Ribera, se trataba de una "medida cosmética" e "insuficiente" que no tendría efectos reales sobre la factura a medio plazo.

Se necesitaban otras herramientas.

El respaldo. En abril, la Comisión Europea ya había dado la razón a Ribera. "La reducción de la fiscalidad indirecta no es necesariamente la solución más eficaz para abordar la asequibilidad de la energía, especialmente si persisten los precios altos", explicaba entonces Paolo Gentiloni, el comisario europeo de Economía. Gentiloni tan sólo subrayaba la postura oficial de Bruselas en materia de política energética. Bajar los impuestos no contribuía a ninguno de sus objetivos marcados.

"Las reducciones de los tipos del IVA, en particular, tienen un mal historial a la hora de trasladarse a bajos precios para los consumidores, ya que los recortes fiscales pueden verse compensados por el aumento de las tarifas por parte de los proveedores de energía", añadía el comisario italiano. Algo que hemos experimentado con la gasolina.

Pero, las elecciones. Regresiva, un parche, insuficiente. Los argumentos esgrimidos por el Gobierno podían ser muy coherentes, pero se han perdido como lágrimas en la lluvia una vez las elecciones andaluzas han impuesto su ley. El retroceso del PSOE (30 escaños y apenas el 24% de los votos, un mínimo sin precedentes), el ascenso del bloque conservador, la coyuntura económica y las encuestas no le auguran escenarios muy optimistas en unas hipotéticas generales. Tocaba mover ficha.

El tope. Y lo cierto es que el Gobierno no tiene demasiado margen de maniobra para paliar una situación que ha encarecido el coste vital de los españoles un 9% interanual. La introducción del tope al precio del gas, aprobada extraordinariamente por Bruselas para España y Portugal, ha coincidido con un repunte en el mercado mayorista europeo. En la práctica, y pese a que la limitación sí ha tenido un efecto en la factura, su impacto ha sido menos profundo de lo deseable.

De parche en parche. Sin posibilidad práctica de acometer reformas estructurales inmediatas que palien la dependencia española del gas, aún elevada pese al ascenso de las renovables, el Gobierno necesita medidas urgentes. Medidas que tengan un efecto en la vida diaria de un votante sumergido en otra crisis económica histórica. Los impuestos, el IVA, es el camino más recto hacia la batalla electoral, como lo son los 20/céntimos de subvención al combustible.

Puede que no sean medidas muy eficaces, ni que cambien una situación para la que España está expuesta al contexto internacional. Pero sí sirven al relato electoral. Uno que sólo va a ganar peso de aquí hasta que se celebren las próximas elecciones.

Imagen: Jesús Briones/GTRES

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