Noelia Hernández, educadora felina: "Tener un gato con las necesidades 100% cubiertas no supone menos trabajo que tener un perro"

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"Tienes que entender bien el animal que vas a llevar a casa. Los gatos son pequeñas máquinas de cazar"

Carlos Prego

Editor - Magnet

Quizás lo hayas escuchado más de una vez. Puede que hasta te haya pasado a ti. Persona 'X' quiere un animal de compañía, pero sin el compromiso y la carga de trabajo que requiere un perro, así que opta por un minino. Al fin y al cabo los gatos son animales más independientes, ¿no? Van a su aire, ofrecen cariño sin demandar tantas atenciones y no necesitan que los bajes a la calle o el parque todos los días, varias veces, llueva, truene o se achicharren los pájaros.

Error.

No, no son la opción fácil. Noelia Hernández, educadora en Código Felino, lleva tiempo escuchando ese y otros prejuicios similares que presentan a los gatos como 'la mascota ideal si no te quieres romper la cabeza'. Un error garrafal que se apoya en tópicos y que, en no pocos casos, obliga a los tutores a buscar ayuda profesional. Ella misma se ha encontrado con casos así en su consulta. 

"Me ha llegado muchísima gente que admite que cayeron en el error de pensar que el gato era un animal más fácil que el perro porque requería menos trabajo. Y para nada. Es un trabajo diferente", comenta. La pregunta es qué calidad de vida quieres darle a tu compañero peludo. Quizás no tengas que sacarlo a dar paseos tres o cuatro veces al día, pero si quieres tener un gato sano no puedes limitarte a ponerle comida, agua y arena y desatenderte del resto de sus necesidades.

¿Qué necesidades? Jugar con él y ofrecerle estímulos, por ejemplo. "Veo muchos tutores que llegan diciendo que prefieren un gato a un perro porque supone menos trabajo, y eso es súper erróneo. Cualquier ser vivo requiere un trabajo. Cada uno en un rango diferente, ni mejor ni peor, pero exige mucho sacrificio", comenta la experta de Código Felino. No se trata de ser del 'team perros' o del 'team gatos', sino de entender qué supone tener mascota.

Para ser más precisos, Hernández insiste en tres ideas clave que debe tener presente cualquiera que se plantee adoptar un gato: nuestra casa debe estar "bien adaptada", tenemos que comprender las "necesidades reales" de nuestro mínimo y ofrecerle un entorno enriquecido. "Entender cuáles son sus necesidades reales y tenerlas al 100% cubiertas no supone menos trabajo que cuidar un perro", insiste. No es la única que advierte de los tópicos extendidos sobre los gatos.

Aunque solemos mirarlos como animales huraños, cada gato tiene su propio carácter y por lo general son animales sociales, afectivos y sobre todo neofóbicos, por lo que no toleran bien los cambios. No tener presente esos factores pueden llevar a que, sin darnos cuenta, nuestro minino esté deprimido o estresado, con las implicaciones que eso acarrea, tanto para su carácter como a nivel físico.

Cada gato es distinto. Si la gente suele fijarse en las características de cada raza antes de comprar un perro, ¿por qué iba a ser distinto en el caso de un gato? No todas las razas son iguales, y no solo en lo que al aspecto se refiere. "Las hay más nerviosas y activas, igual que con los perros", avisa Hernández. Sin embargo, no hace falta irse a las razas para analizar el carácter de un animal. Hay otros dos factores que deberíamos tener muy en cuenta si queremos comprenderlo.

"Para mí hay algo primordial, que es si se ha respetado el tiempo suficiente con la mamá y los hermanos. Si el gato ha podido socializar adecuadamente con ellos va a ser un animal mucho más equilibrado. Igual que si podemos adoptar dos gatos que son de la misma camada", comenta la experta de Código Felino.

El otro factor crucial en el temperamento de un mínimo es su edad. "Si coges un gato joven va a tener más energía. Hay gatos adultos en los refugios esperando y cuyo temperamento ya se conoce. Han crecido y sabes perfectamente cómo son y si se pueden adoptar a las necesidades que tengas: si pasarás con él más o menos tiempo, si tienes o no hijos o más animales… Con los adultos solemos saber de forma mucho más acertada que con los cachorros cuál es su temperamento".

¿Está tu casa adaptada? La pregunta del millón. Si vas a convivir con un felino no llega con que te mentalices y comprendas las responsabilidades que implica. También tu casa debe estar preparada. Y eso no pasa solo por comprarle una cama cómoda, juguetes, un comedero y bebedero y un arenero. 

"Tienes que entender bien el animal que vas a introducir, su naturaleza. En el caso de los gatos son pequeñas máquinas de cazar". No es un detalle menor. Por ejemplo, eso implica que tu compañero felino no duraré en explorar por toda la vivienda, subirse a zonas en las que probablemente no habías pensado o asomarse a la ventana para ver y acechar a pájaros que pasan volando.

"Gatos paracaidistas". Para evitar que eso último derive en una tragedia lo más aconsejable es tomar medidas, como por ejemplo preparar las ventanas para evitar caídas. "En el caso de los gatos para mí si no hay redes no se lleva a cabo la adopción. Eso es un básico", admite Noelia antes de recordar lo que los expertos denominan "síndrome del gato paracaidista": el animal se sube a una ventana o terraza elevadas y acaba precipitándose al vacío al intentar cazar un pájaro, una mosca, resbalar o sencillamente quedarse dormido y perder el equilibrio.

"Nos llegan avisos a diario". Quizás suene raro (el tópico dice que los gatos son animales ágiles con siete vidas, ¿no?), pero Noelia advierte que es mucho más común de lo que parece. De ahí la importancia de instalar redes en las ventanas. "Los accidentes ocurren a diario y todas las asociaciones recibimos avisos cada día. Y por supuesto si alguien no ha querido dejarse dinero en unas redes no tendrá dinero tampoco para llevar a su gato a un traumatólogo", lamenta.

"Ya no se trata de una cuestión económica, sino de ética y respeto hacia el animal. Sufren muchísimo cuando se caen. Y eso si lo puedes coger, porque hay gatos que se escapan, se meten dentro de coches con las patas rotas y acaban agonizando allí durante días hasta que se mueren vete a saber dónde" insiste.

Noelia anima también a que, antes de llevar un mínimo a casa, prepararles una "zona cero", un espacio recogido donde disponga de todos los recursos necesarios y pueda estar tranquilo, sin molestias. El objetivo: que encuentre un punto en el que se sienta seguro y, desde él, empieza a explorar poco a poco su nuevo hogar.

Saber jugar. Si vas a convertir en el tutor de un gato deberías tener en cuenta otro detalle: cómo jugar con él.  A menudo utilizamos cañas, plumas, cordeles y demás juguetes para cansarlos a última hora del día y dejarlos exhaustos antes de irnos a la cama. El problema es que eso tal vez tenga sentido desde nuestra lógica humana, pero no tiene por qué hacerlo desde la perspectiva del mínimo. Depende de cómo organicemos el juego. La clave, insiste Noelia, es su "secuencia".

"Está la parte del acecho, cuando se empiezan a segregar un montón de hormonas, como la adrenalina que les prepara para la persecución. Luego se inicia esa segunda fase, que es cuando están jugando con la caña y todas esas hormonas se vienen arriba. ¿Qué pasa? Que si nunca dejamos que la secuencia termine, si no llegamos a la captura y la ingesta de la presa, no cerramos el ciclo completo. Así lo único que estamos haciendo es activar y activar al gato".

¿Cómo hacerlo entones? Completando el proceso. Y eso pasa por permitir que nuestro compañero peludo finalice el juego y cace a su 'presa'.  

"Que les dejen ganar y luego finalicen con algún juego o, dentro de los propios juguetes, se le incluya algún premio. También podemos dárselo directamente. Que el gato entienda que ese ciclo de caza se ha cerrado y, de ese modo, acabe acicalándose y durmiendo. Así tendremos a un gato más saludable".

Imágenes | Andrew S. (Unsplash), Lars Van Poucke (Unsplash) y Hans Ott (Usnplash)

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