Marruecos se ha colado en España por un agujero inesperado: una "invasión" de 10.000 toneladas al corazón de la dieta mediterránea

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La clave ni siquiera es cuánto, sino la velocidad a la que están reduciendo la distancia con el aceite de oliva

Miguel Jorge

Editor

España lleva décadas sentada en el trono mundial del aceite de oliva: produce más que ningún otro país y en una buena campaña puede aportar alrededor del 40% de todo el aceite del planeta. Por eso resulta especialmente llamativo que Marruecos haya encontrado precisamente ahí una vía para ganar terreno en el mercado español. Un dato: entre enero y abril de 2026, España compró 10.384,7 toneladas de aceite marroquí, frente a apenas 103 toneladas un año antes. 

No es baladí, hablamos de un salto de casi el 10.000%.

Donde más duele. España importa aceite todos los años pese a ser el mayor productor mundial, pero el cambio de Marruecos ha sido extraordinariamente rápido. En los cuatro primeros meses de 2025 apenas llegaron 103 toneladas desde el país vecino, un año después fueron 10.384,7, prácticamente cien veces más, mientras el valor de esas compras saltaba de 340.000 a 32,76 millones de euros

En apenas un año, Marruecos pasó además del décimo al cuarto puesto entre los proveedores de aceite de España, solo por detrás de Túnez, Portugal e Italia en los primeros meses de 2026. El producto con el que España domina el mercado mundial se ha convertido así en una de las nuevas puertas de entrada de la agricultura marroquí.

El verdadero cambio está ocurriendo en los olivares marroquíes. Porque el salto no aparece de la nada. Tras varios años afectados por la sequía, Marruecos ha entrado en una campaña excepcional y lleva tiempo modernizando olivares y almazaras, ampliando cultivos y mejorando unas instalaciones que tradicionalmente estaban lejos de la eficiencia de la industria española. 

Para 2025/2026, las estimaciones situaban su producción cerca de las 200.000 toneladas, frente a unas 90.000 el año anterior, mientras los datos europeos apuntaban a un crecimiento interanual cercano al 78%. El país dispone ya de alrededor de 1,2 millones de hectáreas dedicadas al olivar y su sector habla abiertamente de consolidar el aceite como una pieza importante de sus exportaciones agroalimentarias.

Y España está atravesando justo el momento contrario. La coincidencia difícilmente podría ser mejor para Marruecos. Mientras su cosecha se disparaba, España rondaba los 1,3 millones de toneladas en 2025/2026, aproximadamente un 9% menos que la campaña anterior, y el mercado recurría más al exterior. Las importaciones españolas crecieron un 11% en lo que iba de campaña hasta finales de mayo y, en los cuatro primeros meses de 2026, alcanzaron 89.723 toneladas

Marruecos encontró así una ventana excepcional: mucha más producción propia justo cuando el gigante mundial tenía una campaña algo más corta y estaba comprando más fuera.

La balanza entre ambos países se ha dado la vuelta. Hay otro dato que muestra mejor el cambio que ese espectacular 9.979%. Entre enero y abril de 2025, España vendió a Marruecos 2.721 toneladas de aceite y apenas le compró 103. Un año después, las exportaciones españolas hacia Marruecos se habían desplomado hasta 673,7 toneladas mientras las importaciones desde allí superaban las 10.384

En dinero, las ventas españolas bajaron de 11,11 a 2,44 millones de euros, mientras las compras de producto marroquí saltaron de 340.000 euros a 32,76 millones. Dicho de otra forma, en doce meses, la dirección dominante de ese pequeño flujo comercial se invirtió por completo.

Marruecos no está arrasando el aceite español. Conviene aclararlo porque aunque el porcentaje que hemos visto estas semanas cercano al 10.000% es real, también tiene truco estadístico: parte de unas insignificantes 103 toneladas. Las 10.384 toneladas importadas de Marruecos entre enero y abril equivalen aproximadamente al 0,8% de los cerca de 1,3 millones de toneladas producidos por España durante la campaña, y ni siquiera convierten al país norteafricano en nuestro principal proveedor. 

En esos cuatro meses llegaron 38.550 toneladas desde Túnez y 25.265 desde Portugal, frente a las 10.384 marroquíes. Hablar de sustitución del aceite español o de un mercado inundado por Marruecos, por tanto, va mucho más lejos de lo que permiten los datos.

El fenómeno tampoco termina en España. Porque el movimiento forma parte de un cambio bastante mayor en el mapa mediterráneo del aceite. Marruecos elevó un 712,6% sus ventas a la Unión Europea entre octubre de 2025 y marzo de 2026, hasta superar las 10.000 toneladas, mientras Túnez produjo unas 450.000 toneladas y Marruecos alrededor de 160.000 según los datos de la Comisión Europea. 

Juntos aportaron aproximadamente el 44% de todo el aceite producido fuera de la UE, frente a menos del 30% un año antes. Turquía y Siria, mientras tanto, sufrieron fuertes descensos productivos, dejando todavía más espacio a los dos productores norteafricanos.

El problema español está también dentro de casa. Todo esto ocurre mientras el sector español libra otra batalla: el precio. El virgen extra que llegó a rondar los 10 euros por litro en los supermercados durante 2023 se encontraba tres años después alrededor de los seis, mientras organizaciones agrarias denunciaban que numerosos productores estaban vendiendo por debajo del umbral de rentabilidad del olivar tradicional. 

COAG calculaba más de 1.000 millones de euros dejados de ingresar desde octubre y acusaba a envasadores y distribución de alimentar expectativas de una gran próxima cosecha para presionar los precios, algo que estos rechazaban apelando a la oferta y la demanda. El aceite extranjero se ha convertido así en otro elemento de una discusión mucho más amplia sobre precios, importaciones, trazabilidad y supervivencia del olivar tradicional.

España es el gigante, pero Marruecos ya ha encontrado la puerta. Qué duda cabe, las cifras no describen todavía un vuelco del mercado mundial: frente a las alrededor de 200.000 toneladas de una gran campaña marroquí, España sigue moviéndose en el entorno de 1,3 millones. Lo interesante está en la velocidad con la que se ha reducido una distancia que hasta ahora parecía irrelevante para el mercado español. 

Marruecos ya había ganado terreno con tomates, pimientos, aguacates o frutos rojos, y ahora está modernizando precisamente un cultivo que España consideraba prácticamente inexpugnable. Diez mil toneladas son diminutas frente al océano de aceite que produce España, pero pasar de 103 a más de 10.000 en solo un año convierte ese pequeño agujero en uno que merece la pena vigilar.

Imagen | PXHere, Pixnio, Wikicomman, iStock

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