
El resultado es una situación profundamente contradictoria
En plena campaña anticorrupción de Xi Jinping en el año 2013, el Gobierno chino llegó a prohibir oficialmente que en los banquetes y actos públicos de funcionarios hubiera cigarrillos sobre la mesa. El detalle parecía simbólico, pero reflejaba hasta qué punto el tabaco estaba incrustado en la cultura política y económica del país.
El negocio silencioso que sostiene demasiado. Cuando se habla de la economía china, la conversación suele girar alrededor de coches eléctricos, paneles solares, baterías o tierras raras. Sin embargo, uno de los pilares financieros más importantes del Estado chino sigue siendo mucho más antiguo, menos glamuroso y muchísimo más rentable: el tabaco. Contaba esta semana el New York Times que China consume cerca de la mitad de todos los cigarrillos del planeta y vende unos 2,4 billones de unidades al año, una cifra tan gigantesca que convierte al país en una anomalía mundial.
Mientras gran parte del mundo reduce el consumo de tabaco, China ha ido en dirección contraria. Y no se trata solo de una cuestión cultural o sanitaria. Detrás existe una maquinaria económica y política inmensa: el monopolio estatal del tabaco genera alrededor de 244.000 millones de dólares anuales en beneficios e impuestos, una cantidad equivalente a cerca del 7% de todos los ingresos del gobierno central chino y comparable al presupuesto oficial de defensa del país.
La contradicción personal del “jefe”. La paradoja resulta todavía más llamativa porque Xi Jinping dejó de fumar hace años y, según relataba el Times, a personas presentes en conversaciones privadas llegó a describir el tabaquismo como un problema grave para China. Plus: durante sus primeros años en el poder pareció existir cierta voluntad política de endurecer restricciones, incluso se prohibió fumar a funcionarios durante actos oficiales y Pekín adoptó limitaciones en espacios interiores, además, en 2015 se elevaron los impuestos al tabaco.
Incluso Peng Liyuan, la primera dama china, participó públicamente en campañas antitabaco junto a Bill Gates. Pero el impulso se fue apagando rápidamente. La razón parece evidente: el Estado chino depende demasiado del dinero de los cigarrillos. El mismo gobierno que promueve industrias futuristas y habla constantemente de modernización tecnológica sigue financiando parte de su estabilidad gracias a millones de personas fumando paquetes baratos de tres dólares.
El monopolio más poderoso del país. El corazón de todo el sistema es la State Tobacco Monopoly Administration, una estructura extraordinaria incluso para los estándares chinos porque regula el sector y al mismo tiempo controla la empresa dominante que fabrica prácticamente todos los cigarrillos del país. Es decir, el regulador y el negocio son la misma cosa. Su poder económico se ha traducido en influencia política directa.
Los jefes del organismo tienen rango equivalente al de viceministro y varias investigaciones académicas chinas han señalado abiertamente que el monopolio ha bloqueado o diluido muchas iniciativas sanitarias importantes. El ejemplo más claro llegó en torno a 2017, cuando se frenó un intento de implantar una prohibición nacional de fumar en interiores y se trasladó la responsabilidad a gobiernos locales, donde las restricciones suelen ser débiles o apenas se aplican.
Financiando mucho más que tabaco. Lo más revelador es que el dinero del tabaco ya no solo sostiene presupuestos locales, sino también algunas de las grandes prioridades estratégicas de Xi Jinping. El monopolio ha invertido más de 1.000 millones de dólares para reforzar el sistema financiero chino y también ha participado en el gigantesco fondo nacional de semiconductores valorado en unos 100.000 millones.
En la práctica, parte de la apuesta china por chips, alta tecnología e independencia industrial se está financiando gracias a los fumadores. En provincias productoras como Yunnan, los impuestos del tabaco representan más de la mitad del presupuesto municipal. Eso explica por qué tantos gobiernos locales se resisten incluso a medidas moderadas contra el tabaquismo: restringir el consumo significa abrir agujeros enormes en unas finanzas ya debilitadas por la crisis inmobiliaria y la desaceleración económica.
La gran excepción mundial. El caso chino rompe además varias tendencias globales. Mientras en muchos países el vapeo ha reducido parte del consumo tradicional, en China el Estado endureció rápidamente las normas sobre cigarrillos electrónicos y limitó los sabores y puntos de venta, evitando que erosionaran demasiado el negocio clásico. Tampoco existen advertencias sanitarias agresivas como en Occidente: los paquetes chinos siguen mostrando símbolos nacionales y mensajes discretos en lugar de imágenes impactantes sobre enfermedades.
Aunque la tasa de fumadores ha bajado ligeramente porque menos jóvenes se incorporan al hábito, el volumen total de ventas continúa creciendo. En parte porque China sigue teniendo cientos de millones de fumadores y en parte porque el tabaco funciona también como válvula social en un contexto de presión económica creciente.
Una batalla que no se quiere ganar del todo. El resultado es una situación profundamente contradictoria. China reconoce oficialmente que el tabaco es un problema sanitario gigantesco y mantiene objetivos públicos para reducir el número de fumadores, pero al mismo tiempo depende financieramente de que millones de personas sigan comprando cigarrillos todos los días. El propio sistema político chino ha creado un incentivo perverso donde combatir realmente el tabaquismo implicaría golpear una fuente de ingresos fundamental para gobiernos locales, bancos, inversiones estratégicas e incluso parte del proyecto tecnológico nacional.
Por eso el gran negocio oculto de China no está únicamente en las fábricas de baterías o en las tierras raras que dominan los titulares internacionales. También está en un monopolio estatal que vende casi la mitad de los cigarrillos del planeta y cuya recaudación ayuda a sostener buena parte de todo lo demás.
Imagen | SoQ錫濛譙, Steve Evans
En Xataka | Nunca es demasiado tarde para dejar de fumar: los pulmones tienen una capacidad increíble para regenerarse
En Xataka | Las tasas de fertilidad se han desplomado en todo el mundo. Hay un sospechoso desapercibido: el tabaco
Ver todos los comentarios en https://www.xataka.com
VER 0 Comentario