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El "karōshi" es la lacra que lleva décadas minando la salud de los trabajadores japoneses. Y el Gobierno no sabe cómo frenarla

Beth Macdonald Perrdbvooqy Unsplash

En 2025 el país registró un récord en el número de personas indemnizadas por sobrecarga en el trabajo

Carlos Prego

Editor - Magnet

No es un fenómeno nuevo, ni desconocido, pero el karōshi (enfermedades o incluso fallecimientos por el exceso de trabajo) gana terreno en Japón. Así lo sugieren al menos los últimos datos del Ministerio de Salud, que reflejan que el año pasado el Gobierno reconoció un número récord de afectados con derecho a indemnizaciones: 1.310. Si tenemos en cuenta todas las solicitudes la cifra se va 6.212, otro récord. Los registros estatales son solo un indicador de un problema mucho más amplio, pero sugieren que Japón está muy lejos de resolverlo.

Y eso hace saltar las alarmas.

¿Qué ha pasado? Que los datos del Ministerio de Salud revelan que Japón está lejos (muy lejos) de resolver uno de sus desafíos sociales más espinosos: las enfermedades o muertes por karōshi, es decir, por sobrecarga de trabajo.

El último balance oficial revela que el número de empleados que recibieron indemnizaciones gubernamentales por está razón escaló a un nivel nunca visto durante el año fiscal 2025. Eso es alarmante de por sí, pero más allá de las cifras lo que de verdad resulta preocupante es la tendencia. Como recuerda The Japan Times, es el cuarto año consecutivo que se bate el récord y el flujo de solicitudes (acaben o no aprobadas) se mueve también en niveles históricos.

¿Qué dicen las cifras? El informe del Ministerio de Salud revela que en Japón hay cientos y cientos de personas a las que el Gobierno reconoce las condiciones necesarias para recibir compensaciones por exceso de carga laboral. En concreto, durante el año fiscal 2025 se alcanzó el récord de 1.310. Son solo cinco más que en 2024, pero lo relevante es que la cifra no ha parado de crecer en los últimos años. De hecho no es la primera vez que saltan las alarmas. A finales de 2024 Nippon advertía ya de la escalada en el número de casos documentados.

Por si eso no fuera suficiente, el informe ministerial deja botando otra cifra: quizás haya 1.310 indemnizados, pero el número de solicitudes es muy superior. Durante el mismo período ascendió a 6.212, otro dato récord que supera en 1.402 al de 2024. Probablemente no todos cumplen los requisitos que exige Salud, pero la prensa nipona no aclara si la diferencia entre ambas cifras (indemnizados y solicitantes) se debe a esa disparidad o una simple cuestión administrativa.

¿Sabemos algo más? Sí. La inmensa mayoría de las personas indemnizadas (1.086) presentaban trastornos mentales relacionados con el trabajo, incluidos cuadros de depresión. Las 224 restantes padecieron accidentes cerebrovasculares e infartos. Todo achacable a su labor profesional. En 145 casos el desenlace fue el más tráfico: acabó en muertes o suicidios, si bien son 14 menos que en 2024.

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Entre las solicitudes recibidas en el Ministerio de Salud, la mayoría (4.958 de un total de 6.212) se relacionan también con problemas psicológicos. No solo son los más comunes, sino que su incidencia crece claramente: el Gobierno registró 1.178 más que durante el año fiscal 2024. Su informe revela también que tras muchos casos de karōshi hay problemas con los jefes, acoso laboral y cambios bruscos que afectan a la carga y calidad del trabajo encomendado al afectado.

¿Importa el sector? Sí. Quienes corren mayor riesgo son los profesionales de sectores en los que la regulación de las horas extra está menos desarrollada. The Japan Times cita en concreto a conductores de autobuses y camiones, médicos y operarios de la construcción, oficios que han visto cómo poco a poco mejoraba su marco legal, pero que en algunos casos aún cuentan con ciertas excepciones.

Por ejemplo, un chófer puede trabajar hasta 960 horas extra al año, una carga de trabajo que superan también el 15% de los médicos que se emplean en hospitales de Japón. En 2016 eran el 39,2%, pero aun así el dato es preocupante y hay ciertos perfiles especializados en los que las horas extras se disparan.

¿Por qué es algo preocupante? Porque las enfermedades y muertes relacionadas con el karōshi no son nada nuevo. La disciplina del trabajo extenuante está muy arraigada en la cultura nipona, aunque se endureció de forma especial tras la Segunda Guerra Mundial. Durante un tiempo sirvió para que el país avanzase, pero en los 60 empezó a pagar su coste: infartos, accidentes cerebrovasculares e incluso casos de suicidio por estrés, el karojisatu

En los últimos años ha habido además casos muy mediáticos, como el de una joven que se quitó la vida en 2015 tras dormir solo 10 horas a la semana por su sobrecarga de trabajo y acumular alrededor de 100 horas extras al mes.

¿Cómo lo afrontan? Con ese telón de fondo, Japón ha empezado a regular cuestiones como las horas extra y el número máximo de jornadas consecutivas que pueden encadenarse. Con todo, los resultados que acaba de divulgar el Ministerio de Salud revelan que el problema está lejos de solucionarse. 

En el país hay quien teme también el impacto que pueda tener el gobierno de la conservadora Sanae Takaichi, quien no duda en convocar reuniones de equipo a las tres de la madrugada y jactarse de no dormir más de cuatro horas.

Imágenes | Beth Macdonald (Unsplash), Vien Dinh (Unsplash) y Joris Beugels (Unsplash)

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